Quince días en el infierno de República Centroafricana


La República Centroafricana está peor que la España de principios del siglo veinte, avisa la fuente comboniana. Allá van a pie, en España se podía ir a caballo. Caminan con el macuto sobre la espalda. Miles de civiles, los más afectados, huyen a Camerún y Congo. El pasado 21 de abril, una bomba Seleka mató a siete personas en la iglesia Bautista de Bangui. Los viajes desde Europa a República Centroafricana son imposibles por ahora.
Las seis comunidades de Bangassou celebraron el tercer domingo de Pascua con parte de la comida que guardaba el comboniano en su maleta durante los últimos treinta días. Durante unas tres horas estuvieron contestando a la pregunta ¿Cómo se siente cada uno? Se desahogaron, hartos de los bandidos Seleka. La labor silenciosa y presente del ábate Alain en la catedral y de Amos en el seminario ha impedido que los saqueos en casa y archivos sean mayores.
La mayoría de la población musulmana está ayudando a las misiones católicas y a la ciudadanía, tras sufrir entre otros el desmantelamiento de la orden de los espiritados que han huido del terror. Están todos esperando la llegada de la FOMAC, advierte la voz comboniana. Éste es un grupo de militares, en un principio formado por 500 hombres y ahora por unos 2000, integrado por soldados pertenecientes a varios países limítrofes con República Centroafricana. El propósito de aquel es crear un corredor humanitario que permita retomar la vida normal: atención sanitaria, educación, grupos parroquiales…
Unos y otros sufren la presión permanente de rebeldes Seleka que se presentan como coroneles o generales con veinticinco años, están bebidos o fumados y realizan barbaries. De hecho, el Padre Kordian ha pedido a la población de Rafai que evite salir de noche para así no sufrir intimidaciones, robos o violaciones. En esa zona, donde hay un campamento de buscadores de oro, los Seleka andan al acecho para saquear lo que puedan. Entre el 21 y el 22 de abril, tríos de Seleka montados en motos realizaron una batida de escarmiento en Ouango y Bema porque un grupo de gente mató a tres Seleka tras ajusticiar los yihadistas a dos jefes de barrio. En esas dos ciudades, Ouango y Bema, la gente cruza el río camino del Congo. Los Seleka en su cruzada yihadista no tienen escrúpulos de ningún tipo: matan a adultos y niños, han quemado más de ciento cincuenta casas, la iglesia profanada, la misión saqueada. Dos escolares que regresaban a sus casas en bicicletas perdieron la vida por pasar por allí a aquella hora. Cuando los misioneros y voluntarios descubren esas barbaries pierden hasta el apetito, afirma con su alma Aguirre.
La situación de las misiones es muy diversa en estos momentos. Las franciscanas de Bangui están fuerte de ánimo, a pesar de los rastreos en su casa habitación por habitación. Tuvieron que dar dinero a los Seleka y esperar afuera mientras aquellos saqueaban ordenadores, la impresora de mejor calidad, la televisión. Jugándose la vida evitaron que una hermana fuera violada, que no se llevaran su Suzuki de trabajo, ni hicieran más saqueos sobre quirófano, farmacia y escuela técnica.
Las franciscanas de Bakouma han perdido sus ordenadores. El párroco Jean Nöel ha sufrido el robo del dinero de la parroquia. Las franciscanas de Zemio no han sido tocadas gracias a la intervención de los militares ugandeses. Ellas cuidan a enfermos y ancianos que no tienen fuerzas ni para huir. Permanecen conectadas por teléfono.
La fuente comboniana pide a la Embajada española en Camerún que éste país presione para que se forme un contingente FOMAC de urgencia humanitaria y se destine a Bangassou. Su labor hacer posible ese corredor humanitario de unos mil kilómetros de Sibut a Bangassou y Obo, pasando por Alindao y Bambari. Necesitan avisa medicamentos, salarios, carburantes y telefonía tras estos cinco meses de infierno. El general gabonés del FOMAC sobre el terreno, Jean Felix Akaga, señala que los militares franceses solo están preocupados por los intereses franceses y el aeropuerto en Bangui. En cambio, el resto de extranjeros –españoles, sudamericanos, polacos, …– permanecen dejados a su suerte ya que ni la Unión Europea ni la ONU dan el paso adelante.
Ya ha quedado claro que los Seleka y los rebeldes golpistas de Malí son yihadistas y financiados por los mismos cheques. La diferencia es que ni Francia ni la Unión Europea ni la ONU han intervenido con decisión ni compromiso en República Centroafricana, país en el que el golpe de Estado se venía cociendo desde hace dos años, asegura el comboniano. Según esta voz, el general Seleka en Bangassou, Yassin, es un sudanés de la zona de Darfour, y que actúa así porque su patria ha sido vendida a compañías petrolíferas sin que el sudanés de a pie diga nada en el apaño. Han sufrido a los depredadores y ahora ellos son depredadores contra el país más frágil de la zona, República Centroafricana. El dolor del comboniano es claro: buitres blancos que van a misa en sus países de origen. Para terminar nos habla de que nada más llegar a Bangassou ha hecho un inventario junto a su equipo. Señala que un 50% está sano, y el otro 50% robado o destruido: material sanitario como microscopios para parásitos intestinales, repuestos de coches, coches averiados, antenas de Internet, fotocopiadoras, placas solares, baterías, convertidores de corriente, libros personales o hábitos de monjas. 

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