Abajo la partitocracia, construyamos la democracia (1)

Los personajes y las tramas eran los mismos. El escenario distinto: el Senado de España. El Imperio Romano cayó por la corrupción generalizada de sus senadores que no era una realidad diferente a la de cierta gente que conformó aquella sociedad excluyente e injusta. O a las de otros países a lo largo de la historia. Este 1 de agosto, fecha elegida por la comisión de portavoces de las fuerzas políticas nacionales representadas, se escenificó la obra. Alguno de los intérpretes hizo el guiño fácil de la fecha elegida.
Si realmente España como el resto del mundo quiere una democracia limpia y sana, lo sucedido en la cámara baja, que es el reflejo de lo ocurrido desde hace treinta y cinco años, no puede volver a acaecer. Eso implica que todos y cada uno vivamos y dejemos vivir cumpliendo las normas de comportamiento y convivencia que nos demos, adaptando las mismas a la altura de las circunstancias intergeneracionales. Pero como en todo iceberg lo que se vio este jueves es solo la punta. Descendamos hasta los territorios regionales y locales auténticos centros de poder de las diferentes partitocracias. Ese caciquismo decimonónico que junto a las injustas condiciones laborales de la mayoría de los españoles de entonces y de ahora, y las absurdas cuestiones provincialistas y regionalistas de ayer y de hoy, provocaron la desvertebración de España y la Guerra Civil. En esos espacios se han tejido las tramas de poder en que se practicó la segunda parte de la primera parte contratante: la dedocracia. Allí se ponen y quitan sillas en las escenas al capricho de quienes tejieron las redes de decisión. Y ya lo dijo un ex vicepresidente del Gobierno experto en el juego del Quita y Pon cuando afirmó quien se mueva no sale en la foto. Curioso aquel tipo, cuando él y los suyos han sido de los más beligerantes contra cualquier aire fresco en la regeneración democrática. Lo estamos viendo una vez más en ese Coto de Caza y Finca en que convirtieron los suyos Andalucía desde que tomaron el poder maquiavélicamente y siguen practicando esa filosofía gubernamental en las propias estructuras de su partido y del sindicato afín.
Porque para erradicar el mal es necesario arrancar las semillas y las raíces corruptas. He ahí la cuestión. Cambian los personajillos y se mantiene el modus ideológico operandi desde Gibraltar a Finisterre, desde Cabo de Gata al Cabo de Creus.
Tiene que ser tiempo de justicia, esa que no mira ni el quién ni a qué familia, partido, empresa, sindicato o medio de comunicación pertenece la persona juzgada. Y para ello conocer lo qué realmente pasó y cómo se gestó es decisivo en todos y cada uno de los casos de corrupción conocidos y los que están por salir a la luz. Es inadmisible que los miembros del poder judicial se vean sometidos a frenos y obstáculos en sus quehaceres. Por todo es imprescindible que tú, que yo, que todos nosotros asumamos esa responsabilidad cívica que es exigir procesos judiciales que lleguen hasta el final y obliguen a todos los responsables a cumplir con firmeza las sentencias judiciales que recaigan sobre ellos.
Y en esa labor terapéutica los medios de propaganda en los que se han convertido muchos medios de comunicación públicos y privados no pueden quedar libres de sus obligaciones. Este 1 de agosto de 2013 hemos visto una vez más la torticera labor que se ha practicado al respecto desde TVE. Solamente se ha transmitido por la TVE 1 la intervención inicial de Rajoy y Rubalcaba, los máximos representantes del bipartidismo partitocrático desde 1978, como en otros tiempos lo fueron sus antecesores, o en las regiones y provincias los han sido y son sus secuaces. A partir de ahí se pasó el resto de intervenciones al Canal 24 Horas de TVE. La televisión pública de los españoles que junto a las autonómicas creadas después se han usado como un instrumento al servicio del gobierno de turno. Todos los propagandistas nacionales y autonómicos tienen sus cuotas de responsabilidad. Son los granmistas españoles cada uno agitando su bandera partidista, el carnet de su partido, el voto a los suyos en cada comicio, a cambio del puesto laboral. El periodismo fue y será otra cosa.
Mañana, cuando el compañero Rúas y yo terminemos de hacer la puesta en común, os regalaremos a toda la comunidad lectora del Rick´s Café la segunda parte de esta meditación. Si después de leerla os gusta, compartidla. Si no es así, hacednos llegar vuestros matices. Porque la democracia es cuestión de todos.

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