J. Leoncio González: "Sin la presencia de Pedro Guerra creo que no habríamos puntuado"


J. Leoncio González, con el micro, y Miguel G. Morales

Navega el Rick´s Café hasta Santa Cruz de Tenerife para conversar con J. Leoncio González, guionista del documental Los mares petrificados, dedicado a la figura del poeta, periodista, ensayista y agitador de conciencias que fue Domingo Torres López. Junto a su director Miguel G. Morales y al resto de compañeros del equipo estuvieron ocho años buscando financiación, hasta que un día se lo plantearon al cantautor Pedro Guerra, quien accedió a acompañarles en la aventura. La tecla de Pedro abrió las puertas de la financiación que hasta entonces les fue injustamente negada. Guerra se enamoró tanto del proyecto que se metió en su cueva de Madrid para investigar en la riqueza poética de Domingo. De esta manera se mataron dos pájaros de un tiro: recuperar una voz imprescindible del surrealismo mundial. Y que Pedro conociera y pusiera su voz y música a Domingo. Aún así, hoy en día queda el reto de que una editorial serie reedite la obra de este poeta imprescindible.
¿Qué os atrajo de la figura y obra de Domingo López Torres para hacer el documental?
El director del documental Miguel G. Morales ya había buceado en la historia de este grupo de humanistas canarios de las vanguardias artísticas de principios de siglo. Aislados, la esencia de un espíritu fue un documental en el que se trataba un capítulo para cada uno de los más importantes. Llegamos a la conclusión de que era imprescindible que Domingo tuviera una película propia. Además, en una conferencia a raíz de ese documental apareció una señora con los objetos personales de López Torres, en una cajita de bombones. Eso nos impactó mucho y nos empujó a documentarnos e investigar, y a preparar el proyecto de la peli.
¿Qué queda hoy del legado de Domingo?
Pues desgraciadamente poco. Tanto Lo imprevisto, como el resto de su obra no han sido reeditadas desde los ochenta. Permanece en una especie de ostracismo literario, quizás por su obra tan corta, o quizás porque sus propios compañeros le robaron el protagonismo. En la actualidad en Canarias nadie sabe quién era Domingo, no se estudian sus poemas en los colegios, ni sus artículos sobre arquitectura ni nada. Es un olvidado más de la guerra.
¿Quiénes en las Islas Canarias han tomado su relevo artístico y el de la revista Gaceta de arte?
Esta pregunta es comprometida. No creo que nadie haya cogido ese relevo. Se han producido movimientos artísticos en las islas, mayores o menores. Hay poetas y escritores, pintores y escultores, como en todos lados. Lo que pasa es que entre 1927 y 1937 la sequía era tan grande en estas islas, y la sed de los interesados por la cultura tan manifiesta que a poco que se juntaron cinco o seis “talentos” salió este grupo. Decir que el legado de Gaceta está en manos de estos o aquellos es recurrir a un tópico absurdo, porque no es ni fue nunca así. A ellos los cercenaron en el 36. Lo que vino luego fue otra cosa.
La mar fue de uno de los símbolos de su escritura. Un océano que le dio grandes alegrías y también la pena de ver perder a dos amigos. Dos preguntas, ¿cómo vivió él esa doble realidad?
A dos amigos solamente no: fue su propia tumba. Como se dice en el documental esa dualidad está presente en el periodo fértil de su producción literaria. Primero vemos “el mar del verano”, brillante, fresco, hedonista, y luego vemos “el mar del invierno”, amenazante, frío y oscuro. Es una metáfora literaria aplicada a la existencia, luego pasada al papel.
¿Qué relación tuvo con los marineros?
Exactamente con los marineros no tengo nada documentado. Es verdad que frecuentaba mucho la playa, las escolleras de los muelles y el balneario (aún en pie y en ruinas). No fue, como Alberti o Aldecoa más tarde, alguien que viera en las profesiones una musa. En sus poemas López Torres habla de la arena, del agua, del sol, de velas y barcos en la bahía, de las chicas en bañador, y luego de la losa, del miedo que le daba el propio mar como final.
Vemos en el documental ese estilo vuestro de mostrar el ciclo de la vida, en este caso a través de la imagen del mar. Es algo que hemos podido disfrutar en otras obras audiovisuales vuestras como Taro, el eco de Manrique. Y en Las alas verdes del Dragón. ¿Cómo influye la formación literaria y filosófica de parte de vuestro equipo para dotar de esa narratividad a las creaciones?
Pues mucho, y es algo que la crítica nos ha achacado bastante, es decir que nos han tachado mucho de “culturetas”. El equipo de Miguel G Morales es más o menos fijo en sus últimas producciones, y es verdad que él busca gente que “sienta” el tema sobre el que está trabajando. Que se implique no sólo en la parte técnica sino también en los contenidos y los viva desde dentro. En el caso de Los Mares, por ejemplo había que leer a Domingo, ver los dibujos de Ortiz Rosales, y entender la situación de represión. Todos se implicaron.
