Experiencia del extraño y pluralismo dialógico


En la fría tarde del pasado jueves 24 de abril, se reanudó el ciclo Encuentros para el diálogo en la Casa de las Sirenas. Intervino César Moreno, profesor de la Universidad de Sevilla, quien en su presentación, reivindicó un Diálogo en el que fuese necesario que la figura del Otro como Extraño no quedase eclipsada ni banalizada, de modo que el Diálogo fuese de muy baja calidad e intensidad, pero tampoco extremada, hasta el punto de que el Diálogo resultase imposible. Para ejemplificar la importancia del Otro como Extraño (idea que arranca de Husserl y está muy presente en el pensamiento contemporáneo), César Moreno propuso efectuar dos ejercicios, en el primero de los cuales se trataba de rescatar al Otro como Otro-Yo más allá de las proyecciones narcisistas del yo (ese yo que en cada caso somos cada uno de nosotros). El Otro es Yo, como yo, pero yo (con minúscula, como yo psicológico) no soy su dueño, el Otro no está a mi disposición. Citó a Machado en uno de sus Proverbios y cantares, cuando escribió: Enseña el Cristo: a tu prójimo/amarás como a ti mismo,/mas nunca olvides que es otro”, y también: “Dijo otra verdad:/busca el tú que nunca es tuyo/ni puede serlo jamás”.
El Otro como Extraño sólo podría ser convocado en el Diálogo siempre y cuando no fuese la proyección de un ego dominante, incapaz de relacionarse con Otro que no fuese él mismo.
Por otra parte, César Moreno propuso que el Otro como Extraño sólo podría aparecer en la experiencia del Diálogo, haciendo posible un pluralismo dialógico (expresión que no es un pleonasmo), si los interlocutores se ejercitasen en ir más allá de las idealizaciones (presupuestos) del sentido común en el mundo de la vida cotidiana-comunicativa, enfrentándose con las inercias que caracterizan tales idealizaciones. Se apoyó para ello en investigaciones de Alfred Schütz, quien habló en los años 50 del siglo XX de la tesis general de reciprocidad de perspectivas, que comprende a su vez dos idealizaciones: la de la intercambiabilidad de puntos de vista y la de la congruencia en el sistema de significatividades. Según la primera, yo vería el mundo como lo ve el Otro, si adoptase su punto de vista, y el Otro vería el Mundo de forma parecida a como yo lo veo, “si se pusiera en mi lugar”. Por lo que se refiere a la congruencia en el sistema de significatividades, resulta fundamental para los presupuestos sociales de la comunicación, porque gracias a dicha congruencia (o, si lo preferimos, acuerdo), el encaminamiento al Otro, o el propio encuentro con el Otro, ya está, antes de que tenga lugar, casi resuelto, al menos en un sentido básico de eficacia operativa pragmática.
El sistema de significatividades que compartimos se encargaría, en consecuencia, de atenuar la alteridad del Otro. Es por ello por lo que se plantea que frente al riesgo de semejante devaluación de la presencia del Otro en cuanto Extraño, el Diálogo debería ejercitarse en rescatar al Otro de esos presupuestos que, sin ser falsos, sin embargo pueden oscurecer, obstaculizar o dificultar el encuentro con el Otro.
En su charla, César Moreno propuso, en consecuencia, un modelo de Diálogo en el que lo decisivo no fuese, desde un punto de vista pragmático, el resultado de un acuerdo o consenso. Si el Diálogo se orienta obsesivamente a los resultados “eficaces”, provechosos, lo más probable es que la experiencia (compleja) de la extrañeza del Otro quede marginada porque, de entrada, hayamos tenido en cuenta sobre todo a un Otro ya inserto en nuestro mundo comunicativo de la vida, en el que el Otro siempre es ya de algún modo “conocido” (o al menos –sería mejor decir- creemos conocerle: poderle etiquetar, clasificar, objetivar, etc.). Pensemos en las figuras del familiar, el amigo, el compañero, el colega, el correligionario, el vecino, el compinche, el compatriota, incluso el contemporáneo… de modo que de antemano ya tenemos una buenísima base de encuentro, una base para el Nosotros.
Aclaró César Moreno que no se trata de que el Diálogo no admita este Nosotros ni, desde luego, de que excluya la legítima aspiración al consenso, sino que todo ello, cuando no es abordado crítica y lúcidamente, puede tornarse en un obstáculo para el genuino diálogo, que debe asumirse como aventura al encuentro del Otro, que será aprendizaje de la extrañeza del Otro como inesperado, imprevisto, y más aún, como “decepcionante”, capaz de “desmentir” y “defraudar”… no ya las meras expectativas de la comunicación, sino las expectativas automatizadas, no reflexionadas y acríticas. Por todo ello, aclaró, basándose en Lévinas, y con vistas a la posibilidad de un diálogo que se sostuviera por sí mismo, más allá de cualquier “balance de resultados”, un diálogo infinito, que al Otro no hay tanto que presuponerle cuanto preguntarle, no tanto anticiparle cuanto esperarle, no tanto verle cuanto escucharle, y no tanto que desvelarlo, cuanto atender su revelación, en la que el Otro se manifiesta por sí mismo, en su autonomía y libertad.
César Moreno comenzó su charla citando a Ludwig Feuerbach, en un texto de su obra Principios de la filosofía del porvenir (1843): “El hombre singular para sí no tiene en sí ni como ser moral ni como ser pensante, la esencia del hombre. La esencia del hombre está contenida sólo en la comunidad, en la unidad del hombre con el hombre; mas una unidad que se basa únicamente en la realidad de la diferencia entre el yo y el tú”. Y puso punto final a su charla con una cita de uno de los autores contemporáneos más relevantes, Emmanuel Lévinas, cuando sostuvo en su gran obra Totalidad e infinito que “el Otro no es para la razón un escándalo que la pone en movimiento dialéctico, sino la primera enseñanza razonable, la condición de toda enseñanza”.

Comentarios

Entradas populares