Homenaje a Manuel Vázquez Díaz


Imagen de Manuel Broullón

El martes 25 de junio se ha celebrado un homenaje al editor Manuel Vázquez Díaz en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla. Fundador de la cooperativa editorial Alfar hace ya treinta y un años, sus compañeros, amigos y familiares se reunieron en una tarde plácida de verano para recordar a su persona y legado. Tomó la palabra Manuel Ángel Vázquez Medel para viajar por el camino de las vivencias y recuerdos haciendo hincapié en el amor de Manolo hacia los libros, la música y la fotografía. Y como para ser él mismo tuvo que pagar un precio por la libertad. Alfar, que nació con las raíces que elaboran con sus manos y espíritus los buenos alfareros, era y seguirá siendo un proyecto humano y editorial sin fronteras.
Vázquez Medel pegó el pellizco entre los asistentes cuando recitó la Elegía a Francisco Giner de los Ríos de Antonio Machado, en invocación a su amigo Manolo.
Cogió el testigo el editor de Alfar, Bernardo Calderón, quien habló en nombre propio y de Luis Oliva, para dejar constancia de que la razón vital que es esa cooperativa de amantes de los buenos libros prosigue en su batalla cotidiana por solventar las circunstancias económicas y fomentar la lectura. Y como en toda labor que conlleva unos relevos, Miguel Nieto Nuño, cofundador de la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad de Sevilla, la primera en desarrollarse desde hace cuatro años en España, en la Europa continental, y la segunda a nivel mundial tras la colombiana de Bogotá, habló de asuntos importantes en los que la figura de Vázquez Díaz fue compañero de proyectos: encauzar la ilusión vocacional de las nuevas generaciones de estudiantes hacia la escritura. Y apoyarles en el destino de cada uno, frente la burocracia tan rancia y anquilosada que existe en el mundo universitario.
Nieto Nuño anunció que pronto verá a la luz la Asociación Literaria Américo Vespucio, para dar cabida a hombres y mujeres de cualquier generación que disfrutan con la escritura y los libros en sus muy diversos estilos y géneros.
Y le llegó el pergamino a Ángel Acosta, director del Departamento de Periodismo I de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Sevilla, quien sacó de sus entrañas una reciente vivencia que había compartido con la mujer de Vázquez Díaz. Fue a casa de la pareja y ella le animó a coger algunos libros de su biblioteca. Al cronista este gesto humano, lleno de profundo simbolismo, le recordó lo que vivió Julián Marías a la muerte injusta e incivil de su amigo Julián Besteiro cuando también fue a casa de ése y su esposa le pidió que tomara un texto de la biblioteca. Ángel Acosta después de disfrutar en ese paraíso de amistad, cogió una Antología de Mario Benedetti, del que leyó Estados de ánimo. Y El capital de Marx y Engels. Rememoró Acosta que Vázquez Díaz fue su primer jefe, pero sobre todo descubrió a un amigo y compañero.
La emotividad iba subiendo en el noble auditorio entre ponentes y acompañantes, acompasándose las voces, reflexiones y sentimientos con los silencios. Por ello, sabiamente recurrieron los organizadores a un vídeo de la chirigota gaditana El que la lleva la entiende, otra de las manifestaciones culturales por la que Manolo sentía especial entusiasmo.
Imagen de Manuel Broullón
Y como de cultura oral se trataba, emergió poderosa la cuentista Lola González, quien siendo una penene, como muchos de su generación, cogió la bella ilustración que se hizo para su obra Cantar y jugar, aquella que salió de las historias escuchadas a los mayores y de la que ella se hizo albacea y maestra, para recordar cómo Manolo supo encauzar su maleta llena de cuentos ilusionados hasta convertirla en libro. Lanzó Lola González su hasta luego mandándole un beso…
Que cogió al vuelo Adrián Huici que vino de Argentina para encontrar en Manolo el padre que el ADN le negó. Un progenitor muy peculiar, porque entre confesiones de tertulia y amistad, Huici reconoció que una ocasión Manolo –gran admirador de la belleza femenina–, le comentó que si hubiera sido mujer se habría enamorado de él. Para a continuación añadir que seguramente dado el talante irónico y amistoso de Vázquez Díaz, se lo habría dicho a más de uno de los presentes.
Voló la palabra desde el atril hasta los asistentes, y el poeta, periodista y editor Juan Antonio Bermúdez, coincidió en lo que supuso Manolo en su vida cotidiana cuando entró como becario en Alfar y a los tres días ya tenía las llaves de la casa. En empatía hacia los dos Vázquez, leyó un poema. Y del verso a la prosa de Ana, hija de Manolo, para recordar al padre, al hombre bueno, antes de que todo el mundo se uniera sobrecogido para gozar con un montaje audiovisual en honor a Vázquez Díaz. 

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