El valor de la inteligencia emocional

Os voy a hablar de una película que he visto en varias ocasiones, El indomable Will Hunting, y que como las producciones clásicas tienen la cualidad de aportarnos algún matiz diferente cada vez que la vemos. Cuando la visioné hace unos días, una serie de detalles de la misma me hicieron meditar acerca de la visión cuantitativa establecida de las relaciones humanas, especialmente aquellas afectadas por lo económico, lo profesional y el estatus social. Podemos a través de esta cinta hacer un análisis sereno de nuestro tiempo.
Su argumento, sus personajes y los vínculos que se establecen entre ellos, los diferentes micromundos que retrata desde el enclave del mundo universitario, reflejan aspectos muy sugerentes para que cualquier persona, sobre todo aquellas que están entre el final de la adolescencia y el comienzo de su primera etapa adulta, se planteen las posibles trayectorias vitales. Pero también dadas las profundas relaciones interpersonales que se establecen entre Will, el profesor de matemáticas y el psicólogo, para que planteemos un tranquilo y enriquecedor debate sobre las relaciones intergeneracionales.
En el film, desde su arranque se está poniendo en juego el sentido de la vida para cada uno de sus personajes. Teniendo como referente a Will –magnífica la interpretación de Matt Damon como la del resto del equipo de actores–, pero al mismo tiempo ofreciendo tanto las historias de vida del resto de compañeros de reparto y cómo se tejen o destejen los vínculos entre cada uno de ellos.
Hay una clara radiografía de la salida del adolescente del grupo de amigos, de la pandilla clásica, con la sugerente pincelada de que ese colectivo de colegas han tenido una vida complicada porque pertenecen a familias desestructuradas, se han criado en barrios con problemas de maltrato o pequeña delincuencia. Pero también la sagacidad de los guionistas –los propios intérpretes Matt Damon y Ben Affleck– de mostrar con sensibilidad la cara oculta de aquellos adolescentes universitarios que porque estudian una carrera universitaria y sus familias están en una buena posición socioeconómica, se comportan con una actitud clasista. En esas escenas se pone de manifiesto las carencias de unos hábitos de vida y de otros, y las consecuencias que tienen para las nuevas generaciones y, por tanto, para las demás con las que conviven.
A lo largo de la película se pone en solfa la actitud rancia en la que han caído ciertos personajes o instituciones. Queda de manifiesto en los retratos de los psicólogos previos que tratan a Will hasta la aparición de Sean (una de las grandes interpretaciones de Robin Williams). O más adelante, cuando Chuckie –Ben Affleck– se hace pasar por su amigo Will durante los procesos de selección de varias multinacionales o de instituciones públicas estatales.
Y en el fondo del escenario, emergen dos figuras femeninas decisivas en la trama. Una brilla por su presencia, la joven estudiante de Medicina, Skylar –encarnada por Minnie Driver–. La otra por su ausencia latente, la esposa de Sean quien años atrás ha fallecido víctima de un cáncer. En una misma habitación, el despacho de Sean en la universidad, se producen dos momentos decisivos de tensión en el desenlace de la historia. Uno a raíz del análisis que hace Will de un cuadro que ha pintado Sean, y que refleja a un hombre navegando en plena tormenta. El otro cuando le hace ver la importancia de las emociones para ser feliz. Es ahí y en un silencio de otra sesión entre ambos en los que se produce el encuentro entre ellos y entender cómo superar sus respectivas circunstancias. El amor de pareja es decisivo. La mujer como liberadora, esa musa que ayuda desde su valentía, coherencia y compromiso a poner los pies en la tierra, y a vivir con pequeñas ilusiones cotidianas. Como queda de manifiesto en la cinta, no es necesario lograr la medalla Fields –máxima distinción mundial en el campo de las matemáticas– para ser alguien que merezca la pena y vivir con dignidad. Algo que el paternal profesor Lambeau (a quien da vida Stellan Skarsgard) habrá de descubrir. 

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