Luisa Mora Alameda: "El invierno es también una conquista de la sabiduría interior"

El Rick´s Café vuelve a Yepes (Toledo) para sentarse a dialogar con la poeta Luisa Mora Alameda por la reciente publicación de su premiado El mundo raro. Es gozoso hacerlo porque escuchándola hablar se aprende de la vida, se disfruta de la poesía, y se encuentra en su prosa la música sublime que encierra su lírica. Es una persona que conoce los múltiples caminos que en la vida se presentan, y como los seres sabios ha optado por la bondad, el amor, la superación, el conocimiento propio y de los seres e islas con los que convive.
¿Qué te ha hecho comenzar a disfrutar del invierno a partir de un momento y de una etapa de tu vida?
Quizás cuando se es más joven, la luz, el sol, nos parecen necesarios. Se sale más a la calle, se vive más, necesitamos exteriorizarnos, física y mentalmente.  Ahora, con todo lo que he vivido, bueno y malo, encuentro en el invierno bastante belleza. Una se mete para sus adentros, se interroga, se busca y muchas veces se encuentra.  Otras, lo intenta y en intentarlo también hay algo agradable, como una búsqueda sin respuesta pero que necesita de perseverancia, de lucha, de tiempo ocupado en tal labor. Yo como todo ser humano, he cambiado con el paso del tiempo, he evolucionado. El invierno es también una conquista de la sabiduría interior, donde todo lo que fue bello sigue siéndolo y lo que no nos parecía que lo era, se torna a veces en absolutamente necesario.
¿Quién es ese niño enamorado que pretendía besarte en la cabeza?
Quizás fuera un vecino que salía a la calle a jugar, como lo hacíamos todos los demás. Allí nos relacionábamos, nos descubríamos, nos comunicábamos, aprendíamos a amarnos en diminuto, como digo en ese poema. Ese niño era el amor que, como un germen, va creciendo, desarrollándose. No era mi marido actual. Podía haber sido cualquiera. Siempre hay un niño, en algún sitio, de nuestra infancia, que desea besarnos, en la cabeza o en el corazón.
En “Infancia” retratas las carencias de la época como el abastecimiento del agua. Había que ir con botijos a la fuente. Y, sin embargo, se sabía disfrutar de la vida a pesar de esas carencias y de los reveses. Varias preguntas: ¿Por qué? ¿Qué positivo había?
Claro. Era así, exactamente. Mi casa era humilde, como casi todas las casas de Yepes. No había agua corriente, después sí la pusieron. Recuerdo que las mujeres bajaban al valle a lavar la ropa a las fuentes que había por allí. Yo y alguna de mis hermanas solíamos ir, cada mañana, con los botijos a por agua. Recuerdo que solía sentarme en algún pequeño montículo y me ponía a pensar mientras respiraba un aire limpio y maravilloso. En el fondo me gustaba. Yo diría que casi todo fue positivo en ese tiempo.
¿Y qué negativo había?
Negativo quizás la minusvalía de mi hermana Eva y el sufrimiento de mis padres por esa causa, aparte de las carencias económicas, que en realidad nunca influyeron demasiado en dicha infancia. La felicidad, en aquella época,  no se medía en tablet de último modelo, ni en marcas de ropa.
En nuestro tiempo, qué ves positivo y qué carencias observas.
Yo quiero creer que de todo se puede entresacar algo positivo. Nada es absolutamente positivo ni totalmente negativo. Es el cristal con el que miramos el que aclara u oscurece el momento actual. Por supuesto, hemos dejado de vivir en un tiempo de bonanza, con el sufrimiento terrible que esto conlleva para muchísima gente desesperada porque no encuentra trabajo o es desahuciada, por ejemplo. Lo que sucede es que, hasta en lo más terrible, podemos encontrar una esperanza. Afortunadamente las mayores cualidades del hombre no tienen precio, por lo tanto no pueden ser compradas ni vendidas. Y eso es lo que nos hace ser seres humanos que podemos continuar siendo felices, a pesar de dichas carencias.
El silencio propio y el de otros cercanos, ¿encierra mucho dolor superado o dejado atrás?
El dolor, como el amor, es intrínseco en la persona. Lo que sucede es que el grado del dolor humano difiere de unos individuos a otros. Depende de la sensibilidad, del aguante, de la tolerancia, del cariño, y por supuesto de los acontecimientos más o menos trágicos que nos afectan y que no pueden remediarse de ninguna manera, pero que se afrontan con valor y con esperanza. A veces se superan, otras no, pero se aprende a vivir con ellos.
¿Cómo fue ese sentimiento, ese chispazo interior, con la primera mirada asombrada de Santiago?
Supongo que el día que conocí a Santiago no podíamos imaginar que llegaríamos a pasar más de 37 años juntos. Creo que su mirada sería   la de cualquier enamorado. El amor es algo que no pasa de moda y sus síntomas todos los hemos experimentado alguna vez. Así que él no sería diferente. Yo tampoco, por supuesto.
Centrifugar las carencias pasadas, ¿para darse cuenta de todo lo bueno hecho juntos, incluso los malos momentos y los desencuentros?
