Nuevo SOS desde República Centroafricana


                                          Guilaine, junto a su hijo. Un Seleka mestizo la violó.


El verano está a la vista en el Hemisferio Norte, mientras la República Centroafricana es un volcán caliente en erupción con sus laderas viendo correr lava, como describe la fuente comboniana. Angustiado, atormentado, pese a que busca el consuelo en su experiencia de la vida, en las situaciones compartidas con el resto de misioneros y cooperantes, y en su fe en Dios, se pregunta a diario: ¿Cuándo saldremos del agujero? ¿Hasta cuándo seguiremos en manos de estos mentecatos? Esta es la manera dulce y suave de llamar a los mercenarios Seleka con quienes además tiene que lidiar y negociar a diario. En la última semana se ha visto obligado a viajar a pie unos 6 kilómetros, la distancia que separa la catedral de Bangassou de la iglesia de Tokoyo. Y es que el coche de la misión de Ouango está en poder del líder Seleka en la zona, el comandante Abdala, originario del Darfur en Sudán. Abdala les ha quitado el auto con la excusa de perseguir a los ladronzuelos de Bangassou y poner orden entre sus vasallos. Son paradojas y falacias de las guerras. Cada vez que se sientan a negociar con Abdala requieren de la presencia de un traductor, ya que el líder Seleka sólo conoce el árabe hablado y no sabe escribir. Otro detalle más de con qué tipo de gente se juegan la vida y los humildes recursos a diario para lograr que continúen las clases en la misión, poder atender a enfermos de sida en el centro médico del Buen Samaritano, pasar con un camión lleno de arena sin pagar peajes o para que aterricen los aviones de la Cruz Roja.
El misionero comboniano, hablando con otro compañero protestante, coincide en que esos Seleka son pervertidos como también los hay entre católicos y protestantes. Han sufrido en la misión los robos de 28 coches y 3 motos. Entre el 21 y el 22 de abril, en Ouango, han quemado los Seleka 900 cabañas, casas de ladrillo y graneros. Lo más doloroso fueron los 10 asesinatos y las numerosas violaciones de mujeres. Es el caso de Guilaine –la mujer de la imagen–, quien se encontraba en su cabaña acompañada de su hijo, cuando tres soldados que fingieron buscar armas, la obligaron a practicar sexo con uno de ellos, un yihadista mestizo. Fue metida en una casa, donde el violador hizo de las suyas, mientras dos mujeres en edad de ser abuelas escuchaban desde la cabaña el horror. Aguirre se emociona cuando nos narra cómo Guilaine les contaba tranquilamente lo que le había pasado sin hacer ningún drama sórdido, una bella tarde soleada de finales de mayo. Ella sólo pide que se haga justicia en su día, mientras lamentaba que le hubiera roto aquel tipo las únicas bragas que tenía. Se sobrecoge uno al escribir este detalle tan real como la vida.
Tras estos siete primeros meses de guerra civil desatada, el nerviosismo está llegando a un nuevo punto de locura entre los Seleka, especialmente los que apenas tienen edad de adolescentes, ya que apenas tienen qué llevarse a la boca. Esa situación les hace más temibles y agresivos, cargados con hileras interminables de balas calibre 12.
La fuente comboniana y el resto de misioneros y cooperantes junto a la gente del pueblo están recabando toda la información posible para que algún día los responsables de esta sanguinaria guerra sean juzgados por el Tribunal Penal Internacional y paguen sus deudas con este pueblo. Sin embargo, hoy en día se da la paradoja de que los petrodólares prometidos no llegan porque el Tribunal Penal Internacional está ojo avizor. El misionero pone el grito en cielo, se le sale el alma por la boca, cuando afirma: para comprar a Neymar no hay problemas. Para subvencionar la ayuda a Centroáfrica se lo piensan dos veces. Se ha pasado del poder corrupto y nepotista del general Bozizé –quien campa entre Camerún y su mansión en Benín–, a ser pisoteados por mercenarios incompetentes y salteadores de caminos. La falta de liquidez es acuciante. Solo soportan aparte de los misioneros, Cruz Roja Internacional y Médicos sin Fronteras.
Antes de despedirnos hasta el próximo encuentro, la voz comboniana nos recuerda que desde España múltiples entidades y personas están ayudándoles o preparándoles auxilios humanitarios para cuando sea posible llevar a cabo la reconstrucción de Bangassou. Agradece la labor de Manos Unidas, de Ayuda a la Iglesia Necesitada. Se acuerda de quienes organizan desfiles, conciertos, saltos en paracaídas o maratones para que la Fundación Bangassou siga contando recursos para el mañana tras la guerra. Por último, vuelve a clamar por la intervención de los países vecinos, de la Unión Africana, de la UE y de la ONU. ¿Se mojarán? El tiempo pasa y… 
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