Incertidumbre ante la gestión sanitaria


“Pero ya somos ciudadanos del siglo XXI y desde la década de los 70 del pasado siglo, hemos asistido, por parte de la sociedad y de sus líderes, a una corriente que podemos llamar escéptica basada en la necesidad de dudar para obtener principios y en la necesidad de comprobar el conocimiento para justificar su veracidad. Este escepticismo se caracteriza por una serie de manifestaciones como el relativismo, el pragmatismo y el empirismo.
Dentro del escepticismo se esconde el dilema de la incertidumbre. Los filósofos de estas escuelas intentan resolverlo por la vía de la constatación de los hechos pero no les queda sino mantener una incertidumbre activa cara a los hechos administrativos y al entorno dirigente que administra el bien común, ya que no hay garantía de la persistencia de este bien o de su modificación no consensuada. Por tanto, no cabe sino mantener esta vigilancia ideológica desde la crítica instructiva de los mecanismos gestores y de los cuerpos legales de la sociedad. Para ello es condición sine qua non la existencia de un proceso democrático plenamente sentido por la población y que, desde todos sus ámbitos, exista una concienciación de exigencia de los bienes garantizados y de la tutela de estos.
Sólo en el más que hipotético caso que desapareciera la incertidumbre superaríamos el escepticismo. Pero esta desaparición en un principio «ametódico» es imposible ya que condenaría a un «silencio de los corderos» si siguiera siendo el hombre por definición y compromiso u ser social o llevaría a la aparición de una nueva sociedad en la que los «valores» cambiarían radicalmente ya que el individuo no precisaría para la obtención de la cobertura de sus necesidades sino el apropiamiento personal de los bienes disponibles en la medida que el definiera como «sus necesidades». Si este individuo forma parte de una «casta» o existe una casta en la que se integre, siquiera de forma provisional, en clave identitaria de casta la revuelta estaría servida socialmente ya que, al menos durante un tiempo, coexistirían dos formas de sociedad irreconocibles entre ellas.
Las probables consecuencias las dejamos a la imaginación (¿pesadilla?) del lector.” 
Varios autores: Acciones y Palabras. Planeta, 2013, cap. 1, pag. 29

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