Leandro Sequeiros "La vida es búsqueda compartida"

Se siente el silencio en estos días de verano. Las calles, salvo a las horas de las compras cotidianas o cuando la noche anuncia su llegada, transmiten las pausas del estío. Y ahí nos acercamos a conversar con Leandro Sequeiros, filósofo, paleontólogo, profesor, periodista y escritor. Su trayectoria intelectual es profunda y está marcada por la figura de su amigo y maestro Teilhard de Chardin. No se conocieron en esta vida, pero hay lazos eternos que se establecen cuando dos personas conectan. Su cercanía hablando, él que conoce bien las estancias universitarias de la Pontificia de Comillas en su sede de Alberto Aguilera, me recuerda a Julián Marías, quien impartía muchos de sus cursos en el cercano Conde Duque y vivía en la calle Vallehermoso.
Leandro Sequeiros jesuita heterodoxo como Teilhard y otros, como aquel personaje genial del teólogo de Las sandalias del pescador que aceptó ser desplazado a cambio de buscar la veracidad y jugársela por ella. Quien quiera conocer más de cerca sus trayectorias vitales puede leer su Memoria agradecida al cumplir setenta años http://www.bubok.es/libros/210907/MI-JUBILACION-VIRTUAL-Memoria-agradecida-al-cumplir-70-anos-SEGUNDA-EDICION
Cómo nació tu pasión por la figura de Pierre Teilhard de Chardin.
Me parece que la primera noticia que tuve sobre la figura de Teilhard de Chardin debió ser hacia 1960, cinco años después de su muerte. Pierre Teilhard de Chardin nació en 1881 en el centro de Francia, entre volcanes. Y falleció el día de Resurrección de 1955 en Nueva York de un infarto. Siendo yo novicio jesuita, nos pusieron en guardia sobre los peligros de sus ideas. Empezaban a publicarse sus obras en francés y se filtraban en España. Este aviso siempre crea morbo. Con lo cual me picó la curiosidad por conocer lo que había escrito.
El primer libro con textos de Teilhard debió llegar a mis manos hacia 1965. Y cuando me ordené de cura en 1971, pedí que, si querían hacerme un obsequio, me regalasen libros de Teilhard. Así pude tener casi todo lo publicado en castellano en esa época. Y siempre me han acompañado. Y los tengo remendados y subrayados. Y siempre hay algo nuevo.
En estos últimos años, siendo profesor de Filosofía en Granada, tuve ocasión de acceder a las ediciones francesas de otros libros de Teilhard no traducidos al castellano. Y siento pasión por su lenguaje, por su capacidad de expresar poética y literariamente muchas intuiciones que siempre me hirvieron en la mente y en el corazón. Puedo decir que bebo en el pozo de su sabiduría donde el agua científica sacia la sed de conocer, sentir y unificar las energías interiores en un solo venero.
Vemos en tu último ensayo sobre Teilhard que se va a publicar en la revista Pensamiento, las estrechas relaciones que mantuvo con figuras como Hugo Obermaier, uno de los grandes científicos de su disciplina en su tiempo. ¿Qué vínculos llegó a establecer Teilhard con figuras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central? Pensemos que por aquel entonces, Ortega comienza a ser un referente, o en su amigo y discípulo Zubiri.
Efectivamente. Después de ordenarse sacerdote en Inglaterra en 1911, Teilhard vuelve a Francia. Había terminado la expulsión de los jesuitas de ese país y podían volver a su patria. Teilhard fue destinado por sus superiores a estudiar en la Universidad. Le apasionaba el tema de los orígenes humanos. Y tiene la suerte de tener grandes maestros en París, en el Instituto de Prehistoria. Son sus maestros Marcellin Boule, Henri Breuil y Hugo Obermaier (alemán que trabajaba en París). Precisamente es en el año 1913 (hace un siglo) cuando Teilhard publica un ensayo sobre el libro de Obermaier sobre el origen de la humanidad. Y es también cuando junto con sus maestros viaja a España en verano para  visitar algunas de las cuevas que fueron habitadas por humanos hace miles de años en el norte de España, en Cantabria.
Obermaier volvió otras veces a España para investigar y fue maestro de otros prehistoriadores españoles. Además, cuando se inicia la guerra europea en 1914, Obermaier queda retenido en España de donde ya no salió en muchos años. Pero Teilhard nunca volvió a España. Y, por los datos que tengo, nunca tuvo ninguna relación con las figuras de la Facultad de Filosofía y Letras de lo que entonces era la Universidad Central (ahora Universidad Complutense). No creo que leyese a Ortega ni a Zubiri. Con Ortega y Gasset le une el que ambos fallecen el mismo año: 1955. Y Ortega y Zubiri no leyeron a Teilhard porque tenía prohibido publicar sus ensayos filosóficos o religiosos. ¡Qué ocasión perdida! Zubiri si debió leerlo más tarde, pues fallece en 1983; e incluso su esposa, Carmen Castro (hija de Américo Castro) tuvo mucho contacto con la obra teilhardiana, pues es quien tradujo al castellano las obras de Teilhard.
