Una película distinta

Eso es El marido de la peluquera, una producción francesa estrenada en 1990. La historia es sencilla, parte del sueño de un niño que se siente atraído por la peluquera que le cortaba el pelo. Tal es así, que durante una comida familiar, su padre le pregunta ¿qué quieres ser de mayor? A lo que él responde: -Marido de la peluquera. La respuesta enerva al progenitor que sin venir a cuento le suelta un guantazo. Toda una prueba de la educación emocional de la época. Sin embargo, el ánimo lozano y romántico de Antonine, a quien interpreta con magisterio Jean Rochefort, no se aflige sino que continúa con su propósito hasta años después alcanzarlo con una bella y sensual mujer dedicada a ese oficio. Anna Galienna envuelve con su sensibilidad, inteligencia y una pasión que seduce a la cámara toda la trama. Es de esas mujeres que engancha a las lentes y los encuadres fotográficos de las escenas regalan erotismo y amor.
Este film es otro de esos ejemplos de cómo hacer cine que deja huella sin necesidad de acudir a presupuestos astronómicos e irreales, esos que cuando las taquillas no responden cómo los productores e inversores tenían pensado y no cubren las inversiones, provocan un efecto pernicioso en la industria cinematográfica. Les entra el miedo escénico, muy propio de quienes quieren pan para hoy y hambre para mañana, característico de los especuladores que van contra cualquier buena y larga vida de este u otro sector profesional. Y ya sabemos las consecuencias que eso tiene para las personas, las familias, los pueblos y países.
Pues a pesar de contar con un presupuesto corto, El marido de la peluquera alcanzó entre otros logros internacionales los principales premios del cine francés de aquel año, los César, y también el BAFTA a la mejor película de habla no inglesa. Y, sobre todo, veintitrés años después nos sigue dejando la ilusión de ver esta cinta, de emocionarnos con sus planos detalles, de enternecernos con las miradas entre sus protagonistas, de reírnos con los bailes árabes de Antonine. De ver cómo sube la libido ante los pasajes llenos de deseo que se desatan entre la pareja. En este sentido la combinación de juegos de colores de luces, la música de fondo y la complicidad entre los amantes resultan decisivas. Esos detalles revelan la inteligencia y saber hacer tanto del equipo de dirección como de los propios actores, capaces unos y otros junto a guionistas de montar escenas creíbles, con la particularidad de que varias de ellas están llenas de una imaginación que refleja como la realidad más elegante y transgresora supera a la ficción vacua.
Queridos lectores del Rick´s Café, ¿queréis gozar de cine clásico sin salir de una peluquería? Pues aquí tenéis el enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=8gekzYhBLBs

Comentarios

Entradas populares