España, fotos inquietantes

Esta semana, en concreto el jueves 20, ha traído a la opinión pública nacional una serie de imágenes curiosas, de esas que llaman la atención a cualquier persona consciente. La primera el pacto escenificado entre PP y PSOE sobre la posición española ante el Consejo Europeo de la próxima semana. Resulta llamativo ese acuerdo y en este momento, sabedores ambos partidos de la etapa de descreimiento ganado a pulso por ambas formaciones entre la ciudadanía. Las ineptitudes, corruptelas y los intereses creados que han mostrado en las últimas tres décadas a través de sus mandatos locales, regionales y nacional, han provocado ese rechazo de una parte considerable del electorado.
Por cierto, que el pueblo español habrá de preguntarse, cada uno a nivel personal y luego ir haciendo un serio, coherente y honrado debate cívico, los por qué de dos posturas muy llamativas en esos más de treinta años. En primer lugar, esa tendencia a identificarse con una de esas dos fuerzas políticas o con cualquier otra de una manera acérrima. Ese tipo de conducta, al menos para quien escribe, esconde una posición atávica y dogmática poco sensata y sana para la vida personal, interpersonal, intergeneracional y colectiva. En segundo lugar, qué tiene que pasar para que esas tomas de posición se abandonen, salvo que se participe de ese modus vivendi.
Esa misma jornada, un conocido máximo ejecutivo de la antigua Caja Madrid salía de prisión. Se ha escuchado la voz de algún dirigente hablando sobre que cualquiera se equivoca en actuaciones de compra y venta. Siendo esto real, y cualquiera que no lo haya experimentado puede ponerse en contacto para aprender de quienes erraron en gestiones empresariales de compra y venta, no lo es menos que errar con dinero ajeno –en este caso el de los ahorradores que pusieron su dinero ganado a pulso en la antigua Caja– tiene unas consecuencias éticas, profesionales, judiciales y políticas ineludibles. Fue una época, demasiado larga, en la que la mayoría de las cajas de ahorro de este país se pusieron al servicio de los partidos y sindicatos que estaban en sus consejos de administración, y no de las PYMES, cooperativas y ahorradores a quienes debían servir por su labor estatutaria y para el buen desarrollo de la economía real de este estado. Todas ellas han ser auditadas y juzgadas por las instituciones judiciales, financieras y administrativas competentes. Si no, cualquiera montaría un banco, una empresa o cualquier institución, tirando con recursos de otros y luego si sale mal, no asumiendo sus responsabilidades.
España y el resto de países y, por tanto, cada una de las personas y de los pueblos, nos estamos jugando la salud de la convivencia democrática. Y con ella de una vida digna para cada uno y los demás. Es tiempo éste como otros de la historia para que el Poder Judicial pueda asumir con coherencia, buen hacer y honradez su trabajo. De ello también depende mucho la salud del mundo en que vivimos. En todas esas lacras de corrupción, nepotismo y caciquismo tramadas en los últimos decenios, ha habido momentos en que se ha mirado para otro lado, con graves consecuencias que venimos padeciendo.
Es tiempo para que cada hombre y mujer, para que cada grupo y pueblo exija que los responsables del sistema judicial obren en honor a la verdad y al esclarecimiento de los hechos, a favor de la convivencia y la reiterada salud interpersonal, intergeneracional y de las instituciones. Y que quienes hayan delinquido den cuenta ante la justicia y la ciudadanía. Más aún cuando ese día 20 de junio, también aparecía la mujer de un imputado por sus actuaciones profesionales que desde hace demasiado tiempo no hacía acto de presencia en la escena mediática. Si la transición democrática se gestó porque desde la Jefatura del Estado se cedió la soberanía nacional al pueblo, y así está recogida en la Constitución de 1978 y en la legislación previa y posterior, la justicia es igual para todos no puede ser un mero brindis al sol ni una cortina de humo. La realidad tiene que construirse en honor a la verdad y la decencia para que así los proyectos o sueños cotidianos de cualquier persona puedan ser realizados por el trabajo de cada uno y contando con los recursos imprescindibles. Si no es así, todo será vacua parafernalia.

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