Cómo vivió Teilhard las tensiones entre sus descubrimientos científicos y los de otros colegas, y las presiones que pudo recibir de su congregación religiosa o de aquellos sectores más rancios de la institución eclesiástica.
Teilhard debió sufrir mucho durante su vida. Según su biógrafo Claude Cuénot, sufrió fuertes depresiones psíquicas. Pero siempre mantuvo firme su fe religiosa y sus convicciones como jesuita. Aunque en los momentos más duros le propusieron dejar la Compañía de Jesús para nombrarlo Catedrático en París, nunca accedió a ello.
Desde su ensayo de 1913, que ahora he comentado, se percibe su preocupación por la posibilidad de establecer puentes de diálogo entre la doctrina oficial de la Iglesia (estamos en “tiempos duros”, en 1913) y los descubrimientos científicos. Precisamente por una conferencia en la que intentó armonizar los datos de la prehistoria con la doctrina del pecado original, fue “destinado” amistosamente a la misión de China y así hacerle desaparecer una temporada.
Tal vez hay una cierta confusión en algunas cosas. Por ejemplo, es necesario decir que las aportaciones de Teilhard a la ciencia han sido escasas. Tal vez –aunque alguno se sorprenda– Teilhard es reconocido por sus trabajos sobre los granitos de China y no por el asunto del hombre fósil de Pekín.
Hay gente que piensa que Teilhard fue el descubridor del Sinanthropus pekinensis, el hombre fósil de Pekín. Eso no es así. Basta leer La aparición del hombre (que es una recopilación de escritos de Teilhard entre 1913 y 1955) para darse cuenta de que él era un colaborador, uno más, del Servicio Geológico de China. Lo que ocurre es que escribió muchos artículos de divulgación sobre el lugar del hombre fósil de Pekín en el proceso de la evolución humana.
Tal vez el momento más duro para Teilhard debió ser cuando hacia 1930 se le censura en Roma el ensayo El Medio Divino, que es un libro de espiritualidad, y se le prohíbe publicar cosas que tengan que ver con la filosofía o con la religión. Sin embargo, no tuvo problema para publicar trabajos científicos. En 1972 se publicaron en facsímile una selección de los trabajos científicos de Teilhard ya publicados: son 11 gruesos volúmenes, muy poco conocidos por los amantes de Teilhard. Pero este es otro tema.
La sospecha sobre la ortodoxia de sus ideas le acompañó siempre. Y le hizo sufrir mucho por parte de algunos superiores de la Compañía de Jesús (seguramente presionados por los sectores conservadores del Vaticano). Tanto es así, que cuando Teilhard ya se vio mermado de salud, se planteó qué hacer con los miles de folios manuscritos. Intuía que, si moría, irían a la hoguera. Y, aconsejado por algunos jesuitas amigos, decidió legar todos sus escritos a la que fue en París su secretaria, Jeanne Mortier (recientemente fallecida). Ella fue la que, al morir Teilhard en 1955, impulsó la Fundación Teilhard y la publicación de sus escritos (de los cuales todavía hay cosas inéditas). Gracias a esto ha llegado hasta nosotros su pensamiento.
Hablas en este ensayo de la influencia que le causó las vivencias como camillero durante la barbarie de la Primera Guerra Mundial. ¿Qué pensamientos y emociones has tenido cada vez que has leído su Diario?
Las vivencias de Teilhard durante la Guerra Europea (1914-1919) están plasmadas en muchas cartas y en su diario (por cierto, no traducido al castellano). Dicen que en las trincheras de Francia “se destapa el genio teilhadiano”. ¿Qué experiencias pasan por su corazón? Fueron unos años de gran actividad espiritual. Lee a muchos autores prohibidos (entre ellos, a Newman y a algunos gnósticos) y se van configurando dentro de su mente-corazón las intuiciones a las que luego irá dando cuerpo y forma.
Los pensamientos y emociones que sentí, he sentido y siento al leerlos se alborotan dentro. Destaco este texto que lo llevo siempre presente: “Lo que cada vez me parece  más evidente es que no sabré llevar el Evangelio más que a “los que buscan”, y solamente predicándoles que “sigan buscando” [Carta a Margarita Chambon, 5 enero 1919 (en Génesis de un pensamiento, p. 327)]
Un apasionado de la búsqueda: y sobre todo, acompañante de los que buscan un sentido, un mapa del mundo, un lenguaje comprensible para nuestra cultura. Buscar. Por eso, suelo acariciar también los versos de Thomas S. Elliot: “No cesaremos de buscar. / Y al final de nuestro camino / Llegaremos al lugar del que partimos. / Y descubriremos aquel lugar por primera vez”.
