Ayer, hoy, mañana

Es de esas películas que te encuentras siendo un ratón de videotecas, como con los libros. Es la ventaja que tiene haberse acostumbrado a indagar. Entre las ofertas que presentan los medios de propaganda y los de comunicación, cualquiera de vosotros tiene la opción de elegir su propia carta cinematográfica y compartirla. Está claro que publicitar cualquier servicio o producto es necesario. De mi experiencia como editor soy consciente de que puedes tener El Quijote en el cajón de la oficina, que si no lo editas bien y luego haces una buena campaña comercial, el libro se acabará vendiendo pero será más tarde. Es el fenómeno que desde hace décadas se conoce en terminología anglosajona como long seller. Es la calidad de la obra unida al boca oído y a la valentía de un editor por apostar por un texto por el que otro no puso la carne en el asador lo que permite esa eclosión posterior. También a veces la ceguera de un sector de la opinión pública por obstinarse en recibir gato por liebre ahonda y repercute sobre ese fenómeno. Algo similar por no decir idéntico ocurre en el mundo del cine y en otros campos de creación. Es una consecuencia de la cultura del consumo de masas sin medida, sin contrarréplica. Como os decía en un artículo de la semana pasada, la economía de escalas es positiva. Otra cosa bien distinta es la aplicación de una visión económica que prima el resultadismo por encima de todo. Esta segunda como estamos viendo desde hace casi cuatro décadas cae en las prácticas piratas, que como sabemos aún son más viejas.
Pues convertido en un Ulises del siglo veintiuno me puse a navegar por la red. Ya sabemos los que pertenecemos a la generación de 1974 –nacidos entre 1967 y 1981–, que la serie Verano azul dejó una huella entre nosotros. Aunque en realidad su injerto se produjo en varias generaciones, las de los padres y abuelos de los de 1974 que de una u otra manera quedaron seducidos por aquella serie televisiva. Sería interesante hacer una investigación sobre el tema pocas veces bien estudiado, ya que nos ofrecería matices sobre el asunto tan roído de qué demanda la opinión pública.
Cogí la brújula del navegador e inicié mi ruta marina. Sonaba de fondo la sintonía del programa de Radio 3 Cuando los elefantes sueñan con la música. Eso para poner en cuestión el tópico de que un hombre no puede hacer dos cosas a la misma vez. Y, sobre todo, porque soy de los que prefiere disfrutar de algo mientras hago un esfuerzo. Nunca creí en el látigo de las galeras, ni en las reglas que atizaban sobre las manos, tampoco en la falacia de esas caras que fingen propia de los demagogos. Si algo cuesta, cuesta, pero es síntoma de sabiduría para la vida hacer llevaderos los esfuerzos, porque esos se asumen y asimilan de otra manera. Se encaran con ilusión y alegría, se da por bien empleada la perseverancia para alcanzarlos. Eso sí nunca caigamos en el sadomasoquismo ni en la obstinación desmedida. Hay que ser coherente con las decisiones tomadas y vivir las trayectorias.
Y ese es el tema que nos plantea la película Ayer, hoy, mañana. Un periodista en la tercera década regresa a su pequeña ciudad tras la muerte de su padre. Ha viajado por su país y por el mundo, y ahora ha llegado el momento de hacer balance de esa etapa, de ese primer viaje como adulto. Volver implica mirar atrás, otear la realidad presente y vislumbrar las posibilidades de futuro. Acostumbrado a huir cuando alcanzaba un propósito por un afán desmedido de conocer y de encontrarse, va quemando fases vitales. A su vuelta en un tiempo de crisis le está esperando un puesto de redactor en el periódico local donde inició su andadura siendo un adolescente precoz. Sin embargo, dentro de él hay un pozo de insatisfacción. Van apareciendo personas decisivas en su biografía, como una bella antigua novia que ahora diversifica su camino entre el restaurante que regenta junto a su socio, ser la nueva alcaldesa y un noviazgo tras su ruptura matrimonial.
Comienzan los dimes y diretes. El personaje masculino anda buscando su brújula vital. Sabe que tiene que rectificar y pedir ciertas disculpas, por ejemplo, a ella a quien dejó plantada. Lo hace. Y a partir de ahí se inicia un tira y afloja entre sí mismo y ella. Ya lo dijo el refranero popular donde hubo fuego quedaron cenizas. Entra en escena de imprevisto alguien que va a ir marcando el desarrollo y desenlace de la trama: otro periodista que se dedica al departamento de documentación y publicidad de unos cincuenta años. Lo curioso de su aparición y presencia es que se trata del propio cronista con dos décadas más. Eso le asusta a él, que piensa que aquel loco le está tomando el pelo. Poco a poco la evidencia de las pruebas le hará descubrir que es él.
La voz de la experiencia marcará el desenlace de cada acción que a partir de ahora habrá de tomar. Como me dijo en una ocasión Rúas: tendríamos que nacer siendo viejos y recorrer el camino hacia atrás.
Queridos lectores del Rick´s Café, aquí os dejo con el enlace a la película:
http://www.youtube.com/watch?v=s1qbCLXByoY

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