No sé si centrifugar, pero viene bien analizar alguna vez todo lo que conforma una relación. Incluso puedes centrarte en lo más negativo, intentando entresacar la causa de algo que se haya hecho mal y luego confrontarlo con lo positivo y ver qué tiene más peso. Si hay amor, siempre se saca una buena conclusión. Pero el amor, como la vida, es una lucha constante. No es tan fácil. Por eso, cuando pervive a pesar de todas esas vicisitudes, hay que celebrarlo.
¿Qué valor tiene ser asertivos y no entrar a trapos míseros?
Es mejor vivir positivamente, no preocupándose demasiado de cosas que pudieran parecer importantes y no lo son. Los trapos míseros, como tú dices, intentan, en cierto modo, rebajar nuestros valores de seres humanos, haciéndonos bajar al nivel de esa miseria. Es mejor ser positivos, esperanzados y luchadores. Esas son para mí las mejores cualidades. Y lo demás es perder el tiempo.
¿Cómo son esos pendientes hechos con versos?
En ese poema quería ser positiva. Me encantan los pendientes. Es una de mis debilidades. Pero siempre son pendientes que cuestan poco dinero, nunca suelo llevar oro, ni nada de eso. Creo que soy bastante sencilla y me parece que no van con mi manera de ser y de vivir. Esos pendientes preciosísimos, en términos de positividad, como hablo en el poema, están hechos con los versos más sencillos que he podido encontrar en mi poesía. Pero ojalá fueran tan maravillosos que todo el mundo los llevara puestos. Eso sería un verdadero sueño para mí.
¿Qué rareza sorprende a la persona y ocurre cuando no se la espera?
Mira, he tardado mucho tiempo en darme cuenta de la rareza de la vida. He tenido que pasar de la cincuentena para volver la vista atrás y enhebrar una serie de acontecimientos que parecían sin importancia y que luego han significado un giro radical en mi existencia. Muchas veces he escuchado, leído, visto en algún documental de esos no menos raros, que los niños son los que descubren antes que nadie esas rarezas, por ejemplo tienen amigos imaginarios con los que hablan, ven espíritus, se adelantan a los acontecimientos. Yo he sido más tardía, pero así, con el conocimiento de una mujer madura, me he podido percatar de que lo raro no es tan raro y de que lo normal no es tan normal.
Aprecio en tu poesía que has bebido de las ricas fuentes de la mística poética española. ¿Cómo fuiste desarrollando ese rasgo tuyo y de tu obra?
Realmente sí que puede ser lo que tú dices, pero creo que he bebido de todas las fuentes. La poesía me interesa sobre todo por lo que transmite, por la belleza de su lenguaje, por su originalidad, por romper moldes, por su estilo clásico unas veces, por ser vanguardista otras. He leído a muchos poetas y me siento influenciada por todos ellos. No quiero dar nombres, pero siempre he procurado leer poetas buenos y es un consejo que doy siempre. También por supuesto poetas de amigos y de gente que empieza y a quien me gusta ayudar en ocasiones. 
¿Qué te aporta la lluvia?
La lluvia está muy relacionada con mi poesía. La nombro en títulos de libros, en poemas, en versos. Escribo cuando llueve. Me siento recogida cuando la veo tras los cristales de los balcones de mi casa. Pero últimamente, como en El mundo raro, toma cuerpo y se torna incluso en objeto de deseo. Pero no puedo decirte por qué sucede todo eso. Es algo que me ha acompañado siempre y que forma parte de mi personalidad.
¿Cómo es la música que encierra la palabra haragana?
Pues es una música tranquila, queda, que no nos altera demasiado, que nos deja estar en paz, pensando en nuestros versos, proyectando nuevos libros, olvidándonos de nuestras obligaciones cotidianas que pueden esperar, porque siempre hay tiempo. Ser haragana es necesario, a veces. Después vendrá la prisa, el reloj, la gente que chilla, el mundo que se mueve.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Me gustaría solamente hablar de los libros que se escriben solos, cuando ellos quieren y de la forma en que ellos quieren. Hay libros que necesitan elaborarse durante un tiempo, posarse sobre la mesa del estudio. Otros, como El mundo raro son aves ligeras que echan a volar pronto. Son cosas raras de la vida. Cosas que nos suceden a todos los escritores.

Comentarios

  1. Es mejor vivir positivamente, no preocupándose demasiado de cosas que pudieran parecer importantes y no lo son. Los trapos míseros, como tú dices, intentan, en cierto modo, rebajar nuestros valores de seres humanos, haciéndonos bajar al nivel de esa miseria. Es mejor ser positivos, esperanzados y luchadores. Esas son para mí las mejores cualidades. Y lo demás es perder el tiempo.

    Eres unica niña, toda tu estrevista es genial, pero esto me ha llegado al alma y no se por que, Bueno si lo se! un abrazo y enhorabuena Te mereces todo lo mejor...

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  2. Gracias Victoria, me alegro de que te haya gustado la entrevista a Luisa Mora. Encantado de verte por el Rick´s Café y de que lo compartas. Feliz fin de semana.

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