Arte y libertad

La exposición Resistencia y tradición del artista chino disidente Ai Weiwei, que podemos disfrutar en el Centro de Arte Contemporáneo de Sevilla, ubicado en el Monasterio de la Cartuja –donde Colón se alojó y logró el apoyo de los cartujos y de los Reyes Católicos para su proyecto de viaje a América– es un canto a la libertad de expresión frente a las mordazas del poder en su país. Auna excelentes documentos audiovisuales, principalmente entrevistas al propio Ai Weiwei realizadas por el equipo de una televisión universitaria norteamericana, con las piezas creativas del escultor.
A lo largo de cada uno de los documentos periodísticos, Ai Weiwei pone de manifiesto el largo periodo de censura, opresión y ultraje de los más básicos derechos humanos y civiles que varias generaciones de chinos vienen sufriendo desde principios del siglo XX, y especialmente desde la implantación de la dictadura maoísta y la continuación en nuestro tiempo a través de la estructura del partido que aplica una visión capitalista extrema para enriquecer a una minoría a costa de la situación esclava de una mayoría de la población. Esa labor de crítica y de compromiso a Ai Weiwei, como sabéis, le ha costado largos periodos de encarcelamiento con todo lo que ello supone. Sin embargo, a pesar de sentir aún hoy en día el peso de los recuerdos de ello y de saber que la oligarquía gobernante en su país puede volver a actuar contra él, ha llegado a una etapa vital en la que prefiere vivir desde esa asunción de los riesgos con libertad y paz interior.
Una coherencia y un compromiso que se muestra en su manera de hablar al equipo de informadores, y también a través de sus obras en cerámica principalmente. Son creaciones artísticas de gran belleza. Son piezas que en su proceso creativo intervienen varios miles de personas, desde abuelas a jóvenes, con varios propósitos: dignificar el trabajo y las condiciones de vida de todos ellos. Respetar y promover las más antiguas técnicas ceramistas, pictóricas y escultóricas introduciendo la aportación del talento innovador de cada uno. Ello supone mirar el pasado para darle luz en el presente proyectándolo hacia las futuras generaciones. Hacer un canto a todas aquellas generaciones como la de sus padres que vivieron oprimidas por Mao y su estructura de poder. En este sentido, la obra que os he mostrado en la fotografía con la que arranco este artículo, titulada Pipas de girasol, representa todo un canto sereno e irónico de respuesta al poder absoluto de Mao que se representaba a sí mismo como el Dios Sol o Gran Girasol que daba luz a sus súbditos. En cambio Ai Weiwei, a través de las miles de pipas de cerámica distribuidas en el suelo de manera horizontal y equilibrada lanza el mensaje de que todos esos millones de personas que representan al pueblo chino no necesitan a ningún dictador endiosado para vivir en libertad y dignidad. Ha desaparecido de la obra la imagen del Mao Sol y las pipas pueblo o cada uno de los chinos pueden vivir sin él ni sus correligionarios.
Resulta curioso que desde la costa asiática del Pacífico hasta la americana, pasando por la atlántica europea o africana, hoy las personas y los grupos civiles nos vengamos manifestando contra la opresión de unas minorías plutocráticas al servicio de sus intereses exclusivos y que merman los derechos civiles que hemos alcanzado tras siglos de lucha por hacerlos reales. Por ello, cierro esta reflexión con la imagen de esta hermosa lámpara que Ai Weiwei y todo su equipo han realizado, como símbolo de esa luz que nos tiene que guiar y hemos de mantener viva para hacer frente a cualquier tipo de injusticias y corruptelas. 

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