Curiosidades burocráticas

Nos vemos Rúas y yo a la orilla del río para disfrutar de la brisa cuando la tarde busca ser noche. Nos cruzamos con personas andando, corriendo, en bicicleta. Otros practican remo y canoa en las aguas del Guadalquivir. Junio y la semana llegan juntos a su fin.
Le hablo de un caso curioso que me ha llegado a través de una fuente bien documentada sobre una bolsa de empleo de una universidad pública andaluza. A finales de mayo se emitió una resolución desde el órgano competente para abrir hasta finales del presente mes la bolsa de profesores sustitutos interinos. Ésta se establece para que cuando cualquier docente de una de las facultades de esa entidad universitaria esté de baja por unos periodos, cualquier otro profesional competente y que acredite los baremos de méritos que la convocatoria de la bolsa tiene, pueda sustituirle por el periodo de baja. Se establece asimismo los cargos concretos encargados de elegir a esos sustitutos.
Tras escucharme Rúas esta presentación de los hechos, me pregunta, -¿qué otras particularidades tiene esa resolución?
-Pues resulta que establece unas tasas para poder inscribirse en la citada bolsa de empleo. Una cantidad para quien tiene empleo y se inscribe por primera vez (24,96 €, véase el punto 3.6.) y otra cantidad para quien está desempleado (un 40% menos, esto es, 14,98 €).
­-Curioso que en una bolsa pública de empleo a unos y a otros se les obligue a pagar por inscribirse a la misma. Con la particularidad de que no se tiene la mínima seguridad de que se abra o no la opción de cualquier candidato. Por no hablar de las opciones coherentes y honestas de que luego se elija como sustituto a aquellos que presentan unos expedientes profesionales y académicos de mayor calidad real.
-Así es amigo Rúas, porque una cuestión es la calidad real y otra la oficial en el entramado burocrático, como ya hemos apuntado en más de una ocasión en nuestro blog, o como hace unos días hablaba con conocimiento de causa una serie de competentes profesores en un homenaje.
­-Leí la crónica que publicaste ayer sobre el Cincuentenario de Luis Cernuda, y esto que me comentas huele a aquellos tiempos de la primera mitad del siglo XX. Es más, si nos metemos en profundidad, tiene perfume rancio del siglo diecinueve. Otro episodio galdosiano más.
-Compañero Rúas, ¡cuántas veces tendremos que hablar de los matices entre lo público y lo privado!, y las cortapisas que se le pone a las personas competentes y honradas en cualquiera de los dos ámbitos para ganarse con vocación, coherencia y decencia la vida. ¿Te acuerdas del reportaje de análisis que hice a partir de la experiencia de Sofía para contratar a un editor y la empresa de ofertas laborales en la Red?
-Sí, me acuerdo. Parece que los supuestos extremos, no son tan extremos ni transparentes ni justos. ¡Cuántos matices hay que hacer!
-Bueno, Rúas, sigamos paseando.  

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