El lugar de la filosofía en el mundo actual


Reproduce el Rick´s Café el texto del filósofo Rubén Muñoz sobre El lugar de la filosofía en el mundo actual. Ponencia tertulia celebrada el pasado 9 de mayo dentro del Ciclo Encuentros para el Diálogo.
1. Advertencia previa
Lo primero que me gustaría advertir es que hoy voy a hablar del sentido que tiene hacer filosofía actualmente, lo que no debe tomarse como una defensa irracional a ultranza de la filosofía. Voy a hablar de la función, sentido y utilidad que la filosofía tiene actualmente en la vida del existente humano.
Quiero evitar caer en la tentación de elaborar un mero listado de argumentos en favor del saber filosófico; lo que me gustaría es pensar con detenimiento qué lugar ocupa la filosofía en el mundo actual.
Cuando nos preguntamos qué deparará el futuro a la Filosofía, consciente o inconscientemente, suele asaltarnos una actitud derrotista que intuye un futuro no muy alentador. En un mundo como el que vivimos hoy día no es fácil abogar por el esplendor de las disciplinas humanísticas. Generalmente, el saber filosófico en particular y el saber humanístico en general, suelen ser considerados como modos del saber que no refieren nada más que un adorno de la existencia. Sin embargo, en las grandes obras de la cultura humanística se encuentran las mayores y más profundas explicaciones que podemos encontrar acerca de lo que significa el ser humano y el mundo que le rodea. Por ello, en el tiempo que dure esta charla intentaremos adentrarnos en algunos de los puntos nucleares del saber filosófico y de la sociedad actual, para desde ahí preguntarnos por el lugar que ocupa la Filosofía en dicha sociedad.
2. Breve consideración histórica
En lo que respecta al conocimiento, podría decirse que en cada periodo de la historia ha habido una figura arquetípica reconocida de forma unánime que se ha erigido en el modelo de conocimiento a seguir por el resto de la sociedad. La filosofía ocupó esta considerable posición en la Antigua Grecia, cuna de la sociedad y la cultura occidental, así como ese lugar fue ocupado en la edad media por el teólogo, en la modernidad por el científico y actualmente podríamos decir que ese prestigioso lugar es ocupado por el ingeniero. Esta circunstancia nos dice mucho sobre cada una de estas sociedades, ya que los distintos modelos hegemónicos del saber responden a una actitud preponderante concreta del existente humano ante el mundo en un determinado momento de la historia. Así, mientras en la antigua Grecia predominaba el interés por la esencia de las cosas, en la actualidad prevalece el interés inmediato por resolver problemas de orden práctico, lo cual hace que detengamos nuestra mirada en nuestro modo actual de comprender la utilidad.
3. La utilidad
En pleno siglo XXI, rodeado de tecnología por todas partes, no es muy difícil encontrar la utilización de ciertos conceptos de manera errónea, debido a la comprensión reduccionista que se lleva a cabo en muchos casos. Así sucede, por ejemplo, con la utilidad. ¿Qué se entiende hoy día por utilidad? Por desgracia, la utilidad ha quedado reducida al efecto práctico y contrastable que produce una acción determinada. Si hacemos extensible este concepto a todo el ámbito de la acción humana acabamos pensando de una manera aparentemente “natural”, que únicamente aquello que “produce” un fin “práctico y contrastable” con su acción es una actividad útil. Pero el problema aparece cuando reflexionamos sobre el significado concreto que encierra esta comprensión del asunto.
Hoy día un fin práctico es aquél que produce un efecto “asible” con las manos, es decir, un efecto que fácil o intuitivamente podemos percibir como fruto de una actividad intencionada. Así, un carpintero produce un mueble, un arquitecto produce planos y un operario produce un trabajo cuantificable. Pero, ¿qué produce un poeta o un filósofo? Rápidamente saltarán a la palestra hijos de nuestro tiempo, afirmando rotundamente la inutilidad de un poema o de un pensamiento, y dirán: “¿Para qué sirve un poema o un pensamiento?, ¿qué “beneficio” produce eso?”
No podemos reducir la utilidad únicamente a su dimensión empíricamente contrastable. No sólo es útil aquella acción que produce un efecto cuantificablemente provechoso, como decíamos anteriormente, sino que es útil toda aquella actividad que produce un efecto provechoso con su acción en sentido amplio. Así, el poeta “produce” poemas, el pensador “produce” pensamientos y el artista “produce” obras de arte. La utilidad de este tipo de actividad reside en sus resultados, los cuales nos ofrecen profundas expresiones y explicaciones del mundo que nos ha tocado vivir y del sentido de la vida humana. Pero al parecer, para algunos, esto parece no tener importancia ni utilidad alguna.
