Abajo la partitocracia, construyamos la democracia (2)

Como os decía ayer, me iba a citar con Rúas en el Rick´s Café para analizar el esperpento ocurrido el jueves 1 en la cámara del Senado de España. Aunque era primera hora de la tarde, la ocasión merecía un martini bien preparado. Y comenzamos a hablar de lo que estaba ocurriendo en ese mercado paralelo al politiqueo que es la propaganda mediática económica.
Algunos datos económicos de los últimos días son curiosos. De hecho esos personajes de la trama política los han usado como armas arrojadizas este jueves. No nos dejemos engañar ni engatuzar los ciudadanos de este país ni de cualquier otro. Dos entidades bancarias nacionales han tenido en este primer semestre del año unos beneficios récord comparados con el mismo periodo de 2012. Curiosas esas instituciones financieras y lo que esconden esos datos. La realidad con sus matices es que aquellas dos como el resto de bancos de España se han visto obligados en los últimos años a hacer unas reservas de capital para garantizar sus obligaciones. Es normal que tiempo después vuelvan a presentar balances positivos. Una de las leyes básicas del sistema económico establecido, ya lo demostraron Mankiw, Romer y Weil hace décadas, es que toda institución o economía nacional termina creciendo después de un tiempo de decrecimiento o desaceleración, y que crecen más rápido aquellas con más margen de crecimiento que las economías denominadas maduras. Esa circunstancia, entre otras, explica el hecho de que el denominado enfriamiento que se está produciendo en las llamadas economías emergentes –China, Brasil, países del sureste asiático…– esté afectando al resto del mundo. En los reportajes que estamos publicando sobre Brasil se está mostrando las desigualdades del modelo de desarrollo económico imperante. Eso ayuda a explicar que el tan cacareado modelo de supuesto éxito alemán, que lleva decenios siendo el primer exportador mundial, se esté resintiendo.
Las dos citadas entidades financieras españolas están practicando como ya hicieron a principios de los noventa, como casi todos los bancos y cajas de ahorro, una política nefasta de reestructuración de sus plantillas. ¿Qué supone eso? Pues como cualquiera de vosotros habréis podido comprobar en vuestras sucursales en una pérdida manifiesta de calidad en los servicios que prestan. Reducen personal, eso sí no reducen las comisiones e invierten en aquello que según ellos les va a generar plusvalías. Con vuestro dinero hacen lo que vosotros dejáis que hagan. Además las condiciones laborales que establecen legalmente a través de convenios y leyes hechas a medida de sus intereses son peores para las nuevas generaciones de empleados.
De hecho, una de ellas desde principios de año se ha embarcado en la fusión de uno de sus buques insignias bancario con un ERE muy llamativo. Un banco que por cierto cayó en la quiebra en los años noventa cuando hasta se permitió la compra del JP Morgan que era uno de los principales bancos estadounidenses. Todo aquello ocurrió en tiempo de las burbujas especuladoras que fueron la Expo 92 y los Juegos Olímpicos de Barcelona bajo el paraguas protector de los gobiernos del PSOE que presidía Felipe González. Aquel gurú banquero con sus aliados políticos, mediáticos y sociales se convirtió en un modelo hasta que a otros su competencia les resultó insoportable. Lo curioso es que él y los otros eran de la misma calaña. Desde entonces el citado engominado sigue siendo llamado a medios de comunicación públicos y privados para ser entrevistado o participar en tertulias. Y demasiados jóvenes que entraban en ciertas carreras universitarias le tenían como ejemplo.
Como me apunta el amigo Rúas, que está a mi izquierda saboreando su martini, -bendecidos propagandistas con carnet y sueldo de periodistas los que le siguen llamando.
­–Los amantes del periodismo de citas, contesto con espíritu de Bogart.
–Les distes la réplica cuando eras un quijote universitario, apunta Rúas.
Si entre los cánticos del 15 M se decía –lo llaman democracia y no lo es. Aquí desde hace veinte años podemos cantar –lo llaman periodismo y es propaganda.
Con esa mirada lúcida de sus casi seis décadas me mira Rúas y me espeta –muchacho, ¿te acuerdas de la bronca que tuvimos tú y yo en 1996 cuando entraste de becario en la redacción de aquella emisora de radio?
Le miro y sonrió profundamente –sí me acuerdo amigo. Fue después de que me mandarais a cubrir un acto electoral de Felipe González acompañado por Cristina Alberdi –ministra de Asuntos Sociales– en Alcorcón. Aquel día ambos dijeron que España era el país de la Unión Europea con mejores pensiones y que aquello había sido gracias al PSOE. Eran los tiempos en que recurría aquel al PNV y CIU para mantenerse en la poltrona, como luego haría Aznar para acceder a su primer mandato como presidente.
–Estuvimos hora y media discutiendo. Te levantaste de la mesa de redacción y dijiste o cuento la crónica que he escrito a los oyentes, o me voy ahora mismo. Recuerdo que miré al director de la cadena que estaba entre nosotros, tu compañero becario te clavó los ojos como diciendo éste está loco. Y tú te levantaste para coger tu mochila e irte.
–Se hizo el silencio durante un minuto. Cuando iba a cruzar el dintel de la redacción, el propietario de la concesión de la emisora me dijo: ¡vale, adelante, si crees en lo que has escrito dilo por las ondas!
La realidad como demostré con datos irrefutables tras documentarme es que si los hombres y mujeres de España tenían pensiones en su mayoría era por el trabajo cotizado durante décadas. Por su esfuerzo. E informé a los 80.000 oyentes que tenía aquella emisora de que la realidad era que España ocupaba el 14º lugar en la estadística real de ingresos de sus jubilados. Entonces la Unión Europea la componían 15 miembros.
Por cierto que también había una minoría que contaban con pensiones porque algún familiar tunante con el beneplácito de los políticos corruptos de entonces y ahora les había permitido crear un historial laboral ficticio.
Rúas coge su martini y dice: –brindemos por el periodismo hecho a pie de calle y bien documentado. Mañana más…

