Figuras ejemplares


La serie de reportajes Pienso, luego existo que emite La 2 de TVE los domingos, y que cualquiera de vosotros podéis también visionar a través de la plataforma web de RTVE, donde están los programas ya emitidos, es un excelente trabajo periodístico y tiene un valor cívico de gran valor si se toma como referencia la diversidad de personas que vemos retratadas. Hombres y mujeres de varias generaciones pasan durante media hora por delante de los espectadores a través de la conversación serena y profunda con ella, y con el complemento de dos invitados que conocen bien de cerca la trayectoria humana de cada retratado.
Esta serie está en la línea de otra emitida por La 2 de TVE, titulada Imprescindibles. De hecho en el Rick´s Café hemos comentado algunos de los documentales que han formado parte de Imprescindibles, caso del magnífico Taro, el eco de Manrique. Vemos en ambas realizaciones periodísticas y cinematográficas la admiración que los retratados han causado tanto en las personas que les conocieron como en los propios equipos de producción de esas series.
En los últimos días, he podido disfrutar dentro del archivo de Pienso, luego existo de los capítulos dedicados a las figuras de Margarita Salas, Adela Cortina y Emilio Lledó. Y resulta curioso porque en cada uno de ellos podemos apreciar una serie de valores y circunstancias comunes a lo largo de sus trayectorias.
Llama la atención como a Margarita Salas y su marido la figura de Severo Ochoa resulta capital. Cuando ella se disponía a elaborar su tesis doctoral, el Nobel español le preguntó si luego de terminarla iba a continuar su camino por la senda de la investigación. Ella afirmó que sí, y eso hizo que Ochoa aceptara dirigírsela. Para casi al mismo tiempo, aceptar ella la reflexión que le hizo Severo Ochoa de cambiar su tema de tesis por otro que él le sugirió. Esa meditación de ella a partir del planteamiento de su maestro, le ha permitido a lo largo de su vida dedicarse a unos campos de la ciencia que le apasionan y en la que junto a sus compañeros de investigación han sido pioneros.
Adela Cortina hablaba de la admiración intelectual que sentía hacia su propio padre, quien la animó desde pequeña a seguir por los campos del estudio que a ella le empezaban a entusiasmar. Comienza a hablar ella, y lo hace con una cita de Ortega, aquel maestro filósofo del que se vieron privadas varias generaciones de españoles de su aprendizaje por la locura injusta de la Guerra Civil. La sonrisa de Adela Cortina es empática, contagia ilusión, serenidad, compromiso, amor a los asuntos humanos que merecen la pena.
Y en el caso de Emilio Lledó vemos a ese hombre que siendo un adolescente de la posguerra española, tiene el feliz encuentro con Julián Marías en la academia Aula Nueva, donde el pensador madrileño junto a sus compañeros (la hija de Ortega o su mujer Dolores Franco, entre otros) le abre la vocación hacia la filosofía. Desde entonces, como relata con pasión y alegría Lledó, halló su sendero vital. Él transmite entusiasmo, alegría, coherencia y compromiso.
Ser feliz desde las vocaciones propias, viviendo con los seres queridos, eso es lo que nos transmite esta serie Pienso, luego existo. 

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