Un libro clave para nuestro tiempo, 2


A Rubén Muñoz, Paco y su mujer

Siendo Ortega un hombre serio, porque la vida nos obliga a tomarla con seriedad, conocía el factor terapéutico de la ironía y la guasa. Aunque seguimos hablando, queridos lectores, de Cartas de un joven español, voy a haceros una acotación en otra de sus grandes obras: Goya. Ortega descubrió investigando a la persona del genial pintor que el principal motivo que le hizo pasar de pintar escenas alegres a la serie de las pinturas negras, fue el amargor que le supuso la vida en palacio con los denominados entonces afrancesados. Dicho en lenguaje popular: eran muy aburridos y no sabían disfrutar de la vida. La serie de cartas que Goya escribió a su amigo Zapater lo revela. A Goya lo que le gustaba hacer después de estar pintando, era irse a las tabernas, tertuliar con los amigos y escuchar a las tiranas cantar –era el nombre que entonces se daba a las cantantes de coplas–. Era la versión sanchopancesca de Goya.    
Como nos advertía el poeta Antonio Jiménez Paz, el problema de Heidegger es que no le contaron dos chistes buenos cada día. De ahí la enquistada costumbre de las clases dirigentes de ese país por la ultra-seriedad. Ay, queridos lectores y amigos alemanes, mira que se pasa bien en una cervecería alemana o en un jardín de aquella con una buena salchicha y mejor compañía, pero hay alguna gente de allá que aún no se ha dado cuenta, no se ha coscado.
Entre la serie de cartas que Ortega remite a su novia Rosa Spottorno –luego su pareja– durante su estancia investigadora en Alemania, llama la atención una serie de ellas por dos circunstancias: una, el interés que le intenta despertar porque ella se siga formando. Conocedor de que manejaba bastante bien el francés y su cultura, la invoca a seguir formándose, a tomar la iniciativa. A ser ella misma. Dos, al ver como las muchachas y mujeres alemanas de aquel tiempo, estamos hablando de finales de la primera década del siglo XX, salen a tertuliar a los cafés y a relacionarse, tienen estudios y trabajo, le anima a descubrir y seguir ese sendero. Años más tarde, Ortega hablará de las trayectorias personales. He ahí porque anunciará en la Filosofía de la Razón Vital, las citadas trayectorias personales, y cómo nos sirven para descubrir quién era en realidad una persona y cómo quería vivir. Ser y vivir adquieren así un significado complementario. Se funden. Dos de los libros de Marías de mayor enjundia son: Ortega, circunstancia y vocación. Ortega, las trayectorias.  
En esas cartas como en la mayoría que Soledad Ortega Spottorno recopiló –hija de Rosa y de él–, apreciamos la ternura con que vive y se manifiesta Ortega. En ese detalle pocos estudiosos de su persona y obra han caído. Que se me vengan a la memoria, Julián Marías, su propia hija, sus hijos José y Miguel, Harold Raley y un servidor. Su inteligencia emocional era especial. Dicho esto, voy a insistir en una cuestión que ya os planteé ayer: ¿qué consecuencias positivas tendría esa actitud tierna y noble de relacionarse con el otro si lográsemos tratarnos así? Se puede ser rector de una universidad, directora general de una compañía, presidente de un país, o presidenta de un banco, que si abandona sus emociones y el resto de circunstancias de su vida, será una persona muy vacía, bastante incompleta, pobre de espíritu.
Años después, cuando ya es un pensador y escritor de talla internacional, Ortega no se ha olvidado del camino, de sus inicios. Eso muestra otro rasgo de su persona: era humilde. Se fija en los pequeños detalles cotidianos. Eso explica que cuando ya llevaba unos meses en Alemania, en una de sus cartas comenta a sus padres: he sido invitado a cenar en casa de un profesor, hoy voy a conocer a los alemanes y Alemania. La vida personal, la vida íntima, interpersonal y familiar. En ellas radican esencias claves de lo que es un ser humano y un pueblo, pero también cómo son las relaciones intergeneracionales. Y éstas como insisto con frecuencia son decisivas para la vertebración de una sociedad, de un país. ¿Qué importancia beneficiosa tendría esa vertebración en nuestro mundo, en todos los continentes, si somos capaces de dar un paso al frente en esas relaciones intergeneracionales? Hablaban los hermanos Cohen en su película que Estados Unidos no es un país para viejos. Y si Silverio anunciaba que España no es país para jóvenes. ¿Qué mundo estamos construyendo?
Por hoy ya está bien. Entre cada etapa de la lidia, es necesario soltar aire, irse al callejón, escuchar las palabras sabias y sentir el silencio. Seguiremos, eso sí, disfrutando de la vida.

Comentarios

  1. te felicito por tu articulo. motivador y muy interesante

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  2. Gracias Gerard por tu lectura. Feliz 1 de mayo y días por venir.

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  3. Tiene usted un sentido muy digno y claro de lo que significa la continuidad literaria. Muy bueno. Leído con agrado.

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