La vida es búsqueda compartida. Si nos paramos, es que hemos muerto. Antonio Gala ha pedido que en la lápida de su sepultura diga: “Murió vivo”. Creo que es el mejor deseo.
Señalas el “regalo” que le supuso el destino a China. ¿Qué evolución como persona, científico y teólogo hay en Teilhard desde que asume esa circunstancia en su vida y a la vuelta de la misma?
Hay acontecimientos en la vida que solo adquieren sentido al cabo de muchos años. Todos somos conscientes de que, en el caminar por este mundo, tenemos la sensación de estar perdidos. Pero si subimos a la cumbre de un altozano, el paisaje y los caminos recobran su sentido. Y volvemos a orientarnos. Esto le pasa a Teilhard (como nos ha pasado a todos).
El destino de Teilhard a China fue más un exilio que una misión. Supongo que lo debió vivir con angustia: tenía delante en 1923, tras la lectura de su tesis doctoral, un futuro académico brillante y prometedor en París. Pero China fue para Teilhard una ocasión única para acceder a un mundo diferente. Además, su “destino” fue colaborar con otro jesuita, el padre Emile Licent, diez años mayor que Pierre. Este había montado en China un gran Museo de Ciencias con el objetivo de deslumbrar ante la ciencia europea y propiciar la conversión de los paganos. Nada más llegar a China, ambos jesuitas parten para el desierto de Mongolia para recoger fósiles para el Museo. Allí es donde Teilhard compone la famosa Misa sobre el Mundo. Teilhard se ilusionó enseguida con su nuevo destino.
Pero pronto chocó con Licent debido a las diferentes estrategias para la conversión de los chinos. Teilhard, entonces, dejó a Licent y se empleó en el Servicio Geológico de China. Prefirió insertarse en la ciencia china y no montar instituciones confesionales. Hay, por tanto, una evolución interior en Teilhard de la que podríamos hablar largo. Pero no es el lugar ahora. Solo apuntar que Teilhard, durante los muchos años en China trabajó sobre todo con los científicos chinos y los europeos que llegaban por allí sin afán proselitista, sino solo como “acompañante” de los que buscan. Así se fue fraguando su pensamiento y su espiritualidad.
Apuntas con claridad como Teilhard desde su primer ensayo ya busca tender puentes entre los puntos de vista enfrentados de la época que representaban los paleontólogos y las iglesias. Varias preguntas, la primera, ¿cómo se va forjando ese carácter tan complicado que supone ser un creador de puentes entre posiciones extremas?
Es de gran interés la lectura de Génesis de un pensamiento de Teilhard. Como sabes, Teilhard solo escribe un libro de una cierta extensión: El Medio Divino. Tiene unas 200 páginas (según las ediciones). El resto son ensayos breves, muchos de ellos nunca publicados en vida del autor. Tras la muerte de Teilhard, los componentes de la Fundación deciden publicar la obra de Teilhard en volúmenes que recogen diversos trabajos unidos por un hilo conductor. En Génesis de un pensamiento se contiene más de una docena de trabajos, presentados por orden cronológicos, en los que se puede ir siguiendo el hilo de sus vivencias.
En los primeros, late el interés por poner las bases científicas del origen de la humanidad. Si no hay una ciencia bien asentada, pocas conclusiones se pueden tener. El paso siguiente, es elaborar el marco filosófico dentro del cual se va situando la evolución humana y el futuro de este planeta. Teilhard es optimista y cree que el futuro será el de la súper humanidad. A mí muchas de sus intuiciones me remiten a lo que ahora es Internet: una gran mente universal al servicio del bienestar de todos los seres humanos.
Esto le lleva a unas vivencias interiores que configuran su espiritualidad. Y esta espiritualidad debe fundamentarla en una nueva teología. Así brotan nuevas imágenes de Dios, el Cristo Cósmico, el Espíritu, el Pleroma o Cuerpo Místico, el Punto Omega como centro de convergencia. Va dando forma a una teología diferente fundada en otros supuestos. Son los temas que reconoce en El Corazón de la Materia (escrito en 1950, pocos años antes de morir) que le apasionan y que dan forma a una mirada global, evolutiva, mística, holográfica de la realidad natural, humana y social.
La segunda, tratando temas espinosos de nuestro tiempo. ¿Qué piensas de las reflexiones de Leonardo Boff sobre los problemas de nuestro tiempo y las acciones que está llevando a cabo Francisco?
