Escenas de un sábado

Los silencios se intercalaban con los cantos de los pájaros, con algún coro de voces y con el ruido soportable del tráfico urbano. Aquella mujer, llena de nobleza, estaba limpiando y preparando los veladores del bar en el Jardín de la Buhaira, ¡qué ejemplo de compromiso maternal! La vida le tenía que recompensar por tanto esfuerzo lleno de amor, coherencia y bondad frente a las injusticias que golpean de frente.
Rúas continuó caminando y se topó en otro parque con la imagen de una hija, que ya había superado la quinta década, dando un paseo cogida del brazo con su anciano padre.
Poco después, en una de las avenidas principales de aquel distrito, otra madre estaba a la puerta de un negocio de telecomunicaciones haciendo encuestas con la profesionalidad y el compromiso que la caracterizaban.
Era un sábado, como otro cualquiera, para aquella abuela siempre pendiente de su familia. Para todas aquellas mujeres que a su manera sabían lidiar con la vida, no hacía falta que fuera el Día de la Madre para agradecerles su sapiencia vital. 

Comentarios

  1. Muchas gracias por este homenaje a la mujer, Manuel. Un abrazo.

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  2. Me alegro de que te haya gustado Carmen, un abrazo.

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