El maestro Azorín

Entre las alegrías que me ha traído la publicación de mi novela Volver a amar (la catarsis) Ediciones Atlantis, están sendas reflexiones que me han hecho dos lectores de la misma. Uno, el ingeniero Fernando Moreno –hombre que sabe lo que es aplicarse en su vida la frase de Ortega–. El otro, Jerónimo Saavedra durante la presentación de la misma en noviembre de 2011 en la sede del Club de Prensa del diario La Provincia. Ambos coincidieron en mi aprendizaje de la genial y sabia narrativa del maestro Azorín. 
Mi encuentro con José Martínez Ruiz se produjo como en muchos muchachos de mi generación en el último curso de la EGB, lo que hoy es 2º de la ESO. Como al resto de autores le empecé a conocer a través de fragmentos entresacados de sus obras acompañados con bellas ilustraciones. Teníamos que hacer comentarios de textos, esa actividad clave para la comprensión lectora y el fomento de la interpretación personal. Años después al leer la edición comentada que hizo Julián Marías del primer ensayo de Ortega, Meditaciones del Quijote, analizada línea a línea, llegué a la conclusión de que este libro y la labor interpretativa de Marías era un recurso de primera magnitud para que las nuevas generaciones aprendieran a comentar un texto. Aunque sé que como la mayoría de los libros de Marías tiene varias ediciones y en diferentes lenguas, lanzo la pregunta ¿en cuántos institutos y universidades de nuestro país se estará recurriendo a esa joya para enseñar a comentar un escrito?
Aunque Azorín me llamó entonces la atención, he de reconocer que en aquel último año antes del bachillerato, quienes me atraparon fueron Pío Baroja con Silvestre Paradox, Machado con Campos de Castilla y Lorca con La casa de Bernarda Alba.
El primer momento de inflexión con Azorín se produjo en el primer curso de Periodismo con la lectura de Confesiones de un pequeño filósofo. Ya el título nos habla de quién era Azorín y de su manera de ir por la vida. A pesar de su grandeza como persona y de ser un autor de reconocido prestigio en España y a nivel internacional, su sabiduría vital radicaba en que no perdió por el camino su sencillez, su humildad. Tenía los pies en el suelo. Su permanente contacto con los hombres y mujeres de la España de su tiempo le hizo mantenerse sereno frente a la gloria de las letras y a las amistades cercanas al poder. Nunca olvidó las penurias que tuvo que pasar cuando abandonó su tierra alicantina natal para embarcarse en la aventura madrileña de ser periodista y escritor. En este magnífico retrato de Marías podéis profundizar en estas breves pinceladas mías.
¿Qué tiene Azorín que te atrapa y te hace beber de su fuente literaria?
Su capacidad de detener el tiempo, la vida, y a su vez darle el ritmo preciso. Como dijo Marías es un guionista cinematográfico de primera magnitud. Aprendió a manejar los ritmos vitales, los tiempos. Supo encontrar eso tan difícil que es aunar la velocidad y la cadencia, de tal manera que la escena o las personas presentadas tengan el movimiento exacto que seduzcan al lector, al espectador. El clic que hace una máquina de diapositivas cuando la mano humana aprieta el botón, Azorín supo manejar el momento justo, ni antes ni después, de tal manera que quien le lee queda atrapado en sus descripciones y a la vez está entusiasmado porque puede hacer la transición a la siguiente escena con mesura y ganas de seguir leyendo. Es un ejemplo manifiesto de lo que el filólogo Gaspar Garrote llama desde hace años humanidades aplicadas. Dicho con una metáfora erótica, logró aunar el éxtasis que alcanzan los amantes cuando llegan al orgasmo en el mismo instante.

Comentarios

  1. Reconforta el espíritu de este viejo lector comprobar al leer tu articulo sobre Azorín, que aun hay jóvenes escritores entre los que afortunadamente te encuentras, que siguen las enseñanzas de sus viejos maestros.
    Y es que no hay manera de distinguirse en el mundo de la literatura (ni en ningún otro) querido Manuel, sino aprendemos de aquellos que nos precedieron, para luego poder volar libremente con las alas de nuestra fantasía y talentos.
    Tu escuela no puede ser mejor, tienes a Azorín como maestro de ensalzar a un nivel de delicia literaria las cosas sencillas y a Ortega y Gasset con su alumno predilecto y amigo Julián Marías y tantos filósofos ilustres que siguieron y ampliaron sus enseñanzas, como garantes de una filosofía de la vida que te apoyará sin ninguna duda en tu aventura literaria.
    Gracias por tu artículo y un abrazo.
    Fernando

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  2. Gracias Fernando a ti por tus comentarios y sugerencias. Mañana disfrutaremos de la tertulia, un abrazo.

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