Eleusis, poesía de madurez


Este libro de poemas de Miguel Florián, divido en cuatro partes, y que ha publicado Ediciones La Palma, es un canto a las cuestiones vitales y a los pequeños detalles cotidianos. A través de sus poemas viajamos a la niñez y también a ese terreno de la ancianidad en la figura de la madre. Pero también recorremos ese periodo de la vida adulta en el que se hace balance de lo ya vivido. El amor está presente a lo largo de esta obra, en las figuras y en las vivencias de los amantes. Son temas clásicos, por tanto, los decisivos de las trayectorias vitales de cualquier persona que viva concienciada. Son asuntos que se enmarcan dentro de la tradición de nuestra cultura occidental siempre dentro de una visión abierta y en comunicación con el resto de pueblos. Por ello, Florián hace referencia a escritores como Cernuda, A. R. Ammons, Miguel Hernández, Salvatore Quasimodo, Osip o Mandestam. Por ello, Miguel Florián cita el oráculo de los caldeos que dice no aumentes el destino. O a Empédocles, he sido hombre, mujer, planta, pájaro y mudo pez que salta fuera del mar. Se dan dos curiosos detalles en este libro de poemas. Uno, este año se celebra el cincuentenario del fallecimiento de Cernuda, y Florián le rinde su particular homenaje.
Porque algún día yo seré todas las cosas que amo.
 Y también, en este 2013 en que se ha celebrado el Primer Centenario del traslado de los restos de los Hermanos Bécquer desde Madrid al Panteón de Sevillanos Ilustres, Florián con sus versos nos recuerda las golondrinas de la niñez, a esas manos que las cazaron.
Aquellas golondrinas de la infancia,
yertas, sobre la tierra endurecida
del invierno. Y las manos culpables
reteniendo un instante su tibieza,
su cuerpo lacerado, inexistente.
Mientras vamos leyendo con gusto los poemas de Eleusis nos reencontramos con los sabores de la vida diaria: el membrillo, la cereza. La acidez del primero, la pasión amorosa de la segunda. Se renueva la razón vital del amor con otra persona y en otro momento de la vida, después de haber vivido una relación sentimental anterior que no cuajó. Con sensualidad retrata los momentos de intimidad. El amor es semilla y flor como el azahar, es metamorfosis. Revela la duda que encierra una relación de pareja, lo que se desconoce del otro y lo que el otro ignora de uno mismo.
En Eleusis transitamos por las estaciones. El otoño con sus tópicas hojas caídas, sin embargo, en la mirada de este poeta es una ceniza fecunda. Son sueños que aún se pueden alcanzar, todavía queda cabida para su realización. El verano está unido a las aves, a los marineros que luchan a diario con la mar, a la vez aliada y a la vez en lucha abierta con ella. Vemos a los niños jugar en la playa con el destino de sus senderos vitales abiertos, que son aromas a sueño y jazmín. Esa escena poética como la del poema siguiente, en la que la pareja de amantes pasean por la arena, nos evoca a los cuadros de Sorolla. El amante y el amor, cuya simbología son los juncos y las mieses. Florián, a pesar de ser consciente de la niñez perdida, la recuerda y poetiza. Percibo en ello un síntoma de clara nobleza, de buscar lo realmente valioso dentro de los dolores de la vida.
Cierra Eleusis con una serie de largos y fecundos poemas como “Purificaciones”, “Septiembre”, “Mediterráneo”, en los que se profundiza en cuestiones existenciales decisivas: el vacío personal, los errores propios, la ausencia del otro, el niño que fue y las etapas de la vida. Las ilusiones que se tuvieron, las carencias con las que se tuvo que lidiar el camino. Y a pesar de todo, estando la muerte presente, lanza un mensaje de esperanza, de eternidad.

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