Enamorarse

Este clásico de la cinematografía del director Ulu Grosbard del año 1984 refleja una realidad de nuestro tiempo: la fragilidad de las relaciones sentimentales. El año de esta creación no es trivial, ya que muestra cómo esta circunstancia decisiva en la vida de las personas de cualquier tiempo, sin embargo en los últimos cuarenta años –desde la década de los setenta–  está viéndose sometida a unos cambios y vaivenes graves. Y es en esa etapa que se inicia en los años setenta y continúa en los ochenta en la que se manifiesta de manera más visible. Otro dato importante: Ulu Grosbard nace en el año 1929. Otro film sublime, Kramer contra Kramer, se estrenó cinco años antes, en 1979. Y su director, Robert Benton, nace en 1932. ¿Qué quiere decir esto?
Ambos cineastas pertenecen a la misma generación, la del 59, aquellos nacidos entre 1921 y 1936. Sería curioso indagar cómo fueron las relaciones de pareja en la misma, a qué avatares se tuvieron que enfrentar. Y cómo ellos miran la relación amorosa que mantienen las nuevas generaciones. De hecho continuando con mi indagación sobre este asunto, otro hecho relevante surge de inmediato. Cuando Grosbard rueda Enamorase, ya ha cumplido los cincuenta y cinco años. Y Bento tenía cuarenta y siete cuando se estrena Kramer contra Kramer. Los personajes principales de ambos films están en la década de los treinta. Esto nos lleva a preguntarnos ¿qué implicaciones tienen ambas miradas?
Cae por su propio peso: están mirando cómo son las relaciones amorosas de la generación que en ese momento se está dando de alta en la sociedad entre finales de los setenta y principios de los ochenta. Son hombres y mujeres con un arco de edades de entre 17 y 25 años menos. Es casi la generación de sus hijos. Ven cómo el mundo y la sociedad de la que forman parte están evolucionando. Es a partir de ahí cuando se produce ese hecho que tanto he analizado desde un capítulo de mi tesis doctoral y años después en mi novela Volver a amar (la catarsis). Y sobre el que el maestro de la sociología Manuel Castells ponía el dedo en la llaga hará cuatro años cuando anunciaba que hoy en día el 16% de la población mundial son matrimonios de toda la vida. El 24% son parejas fruto de una segunda relación. Y el 60% restante personas sin relación sentimental estable. ¿Qué consecuencias esconden esas cifras?
Castells, a diferencia de los manipuladores de las estadísticas que tanto gustan a los corruptos o a los que hacen mal su trabajo, sí trabaja con métodos y equipos serios y además se cuestiona los comportamientos humanos, intergeneracionales y sociales que esconden las cantidades. Aborda lo cuantitativo para extraer lo cualitativo, que como nos avisó Marías es la clave de lo humano. Porque la vida personal e interpersonal tiene que ser calidad. Para qué valen dar muchos besos si son por reiteración mecánica. Mejor unos cuantos pero con intensidad y que calen, que dejen abierta la puerta al deseo.
Y precisamente eso es lo que se desata entre dos maestros de la interpretación como son Robert de Niro y Meryl Streep en Enamorarse. El papel secundario, esporádico de sus respectivas parejas matrimoniales, y sobre todo el que interpreta Harvey Keitel, resulta ejemplar. Que un actor como este último dé un paso atrás para dar todo el protagonismo a sus dos compañeros en los que se centra la trama muestra varios detalles. Primero, la calidad humana e interpretativa de Keitel, capaz de entender lo que es ser actor de reparto y trabajar en equipo. Segundo, la capacidad de todo el elenco de rodaje, empezando por el propio director Grosbard para contar con actores de ese prestigio y hacerlos funcionar como un grupo cohesionado. El logro es de todos. Si más de uno y de dos en todas las circunstancias de la vida aprendieran a funcionar como conjunto, qué diferente para mejor sería la existencia y convivencia cotidiana.
Y esa convivencia es la que se ve alterada en los matrimonios e hijos respectivos, cuando De Niro y Streep se chocan por casualidad en una librería de compras por Navidad. O por esa chispa no tan azarística que es la que con ingenio ha provocado el guionista. El azar incidiendo en lo sentimental, en la pasión, en la libido, para provocar una serie de acontecimientos que sí son causales. Ya no es la suerte, es la libre decisión de ellos dos la que determina qué va a pasar o no. He ahí otro mito roto. La Navidad tiempo de amor, de compartirlo con los seres queridos, provoca una auténtica batalla personal e interpersonal en la existencia del arquitecto y de la diseñadora. ¿Qué hacemos ahora? Su vida hasta ese momento entra en colisión, les vienen las preguntas existenciales, las decisivas. Qué hago, qué no. Qué caminos tomamos. Pero eso ya vosotros queridos lectores del Rick´s Café tendréis que descubrirlo viéndola a través de este enlace:
 http://www.shurweb.es/videos/enamorarse/

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