Un libro clave para nuestro tiempo, y 3


Voy a terminar esta serie de artículos que he dedicado a Cartas de un joven español de Ortega, con una meditación acerca de las sociedades y los países partiendo de la propia persona. Con la lectura de esas misivas, de otros artículos y de una serie de libros del pensador español, queda clara su admiración hacia lo admirable de alemanes concretos, de esa sociedad y nación. También proclamará admiración hacia otros a lo largo de su vida. Sin embargo, no los idealiza. Por eso dirá, unos años después, autodefiniéndose y, por tanto, autorretratándose, nada moderno, muy siglo XX. ¿Por qué se nos presenta así Ortega?
Ha nacido en 1883, y cuando se da de alta entre la sociedad de su tiempo, en 1914, a la edad de 31 años, con la publicación de su primer libro Meditaciones del Quijote donde presenta su Filosofía de la Razón Vital, se halla en pleno siglo XX. Algo trivial. Pero esa aparente trivialidad encierra una gran verdad: el descubrimiento y elaboración de su Filosofía que nos ofrece otra forma de vivir, de ser y de convivir. Y se ha percatado, tras estudiar con ilusión, vocación y sumo esfuerzo desde biografías de ciertas personas hasta a los pensadores y escuelas filosóficas habidas desde la Grecia Clásica, pasando por el estudio de la Historia, que las dos grandes escuelas de pensamiento hasta la fecha, el idealismo de origen platónico y el racionalismo que inauguró Descartes, son insuficientes, incompletas y vienen incidiendo negativamente en la vida de las personas y de los pueblos por la pugna de ambas y por los intereses creados de los poderes fácticos. Descartes es el filósofo de la modernidad. Concepto que por cierto se sigue usando con yerro en nuestro tiempo, cuando tenemos una filosofía, la de la Razón Vital, que es más humana para la vida propia y la convivencia. Por supuesto que la duda forma parte de mi cotidianeidad y de las relaciones de cualquier tipo, sin embargo, primero se vive y hay que descubrir las razones vitales personales. Esas que pueden permitirnos ser felices, el imposible necesario como lo definió Julián Marías.
España es un país que se ha constituido como tal en 1492, habrá que esperar casi cuatro siglos después, hacia 1840, para que Alemania se constituya. Y curiosamente aunque la formación estatal de España se produce en 1492, como muestra Julián Marías en España inteligible: razón histórica de las Españas, desde tiempos de Hispania, los hombres y mujeres de esta entonces provincia romana habían mostrado una manera diferente de vivir y sentir su estatus romano, de hablar el latín. Esa diferencia de casi cuatrocientos años tampoco es superflua. Menos aún cuando por el camino, se han conformado otra serie de Estados-países como Portugal, Francia e Inglaterra, Estados Unidos, … que tanta incidencia han tenido en la historia del mundo. También a mitad del siglo XIX, se constituye Italia. Se da la circunstancia real de que Alemania e Italia en la Primera y en la Segunda Guerra Mundial son aliados. Mientras que Francia e Inglaterra se alían en ambas contiendas. Como nos advertía Marías en su sabio curso Las formas de Europa, impartido entre los años 1996 y 1997 en el Conde Duque, ¿qué no se hizo para evitar esas dos barbaries? ¿Qué se pudo hacer para no caer en otros conflictos a lo largo de la historia?
Cualquiera que haya trabajado con personas y entidades alemanas habrá podido comprobar la importancia que aquellas dan a lo bien hecho y a la honestidad. Por cierto, valores personales, intergeneracionales y cívicos que hemos de cultivar y transmitir. Sin embargo, también hemos de caer en la cuenta en una frase alemana para los negocios: hablar es plata, callar es oro. La profundidad de esa expresión es decisiva. Hay una especial tentación dentro de la cultura alemana a ver la vida como una clasificación de jerarquías. Una visión que es obvio tiene unas raíces militares, burocráticas, filosóficas y literarias que arrancan de la proclamación como país a mitad del siglo XIX. No se puede construir una Europa común, un mundo más humano, si aplicamos cada jornada la citada frase.
Vivir no es solo trabajar, es también afrontar las otras razones vitales e históricas: ser amigo, ser estudiante, ser pareja, ser familia, convivir entre generaciones, ser ciudadana, … Eso nos lo puede permitir la Filosofía de la Razón Vital de Ortega, de Marías. ¿Estamos dispuestas cada persona a intentarlo? 

Comentarios

  1. El egocentrismo es ser incapaz de ponerse “en los zapatos de los demás” porque para ello, primero hay que quitarse los propios.
    Centrar la atención en el ego, lo coagula (como ocurre en el nudo narcisista, en donde “el otro no existe”) y si no se disuelve este trombo, la persona se hace incívica, asalvajada e intratable:
    El egocéntrico intelectual impide escuchar al otro, el emocional hace inviable la relación afectiva, el libidinal lo aísla en un bumquer de autoerotismo que bloquea la relación en pareja y el material le hace crecer limitadamente para adentro y echar raíces en una isla reseca.
    Los primeros pasos para salir del egocentrismo podrían darse con los pies descalzos y la mirada bien levantada del ombligo y con las manos dispuestas para dar y tomar.

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