Ana Isabel Alvea, una poeta consciente

Hace unos días se presentaba en la Casa del Libro de Sevilla el libro de poemas Hallarme yo en el mundo (Ediciones en Huida). Su autora, Ana Isabel Alvea, estuvo acompañada por los poetas Iván Onia y Tobías Campos, quienes hicieron las veces de presentadores y contertulios.
Cuando os adentréis en cada una de las cuatro partes en que Ana ha divido su obra, apreciaréis su posición ante la vida y el mundo, por tanto, hacia los demás. De hecho, la cita de Ortega que ha elegido para titular el texto y que incluye en el interior a modo de presentación, es toda una clara y coherente toma de posición. En este tiempo en el que demasiada gente ocupa el lugar de los compartimentos estancos y otros el espacio de los que parecen que la vida y el mundo no va con ellos –craso error–, adoptar la posición valiente de ella es de agradecer. Más aún porque tomar el sendero de los filósofos Ortega y Gasset, Julián Marías o María Zambrano, es recorrer la trayectoria y convivir desde el respeto y el compromiso con la verdad, la honradez y la coherencia. Supone elegir qué se quiere hacer con la vida y cómo, y también aprender a decir no a esos proyectos y modus operandi.
Ana Isabel Alvea esta llena de experiencias e inquietudes, y mira a los demás con sensibilidad y agudeza, se preocupa por el otro y los otros. Si la primera parte, Intuición, es toda una manifestación de aquellas circunstancias que le llaman la atención, a partir de Interrogaciones no retóricas, comienza a descender por el iceberg que aquellas son. Su voz es serena y apasionada. Escribe con palabras sencillas, esas que cualquiera emplea a diario para comunicarse, lo cual todos agradecemos porque posibilita dos propósitos: el primero, entendernos con el interlocutor, saber de qué estamos hablando, si hay voluntad de escuchar. El segundo, porque logra algo difícil en esto de vivir con vocación literaria: expresar lo que se quiere decir con sencillez.
En Circunstancias, tercer capítulo de Hallarme yo en el mundo, combina con agudeza ese viaje que ella hace entre el mundo más personal y propio, y el mundo exterior. Toma una distancia prudencial, en la línea con los pensadores de la Escuela de Madrid, para vivir con autenticidad las experiencias vitales suyas o de sus relaciones interpersonales más cercanas, y a su vez se pone en la posición de aquellas personas que están viviendo dramas humanos en nuestra época. Se acuerda de las familias desahuciadas. Pone en jaque ese modelo de mundo en el que se destaca a los supuestos triunfadores y se repudia a los aparentemente fracasados. Señala la llaga de las leyes injustas recubiertas de las falsas apariencias legislativas y votadas en cámaras de representación nacional. Mira con ternura la alegría del bebé ignorante que sonríe alegre mientras su padre y madre a diario luchan por darle amor y los recursos básicos, mientras buscan un empleo. Ahonda en las miserias del mundo laboral, en el que el mobbing se ha convertido en un recurso de los mediocres o de quienes no saben valorar a los trabajadores competentes y honrados.
Cierra el libro, con el capítulo La naranja del almendro, todo un juego estilístico y simbólico cargado de amor hacia la persona amada y los seres irrenunciables con los que ha decido compartir sus trayectorias. De esta última serie, algún poema nos recuerda al maestro Salinas y a su clásico La voz a ti debida, por ejemplo, el poema Por ti. Pero con esa visión para la existencia que Ana Isabel Alvea se ha construido lanza sus pupilas, inteligencia y sensibilidad hacia el resto de las circunstancias. Y lo hace con mensajes de esperanza, de dar batalla como dice la también poeta Luisa Mora, a pesar de que las circunstancias sean injustas y adversas. En el conjunto del poemario y en esa cuarta parte, hallaréis los lectores ese canto a ilusionarnos desde razones vitales e históricas, desde compromisos ineludibles.
Para ir cerrando esta reseña, animar a Ediciones en Huida a revisar el diseño de la cubierta. Siendo elegante hay un detalle a pulir. Tanto el nombre de la autora como el del libro tienen que ser visible a una distancia prudencial o a esa visión que cualquiera puede ver a través de un escaparate de una librería. El color del pantone empleado ha de ser más claro, o bien poner el nombre de autora y libro junto al dibujo de ella, desplazando esa imagen al margen izquierdo. 

Comentarios

  1. Siempre es aprender cosas interesantes al entrar al Rick'Café. Felicitaciones. Un saludo

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  2. Gracias Mirta, da gusto escribir para lectores como tú. Un cordial saludo.

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