Comentarios

  1. Después de leer con mucha atención tus dos artículos “Abajo la partitocracia, construyamos la democracia” y asistir un tanto asqueado al espectáculo poco gratificante de la cámara baja este primero de Agosto, uno, que lleva una dictadura y tres democracias en tres distintos países a cuestas, creo que tiene derecho a decir “ya basta”.
    Tus dos artículos estimado Manuel, reflejan fielmente la situación actual política de nuestro país, o más bien de algunos políticos que con sus perversos actos, tiran por tierra lo que otros más decentes tratan de arreglar.
    Quien conozca la dictadura sea de la tendencia que sea, sabe que toca obedecer y aguantarse con lo que hay, sin criticas ni rebeliones salvo que seas un héroe; pero en una democracia como la nuestra, con una constitución moderna llena de buenos deseos, de nobles reglas, de intachable contenido, ¿Cómo es posible tanta corrupción y tanta podredumbre?.
    Yo te lo digo amigo mio, España necesita una regeneración cultural desde la base, cultivar un civismo que permita convivir con quien opina contrario a tus creencias, alejar la envidia y el rencor tan propio de nuestro pueblo, y creer firmemente en que la moral esta por encima de cualquier otro estado.
    Mi más cordial enhorabuena por tus artículos, y gracias de nuevo por las horas de charla contigo que se pasaron volando.
    Fernando Moreno

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  2. Querido Fernando, como has podido comprobar las dos fotos que ilustran sendas meditaciones son dos artículos de referencia del diario El Sol escritos por el maestro Ortega. Ayer, que me pasé como tú y muchas otras personas contemplando las cinco horas y media de negación de las pruebas y reproches mutuos, llegué a la conclusión de que casi nadie de los diputados de la Cámara Baja actual tiene legitimidad intelectual, profesional ni ética para hacer la regeneración que nuestro país y el mundo requieren. Tienen que ser personas fuera de esa red de corrupción y mediocridad las que asuman el testigo y actúen con claridad hacia la ciudadanía, que a su vez ha de dar un paso al frente en la gestión participativa de las cuestiones comunes. El ejemplo desde hace años lo tengo claro: son personas que asumen la responsabilidad en la gestión de una empresa o de cualquier institución pública, y llevan junto a sus compañeros la nava a buen puerto. Si hay que cambiar horarios laborales rancios se cambian. Si a los empleados hay que pagarles buenos sueldos con sus cotizaciones a la seguridad social se les paga. Si hay que tomar prestada la ayuda de personas con décadas de experiencia en las tomas de decisiones para asesorar a las nuevas generaciones, hay que recurrir a esa fuente de contactos y conocimientos.
    Feliz fin de semana para ambos.

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