La intervención de Pedro Guerra, adaptando poemas de Domingo López Torres, es otro elemento clave en Los mares petrificados. Dos preguntas, ¿qué os supuso contar con su colaboración?
Pues que se nos abrieran muchas puertas. El proyecto de documental solo sobre Domingo casi no interesaba. Era un nombre desconocido y nadie quería arriesgar dinero para hacer una película sobre “un represaliado más”. Es triste, muy triste, pero desde 2003 hasta 2010 andamos con ese proyecto bajo el brazo y a nadie le interesó. En 2010 incluimos la presencia de Pedro Guerra, porque creímos que musicar los poemas acercaría el interés que nosotros conocíamos ya pero que los que tenían que darnos el dinero no llegaban a ver. Y así fue. Pedro no lo conocía tampoco, pero cuando leyó los poemas empezó sin dudarlo a ponerles música. Y eso nos abrió muchas puertas. Nos presentamos a una convocatoria de ayudas culturales y conseguimos una parte del dinero para la producción. Sin la presencia de Pedro Guerra creo que no habríamos puntuado…
Cada vez que Pedro os mostraba una de sus adaptaciones y escuchabais sus acordes y voz, ¿qué sentíais?
Fue muy curioso porque no nos enseñó el material casi hasta el final. Es más, nosotros llegamos a creer que no le interesaba, y lo que pasaba era que estaba trabajando a destajo. Cuando llegaron las primeras maquetas sentimos un gran placer y emoción, las oímos por separado y nos gustaron mucho. Luego él trabajó con el resto de la música de la banda sonora, y ahí sí que hubo más discrepancias, que al final llegaron a buen puerto.
¿Cómo os imagináis que tuvieron que ser los últimos días y horas de Domingo escribiendo su poemario Lo imprevisto en la cárcel campo de concentración de Fiffes?
Hay una novela de José Rial que se llama La Prisión de Fyffes que es fundamental para entender esto que me preguntas. Yo no puedo imaginármelo. Él sabía que no volvería a salir de allí, de aquel campo de concentración, y aún así se pone a escribir versos. Eso es de una fuerza brutal. Cuando alguien sabe que va a morir (que lo van a matar) grita, se lamenta, llora, recuerda, echa de menos, se desespera…. Pero no escribe versos. Y esos versos además. La situación tuvo que ser brutal, en todos los sentidos.
Resulta curioso que uno de los estudiosos de la vida y obra de Domingo señale en el documental que Fiffes fue el primer campo de concentración de la Guerra Civil. Es otra paradoja de la vida que se muestra en Los mares petrificados porque se trataba de una distribuidora de frutas y verduras. 
¿Qué heridas quedaron en las islas tras esa realidad cruel?
En Canarias casi no hubo contienda. Las islas desde un día antes del alzamiento ya eran bando nacional. De hecho Franco sale desde Santa Cruz hacia Las Palmas y de allí a la Península. Los que quedan aquí “arrasan” en muy poco tiempo a todo aquel que no tuviera ideas nacionales. Los campos de concentración, las prisiones flotantes y la presión de la Falange en los pueblos se torna insoportable. Las islas son territorio fragmentado, es decir, no hay salida. Se producen miles de muertes, con o sin juicio, desaparecidos… como en el resto de España, pero aquí la alternativa, la escapatoria, era muy pequeña. ¿Heridas? Muchas y muy grandes, pero ocultas en el silencio y el ostracismo hasta hace muy poco. El miedo. Una de las fuentes con las que hablamos para documentarnos acudió a la reunión que habíamos propuesto con gafas oscuras y sombrero… ¡en el año 2011!
¿Qué favores recibieron los gestores de Fyffes de la época después de que los suyos ganaran la Guerra Civil?
Los gestores de Fyffes lo único que consiguieron fue que su nombre permaneciera de por vida unido a la injusticia y a la tremenda crueldad de lo que ocurrió allí. Fyffes desapareció hace muchos años, en el lugar donde se encontraban estos almacenes ahora hay una gran avenida y unos edificios de viviendas. En esa Rambla hay una escultura homenaje a los presos de Fyffes. Muchas veces he preguntado allí mismo o en otros sitios a la gente para ver si sabe qué es esa escultura, qué representa. Y nadie sabe nada. Los mayores tampoco quieren saber, o dicen que han olvidado. Recomiendo llegados a este punto la película de David Baute Los salones de Fyffes sobre este tema. La guerra civil aún tiene muchas cosas oscuras.
Qué poema de Domingo regalarías a los lectores del Rick´s Café.
Personalmente la obertura de Lo imprevisto, que arranca con un verso que dice “Qué profundo correr por mares de silencio…” porque en ese verso Domingo comenzaba a escribir su despedida, en clave surrealista. Es muy duro y su redacción es espléndida. El problema es conseguir una edición para leerlo.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Una cosa solamente. El año pasado pasamos la película a un grupo de hispanistas alemanes de la Universidad de Onasbruck. Les gustó mucho y me aseguraron que querían trabajar sobre el tema. Creo que pronto anunciarán que van a traducir la película al alemán en esta universidad, para nosotros es un gran orgullo que esto suceda y estamos muy agradecidos por esto.

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