"La vida es un taller...

… a veces nos va bien, a veces nos va mal”. Esta frase del personaje de Valentín en la película El sueño de Valentín resume esta obra magnífica. Ese tipo de cine capaz de hacer reflexionar y sentir sobre el sentido de la vida y la convivencia a cualquiera que se siente a verla, salvo que se haya optado por la frivolidad o la demagogia como modus vivendi, que también espectadores así haberlos haylos.
Una vez más, director, guionistas y productor se ponen de acuerdo para a través de la mirada de un niño ofrecer cómo es el mundo y cómo podrá ser si se toman unas decisiones u otras. Está claro, pese a quien le pese, que los objetivos y los fines están entrelazados. Y no es lo mismo recorrer el sendero vital con unos valores asumidos que con otros, ni tampoco fijarse unas razones vitales que otras.
El panorama que nos presenta la trama es desolador en apariencia. Un niño que vive con su abuela porque su madre se ha separado de su padre, aunque más adelante sabremos novedades sobre ese asunto. Detalles que humanizarán aún más la historia y que profundizarán todavía con mayor gravedad en las consecuencias de los actos de uno sobre los otros, mostrando con claridad la diferencia entre una relación de amor y otra de amigos amantes. Aunque claro cada uno es libre de elegir y saber a qué juega. El padre de Valentín es un mujeriego que se contenta con pagar los gastos de su hijo y de tarde en tarde visitar a su vástago en casa de su propia madre –la abuela del chaval–. La interpretación de Carmen Maura de ese personaje es soberbia, ya que asume el papel secundario con un magisterio que refleja con nitidez lo que ha sido la realidad de muchas abuelas durante años asumiendo esa relación maternal.
Valentín a pesar de los inconvenientes que le ha vida le ha regalado, vive con alegría, ilusiones. La melancolía o la tristeza que también aparecen en determinados pasajes son frutos de un doble motivo. Por un lado, el descubrimiento de que esas vivencias también forman parte de la existencia. Y, por otro, el coraje que va echando ante esas vicisitudes para hacerles frente. Valentín no se rinde. Se llena de imaginación, la hace brotar, va aprendiendo a elegir con quien tratarse, porque su propósito en la vida es amar y ser amado. Sentir que forma parte de una familia real, no ficticia ni impuesta. Con el paso del tiempo, entiende que su abuela lo adora y que ella es su gran referente afectivo. Pero también tiene que torear el bajonazo del egoísmo adolescente de su propio padre ocupado en sus ligues. Desde la distancia conoce el amor de una auténtica relación sentimental, la que descubre cuando la pareja de su madre le cuenta emocionado lo que le ha ocurrido a su progenitora. Ese es uno de los momentos decisivos del film. El músico y la música pondrán armonía y sentido a tanto gravitar. 
Y Valentín como todo escritor clásico transita desde protagonista a novelista cuando traza un final sublime que vosotros ahora podréis descubrir en este enlace:
http://vimeo.com/15018552

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