4.  ¿Qué nos aporta la Filosofía?
Pues la Filosofía nos aporta comprensión, pero una comprensión que se sitúa en otro nivel del de la existencia cotidiana y nos hace comprender la existencia con mayor amplitud y profundidad. Comprensión es lo que nos aportan los distintos saberes, pero cada uno lo aporta a su modo. La Filosofía, por su parte, nos aporta un modo de comprensión que brota de una actitud distinta ante el mundo. La filosofía genera en el hombre una actitud que podríamos denominar como trascendental que nos brinda la realidad en un aspecto mucho más enriquecedor. La actitud que nos proporciona la filosofía es una actitud de trascendencia similar a la que podemos alcanzar en ciertos momentos concretos de la vida, donde somos iluminados con algún evento que nos alerta sobre la esencialidad de la existencia, tal y como sucede por ejemplo, en la experiencia de la muerte de alguien cercano.
Llegados a este punto habría que distinguir entre lo cuantitativo y lo cualitativo. A la Filosofía lo que más le interesa es esclarecer la dimensión cualitativa de la existencia humana, es decir, eso que Platón llamó “el mundo inteligible” o “mundo de las ideas”. A la Filosofía le interesa pensar la cuestión del bien, la justicia, la verdad o el sentido, esos aspectos de la existencia que nos constituyen y no se pueden medir, lo que no quiere decir que no existan.
Así, pues, los planteamientos filosóficos indagan la esencia de la existencia y nos aportan herramientas conceptuales decisivas para comprendernos mejor a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea, ya que como hemos explicitado la filosofía nos conduce a niveles de comprensión de la existencia en los que no estamos instalados habitualmente en nuestra vida cotidiana.
5. La comprensión
Ligado a la noción de utilidad, otro concepto que se presenta como fundamental a la hora de pensar la función y utilidad de la filosofía. Nos referimos a la comprensión.
El hecho de ser capaces de comprender lo que nos sucede es con toda probabilidad una de las grandes claves para poder vivir de forma más plena. Pero, ¿por qué es tan complicado acceder a un marco de comprensión que nos asegure una estabilidad perdurable?
La vida no se reduce jamás a una sencilla narración unidireccional donde todo acontece según un plan racional previamente establecido, sino que la existencia se narra al modo de una novela multidireccional, donde repentinamente pueden llegar a aparecer páginas en blanco y páginas escritas en un lenguaje que no podemos descifrar.
En mayor o menor medida todos necesitamos de un cierto fundamento sobre el que establecernos, y precisamente la falta de comprensión arremete violentamente contra ese soporte último desde donde enfrentarnos al mundo.
Comprender supone encajar lo que nos sucede, otorgándole a cada evento un sentido determinado dentro del marco en el que existimos. Lo que nos sucede se hace más soportable cuando es comprensible. Por el contrario, la falta de comprensión puede llegar a desembocar en graves trastornos de carácter existencial. No comprender algo que nos sucede supone quedarnos suspendidos sobre un peligroso abismo que siempre intentamos evitar.
6. Rasgos de la sociedad actual
Hay una serie de rasgos que definen el mundo actual occidental de un modo muy claro. Podríamos resumir alguno de estos rasgos:
1. Vivimos rodeados de tecnología.
2. Vivimos envueltos en un sentido pragmático de la existencia.
3. Se piden soluciones inmediatas.
4. Primacía de la levedad.
5. Hay una alteración profunda del concepto de utilidad.
Todo esto adquiere un nivel de redundancia mucho más preocupante en una sociedad donde vivimos impregnados por una avidez y una celeridad en la búsqueda de soluciones ciertamente preocupantes. Ya casi no interesan las preguntas, sólo interesan las respuestas, aunque sean desacertadas, pero hay que encontrar respuestas.
7. Caracterización de la Filosofía en el mundo actual
1. La Filosofía se orienta por la búsqueda de un sentido profundo de la existencia.
2. La Filosofía pretende pensar rigurosamente (lentamente) aquello por lo que pregunta, no una solución inmediata.
3. Primacía de la gravedad.
4. Hay una clara utilidad en el saber filosófico.
Al pararnos a reflexionar sobre la esencia de la filosofía, nos topamos de frente con tres aspectos constitutivos fundamentales de la misma: el hecho ontológico de “pensar por sí mismo”; el “pensar-en-tradición” y la intencionalidad radical de “ir a las cosas mismas”.
