El último paseo


Salió por la mañana a darse una vuelta por el barrio. Llevaba veinte años haciéndolo después de su jubilación. Aún así, su espíritu aventurero, emprendedor, le había mantenido en la reserva viendo a su hijo continuar con la empresa que fundó junto a otro compañero hacía más de cuatro décadas. Nunca se olvidó de sus modestos orígenes, recogiendo bateas y cajas de aluminio y madera en El Barranco de pescado de Triana, hasta que fruto de esa labor diaria durante muchas madrugadas en las que veía salir el Sol, se convirtió en mayorista de pescado y marisco. Años después, junto a aquel compañero de aventuras profesionales montó uno de los mejores cocederos de marisco de su país, en el que muchas familias iban a comer calidad a buen precio y con un servicio excelente. Supieron rodearse de buenos trabajadores a los que respetaron porque tuvieron presente de dónde venían. La memoria en personas así las torna en sabia.
Su metro ochenta y más de cien kilos de peso atesoraban la mirada profunda de quien ha vivido recordando cada etapa del camino. Su tez morena quedaba en un segundo plano ante el brillo noble de sus ojos. Recuerdo las sempiternas tertulias junto a mi padre en la barra de aquel cocedero en un verano en el que aquellos hombres decidieron dejar sin pescado a la ciudad de Sevilla, ante el mediocre Barranco que se había construido sin contar con la voz de los profesionales que llevaban décadas en el tema, otro de los rasgos de ciertos políticos y partidos de la España democrática. Y siempre estaba de fondo la presencia del amigo ausente, mi abuelo. Años después, la compañera del alma, mi abuela, cuando nos dejó una tarde de primeros de julio, tuvo a él y a su mujer de últimos testigos en esta vida. A una llamada suya, saltamos mi padre y yo del sofá en el que nos habíamos echado a reposar unos minutos después de estar todo el día junto a ella.
Ayer, mientras ibas expirando, se toparon con un hombre bueno sentado en un banco. Gracias amigo Antonio por haberte conocido. Cuando te encuentres con aquella pareja de amigos tuyos, dales un beso de todos nosotros. 

Comentarios

  1. Fernando Moreno Bardónsábado, 08 junio, 2013

    Gracias Manuel por facilitarme el enlace de tú Blog, que me permite admirar ese buen decir y afirmar lo que ya presentía, calidad humana.
    Lo que describes en “El último paseo” es la vida y obra de esas personas que no figuran nunca en los libros de la Historia, pero que sin ellas, la Historia no podría ser escrita.
    Te felicito y seguiremos leyendo lo que escribes.
    Un abrazo.

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  2. Gracias Fernando, a vuestra disposición. Hace un rato que lo he leído en su entierro. Un abrazo y feliz fin de semana.

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  3. Muy buena descripción, intensa y emotiva de aquello que, tristemente, todos debemos enfrentar alguna vez, pero es bueno vivirlo de la forma en que lo contas. Me emociono mucho, gran realización.
    Un saludo.

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  4. Me alegro de haber mostrado la vida de él y cómo he vivido su viaje a la otra. Feliz domingo Mirta.

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