La cara B de los grandes eventos

Después de unos días de intenso trabajo, tuve tiempo para verme como sabéis la comunidad lectora con Sofía, y ayer con Rúas. El lugar elegido también fue el Rick´s. Como quedamos al mediodía, optamos por unas cervezas sin alcohol y unas tapas. Esas de toda la vida que sientan muy bien porque están hechas con espíritu de los fogones caseros. Os recomiendo, entre otras, el salmorejo y las tortillitas de bacalao.
La tertulia con el amigo y compañero de profesión versó sobre los acontecimientos que se vienen produciendo en los últimos días en Brasil. Resulta llamativo que, de pronto, ciertos medios de comunicación con larga trayectoria en la España en permanente transición democrática y en otros países con democracias representativas de rancio abolengo, presentaban al querido país iberoamericano como ejemplo de desarrollo económico y social. Solamente os animo a tirar de hemerotecas y para botón de muestra estos dos ejemplos de la prensa nacional para que vosotros mismos comprobéis la cara A y la B. No solo ha pasado con Brasil, os propongo que veáis cualquier país en los últimos treinta años. Y a determinados medios de comunicación internacionales. 
En gesto de cariño y respeto al maestro Rúas le pregunto, ¿qué está pasando en buena parte de los medios de comunicación de un tiempo a esta parte?
Él me mira con los ojos encendidos por una luz radiante porque he intuido sobre qué quería que versara la tertulia de hoy y por la pregunta. En esto último a Rúas le pasa como a mí, que sentimos admiración profunda por Julián Marías, quien siempre recordaba que más importante que las respuestas son las cuestiones. Por un doble motivo: primero, para centrar la atención en lo que es realmente importante para la vida y la convivencia. Segundo, para a partir de ahí plantearnos qué vamos a hacer, qué no y cómo. En definitiva, las posibles trayectorias a tomar.
Y Rúas se remonta a hace diecisiete años cuando compaginaba sus quehaceres periodísticos y la enseñanza de esta vocación en una Facultad de Ciencias de la Comunicación. Un joven estudiante a raíz de un lúcido artículo de Gabriel García Márquez sobre la profesión periodística, y de sus incipientes lecturas sobre las estructuras mediáticas y la constatación que estaba empezando a tener de la vida como reportero, tituló su breve ensayo El periodista altavoz. En aquel estudio, Rúas nos apunta que aquel estudiante y cronista incipiente hablaba de cómo la mayoría de los periodistas y medios de comunicación estaban cayendo en un error grave: convertirse en meros altavoces –en el sentido cosificación del término– de ciertos personajes, instituciones y grupos de interés.
Una prueba manifiesta de ello, como ya he apuntado en otros artículos del Rick´s Café, es la proliferación de las ruedas de prensa y los gabinetes de comunicación. En la mayoría de los casos, la realidad ha demostrado que eran gabinetes de opinión o propaganda, y ruedas no de prensa y sí de cruces de declaraciones. Demasiada ideología vacua, cortoplacista. Es curioso, porque la palabra ideología en su propia construcción está llena de sentido claro, si es que le aplicamos con sensatez y sensibilidad el análisis de la razón histórica que descubrió Ortega. Ideo y logía, como dando por hecho por el mero arte del birlibirloque que cualquier ideología estaba ya cargada de una idea lógica. Pues miren ustedes, la historia de siglos y la más reciente nos demuestra que no.
¿Qué ha pasado con las circunstancias comunes –las más importantes y también mayoritarias–?
Toda ideología, algo normal, encierra una visión de la persona y de las circunstancias. Y las circunstancias son el otro, los demás, el vecindario, las generaciones, la sociedad o pueblo, el país, el resto del mundo, la naturaleza… Es normal debatir, discutir, dialogar. Lo hacen las personas y los pueblos desde hace varios milenios. Ahora bien, ya es hora de que tengamos presente la realidad de las circunstancias propias y ajenas para que no caigamos en errores reiterados ni en corrupciones pasadas o presentes.
Brasil, se nos presenta, lo recordaréis, como gran ejemplo. Sin lugar a dudas, que ese país como cualquier otro, tiene sus virtudes. Alabemos y tengamos esas de buen ejemplo. Pero también sus carencias y sus corruptelas. Ninguna nación es ajena a ambas. Y vuelvo, tras darle el último bocado a una tortillita de bacalao, a hacerle una pregunta al amigo Rúas: ¿qué podemos hacer para superar las carencias y las corruptelas?
Rúas, le da un sorbo a su salmorejo, lo saborea, me mira con entusiasmo y espeta: querer la verdad, mimarla y transmitirla. Querer aprender a cómo hacer bien las cosas y a trabajar en equipo. Dar una educación real en valores que se asuman, valores que promuevan de verdad la asunción de las responsabilidades para disfrutar de los derechos cívicos o humanos. Poner como ejemplo a quienes son honrados y coherentes, y sacar a la luz a los tunantes y pedirles responsabilidades. Así, las arcas públicas de las administraciones y las privadas de las empresas o familias, estarán sanas de verdad y podrán asumir una economía para las personas, las familias, las diferentes generaciones que conviven, los pueblos…

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