“Pensar por sí mismo”. No es posible hacer filosofía, si el filósofo no parte del intento de pensar por sí mismo. El hecho de “pensar por sí mismo”, puede describirse como un acto intencional, que pretende abrirse reflexivamente a las cosas, con una actitud radical de búsqueda humilde y paciente, que en su quehacer contempla lo real desde una posición propia.
“Pensar-en-tradición”. Si no pensamos “en tradición” no pensamos originariamente, ya que la tradición es la que nos sitúa “en-camino-a-la-verdad”, y nos ofrece la posibilidad de alcanzar nuevas metas.
“Pensar-en-tradición” significa entablar una conversación con el pasado, donde nuestra búsqueda se mueve en lo “·conversado” por nuestro interlocutor con autores anteriores, estableciendo así una concomitancia interna dentro de la propia historia de la filosofía, en la que cada autor aporta su propio pensamiento de una manera creadora, produciendo un avance general en la investigación de la comunidad filosófica…”
“Ir a las cosas mismas”. “Las cosas” aportan la referencia concreta al pensamiento. No se puede pensar en abstracto. (…) “La cosa misma” aporta el norte hacia el que el filósofo debe dirigirse. Con la expresión “la cosa misma”, referimos en nuestra materia el objeto del filosofar. Dicha expresión puede designar el amor, la libertad o el pensar mismo.”
8. El futuro de la filosofía
La filosofía nació de la necesidad humana de preguntarse por el sentido de las cosas. En el siglo IV a.c. Aristóteles inauguraba su Metafísica subrayando la necesidad humana de conocer: “Todos los hombres tienen naturalmente el deseo saber.” y eso no ha cambiado, como no cambia todo aquello que surge de la necesidad humana. El deseo de saber se encuentra en la necesidad de supervivencia del ser humano. Sin saber, el hombre quedaría arrasado por el mundo.
Como hemos dicho, la Filosofía nos ofrece y nos aporta un saber acerca del mundo que nos ayuda a comprendernos mejor a nosotros mismos y a lo que nos sucede.
Hoy día parece tomar forma el paso que algunos vienen afirmando desde hace ya demasiado tiempo: el paso al modo de pensar tecnológico. Este cambio implica acercarse al mundo de otra manera, lo cual no debe hacernos olvidar la necesidad del pensar filosófico. Aproximarnos al mundo sin filosofía supondría dejar al margen muchos de los asuntos que verdaderamente nos constituyen.
Me gustaría realizar  una hipótesis realicemos a modo de ejemplo: pongamos el caso de una desgracia que arrasase el planeta de forma global y de la que sólo sobrevivieran algunos hombres. En ese caso, ¿qué libros le serían más necesarios al hombre para recomenzarlo todo de nuevo. No se trata de buscar ejemplos forzados para situar a la Filosofía en un pedestal superior respecto del resto de los saberes, sino de poner estos ejemplos para entender la profunda necesidad de la filosofía.
9. A modo de CONCLUSIÓN, me gustaría subrayar el hecho de que para garantizar la buena salud de la filosofía, el filósofo debe evitar caer en el error de intentar adaptarse a los tiempos, dejando de hacer filosofía. El filósofo tiene que pensar sobre la literatura pero no acabar convirtiéndose en un crítico literario, así como tiene que pensar sobre la sociedad sin llegar a transmutarse en un sociólogo o pensar la ciencia sin llegar a confundirse con un pseudo científico. El filósofo tiene que pensar filosóficamente. Con esto, queremos dejar el mensaje de que la Filosofía gozará de buena salud siempre y cuando mantenga su naturaleza propia y que el único riesgo realmente grave para la Filosofía puede estar en llegar a olvidar algún día su verdadero sentido y su verdadera raíz.
Ahora, me gustaría concluir leyendo unas palabras de Ortega y Gasset sobre la naturaleza de la filosofía:
“Los grandes problemas filosóficos requieren una táctica similar a la que los hebreos emplearon para tomar Jericó y sus rosas íntimas: sin ataque directo, circulando en torno lentamente, apretando la curva cada vez más y manteniendo vivo en el aire son de trompetas dramáticas.”

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