Situaciones que se dan en las aulas


Me cito con Rúas en el parque. Le preocupa una serie de situaciones que se están dando en las aulas de los centros educativos. Algunos profesores están viviendo momentos de tensión y enfrentamiento con algunos estudiantes. Me comenta que en un Instituto de Enseñanza Secundaria, hace unos días, hubo un episodio de violencia entre un docente y un alumno. El Director y la Jefa de Estudios del centro se vieron obligados a intervenir como es normal ante hechos así. Los dos cargos directivos pidieron a su compañero que se intentase moderar ante provocaciones como las que había sufrido.
Rúas apunta, por las averiguaciones que ha realizado, que ese estudiante tiene un historial de precedentes. Desde los órganos directivos educativos se han puesto en contacto con su familia en varias ocasiones. Su madre se dedica a trabajar en empleos modestos. El padre presenta problemas de exclusión social. Es un caso claro de una familia desestructurada.
Miro a Rúas y le pregunto -¿qué hacemos ante realidades como esta?
Él, con la profunda mirada que da la experiencia de la vida, desde un talante sensible y comprometido, asegura que en supuestos como aquel llega un momento en que hay que dar un paso más. Se requiere llevar a los jóvenes que presentan una actitud y comportamiento proclives a la agresividad y la intolerancia, a unos centros especiales que les hagan ver el dolor que se están causando a sí mismos y a las personas con quienes se relacionan a diario.
Y Rúas prosigue, también es conveniente ver y saber qué circunstancias rodean a los padres de aquel para provocar que el chico se comporte de esa manera con reiteración. Cuando no se tiene a diario en el hogar un buen modelo de referencia para caminar, se producen comportamientos de este tipo. En honor a la verdad, también hay excepciones ejemplares, por fortuna no siempre ocurre. Pero sí se dan una serie de circunstancias, comportamientos y actitudes que ejercen presión para que se desencadenen. Ahí puede estar el germen. ¿Qué hacer para curar las heridas abiertas? ¿Qué cambios son necesarios en ellos para que el joven evolucione? ¿Qué recursos tiene que aprender el profesorado para no caer en ese tipo de provocaciones?
Rúas me mira con una sonrisa y me dice con un tono de paz vivido: ¡Cuántas preguntas! Tiempo al tiempo, paciencia y acto a acto. Situaciones como la descrita ponen de manifiesto la necesidad de que los profesionales de los centros educativos se roten a la hora de ejercer sus responsabilidades. Que esas no caigan siempre en los mismos. Pero también que los inspectores educativos y representantes políticos ejerzan sus tareas con coherencia y compromiso. Las dificultades personales, sociales y económicas de este tiempo han de ser afrontadas de frente y sin poner falsos paños. 

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