La pregunta es complicada porque Leonardo Boff, últimamente, ha hablado mucho. Sobre todo con ocasión de la visita del Papa Francisco a Brasil. Boff está muy contento. Tal vez en exceso. No capta suficientemente los condicionamientos (cuando no determinismos) que encadenan al Papa. La Curia es todavía muy poderosa. Hasta que no se desmonte toda, no va a ser posible tomar decisiones. ¿Recuerdas la novela –y luego película– Las Sandalias del Pescador?
Sí puedo decirte que el libro de Leonardo Boff, El Cristo Cósmico, es una reflexión teológico-franciscana de las ideas de Teilhard. De él publicamos un artículo en Tendencias21 de las religiones
[http://www.tendencias21.net/Hacia-una-nueva-conciencia-planetaria_a4343.html]
cuya lectura puede iluminar el conjunto de la teología y de la espiritualidad de Teilhard. Y que, posiblemente, pueda ser compartida por Francisco.
La tercera, desde tu posición, ¿cómo ves el diálogo cotidiano entre las personas y los representantes de las distintas religiones?
Una de las tareas pendientes en las tradiciones religiosas es el verdadero diálogo interreligioso. Sé que ha sido un camino difícil. Hace una docena de años, algunos de los teólogos que hablaban de estas cuestiones fueron reprobados, como Dupuis). No es fácil aceptar el que Dios habla a través de todas las religiones. Que la revelación bíblica no es la única revelación. Hará falta mucho tiempo para que la convergencia entre tradiciones religiosas (lo cual no significa fusión de religiones, sino convergencia y tolerancia en la diversidad) lleve a una Teología del pluralismo religioso.
Hay ya experiencias. No solo en el seno de las Iglesias cristianas (lo que se llama ecumenismo o acercamiento afectivo más que teológico entre las iglesias cristianas de oriente y occidente, entre las confesiones llamadas protestantes y las católicas) sino también en el seno del Consejo Mundial de las Iglesias (con sede en Ginebra).
La cuarta, ¿qué valores y proyectos pueden compartir una persona creyente y un ateo?
Más que hablar de ateos (que es ya una valoración peyorativa) habría que hablar de las personas no religiosas. Soy de la opinión, que lo que nos va a ir acercándonos es el compartir el proyecto común urgente de salvar el planeta amenazado por un mal uso de los recursos. Soy de la opinión de que las tradiciones religiosas pueden y deben ser más radicales que los organismos internacionales para atajar el problema ambiental ligado al de la justicia global. Un mal uso de los recursos del planeta no se corrige con lo que han dado en llamar “desarrollo sostenible”. Hay que ser más radicales. Esto no lo acepta la ONU ni otras organizaciones internacionales muy condicionadas por las grandes corporaciones del dinero y el mercado. Solo las tradiciones religiosas (junto con los movimientos sociales) pueden trabajar libres por “otro mundo posible”.
Retomando el tema de Teilhard, qué te llama la atención de hallazgos como los de Atapuerca.
Conozco bien el proyecto Atapuerca y sus resultados. Pero lo que más llama la atención es lo que ya Teilhard apuntaba: apenas sabemos nada de nuestros orígenes. Y saber más sobre nuestros orígenes no es un programa narcisista. No importa tanto de la nobleza de nuestra cuna, sino que lo importante es hacia dónde vamos. Cómo se perfila el proyecto que el “Peregrino del porvenir”, que decía Teilhard, se está configurando. Por eso en sus últimos años, Teilhard colaboró mucho con la UNESCO: pergeñaba, a partir del Visión del Pasado, cómo va a ser nuestro futuro como especie y como Guardianes de la Naturaleza, que ha dicho el Papa Francisco.
Atapuerca es solo una pequeña ventana que se está empezando a abrir hacia nuestro pasado. El número de fósiles humanos que conocemos es todavía muy pequeño. Hay muchas incógnitas sin resolver. Muchas preguntas en el aire. Confío que el conocimiento científico irá desvelando lo que fuimos para saber hacia dónde vamos. Ese es el valor de la investigación sobre nuestros orígenes.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
La figura de Teilhard es tan rica que quedan muchas cuestiones abiertas. Por eso, dentro de la futura Asociación de Amigos de Teilhard de Chardin no solo nos interesa divulgar su figura y la actualidad de sus intuiciones. Es necesario poner luz en muchos puntos oscuros. Por otra parte, algunas “sectas” cercanas a la llamada New Age pretenden apropiarse su figura. La espiritualidad de Teilhard es mucho más recia y comprometida de lo que muchos creen. No hay tanta gnosis y más realidad. No hay tanto panteísmo, como algunos dicen, y más diafanidad de lo divino en el Corazón de la Materia.

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