República Centroafricana, un infierno terrenal


Eso es cada día, cada noche, desde el pasado 24 de marzo, cuando los yihadistas Seleka dieron el golpe de Estado. En todos los barrios de su capital Bangui se cometen violaciones, abusos y atentados contra las personas, contra sus derechos humanos. Los Seleka dicen defender al Islam; la realidad es otra, mienten. Solo defienden sus inhumanos intereses. La comunidad de los musulmanes libaneses está sufriendo el saqueo en todas las casas de su barrio, y siente la tristeza y vergüenza en el alma cuando los Seleka gritan ¡Allah es grande! Una buena persona, creyente o no creyente, podría sentir Allah es grande. Pero también diría que los Seleka son miserables.
Los Seleka roban y destrozan si es necesario, como el caso de un Toyota Hillux, que procedía de Bangassou, que fue ocultado por los yihadistas para evitar que les fuera reclamado por sus auténticos propietarios, y que apareció ayer abandonado en una zanja cercana al Instituto Pasteur en Bangui. Su estado siniestro; sin ruedas, ni frenos, ni motor, ni radiador…
El Sahel africano, lugar donde se inició el golde de Estado, es un polvorín. Como en las anteriores crónicas, nos seguimos preguntando ¿dónde están la ONU y la Unión Europea, y qué están haciendo? El Sahel recorre África de oeste a este desde el Océano Atlántico al Mar Rojo, pasando por el norte de Senegal, sur de Mauritania, Malí –otro país ahora en guerra–, sur de Argelia –país con revueltas–, Níger, Chad, sur de Sudán –país divido en dos y que vive conflictos por el suministro del petróleo desde hace 14 meses– y Eritrea.
La voz comboniana afirma que desde que se inició el golpe de Estado, los daños que han sufrido se calculan en 6 millones de dólares (casi 4,6 millones de euros). Tengan los lectores presentes que es una comunidad que vive de las ayudas y del trabajo interno; un auténtico varapalo tras otro. El resto de ONGs vive en idéntica situación. Cruz Roja, por vez primera en su historia, ha visto cómo sus coches con sus logos y la bandera blanca han sido atacados por los Seleka. Cordeid, de origen holandés, ha sufrido el saqueo de sus casas, oficinas y robados los tres coches de su delegación. La española Médicos sin fronteras ha cerrado dos de sus tres hospitales y su gente repatriada. Para más inri, les robaron delante de sus miradas las neveritas para las vacunas y los aparatos para centrifugar los análisis. La pregunta nos cae por su propio peso ¿para qué va a querer un Seleka una centrifugadora?
Ante este infierno terrenal diario, hombres y mujeres de todas las edades se defienden en Bangassou haciendo sonar las campanas cuando los Seleka se acercan, y al sonar aquellas comienza su coro de cacerolas. La cacerolada espanta a los Seleka; armados con armas de fuego. En su barrio de Saint Paul, se han producido agresiones el domingo pasado tras el accidente ocurrido entre los ocupantes de un coche Seleka y de un vehículo militar, que causó muertos. Los Seleka se creen y sienten amos y señores, y el resto sus esclavos. Mientras ellos patrullan a cien kilómetros por hora obligan a las personas a apartarse a los márgenes si no quieren ser llevadas por delante.
La locura Seleka está imponiendo un impuesto revolucionario a todos los comercios de Bangassou. Pero también obligando a mujeres violadas a casarse con sus mercenarios. El mensaje es claro: propagar el totalitarismo Seleka en el país.
En esta barbarie, la Cruz Roja está preparando una pequeña avioneta para trasladar a los enfermos operados y regresar a casa, según anuncia la fuente comboniana.
La respuesta de la ciudadanía, de las comunidades misioneras y cooperantes, es una resistencia pacífica. Es el caso de Sor Chantale y Micheline que por seguridad van y vienen a pie a la casa de los cooperantes desde Bando para proseguir con sus labores de ayuda y compromiso con todos.
Esa suma de gestos cotidianos de las personas comprometidas, creyentes o no, se ha hecho comunitario este lunes con la lectura de este texto en todas las iglesias católicas de Bangui: “aunque nos sentimos agredidos y protestamos con toda nuestra fuerza, no podemos responder al hierro con hierro porque los que buscan la paz, los pacíficos, son los que heredarán la tierra, mientras que los que acumulan el odio y el espíritu de revancha, les queda una cicatriz en el alma que perturba la vida y enreda el alma. Nuestra respuesta como creyentes a tanto martillazo será esta carta en donde pedimos la paz para un pueblo vapuleado, herido y empobrecido.”
Ahora vosotros lectores podéis una vez más sumaros a esta petición de paz y de respuesta de la comunidad internacional al infierno en República Centroafricana, firmando esta petición y compartiéndola con vuestros contactos:
http://www.avaaz.org/es/petition/Conseguir_la_paz_en_la_Republica_Centroafricana/

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