La desmoralización mundial (1)

La trama internacional de plutócratas financieros y políticos, que dan cobertura a empresarios y sindicalistas nefastos, ha lanzado un nuevo globo sonda en estos días para España, que es una receta ya probada en demasiados países y que pronto recomendarán a otros haciendo bueno el dicho cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. Primero fue Madame Lagarde, cuyo sueldo es astronómico –el más alto de toda la serie histórica de Directores Generales del FMI– y que le permite comprar sus amadas piedras preciosas, cuando no se las regala su pareja el empresario marsellés Xavier Giocanti. Y mientras la prima de riesgo no sube pese a los escándalos, incluso va tímidamente bajando. Una cosa es la economía de escala, otra la práctica bucanera. ¡Qué calendario y casa de citas más legal!
Ella está siguiendo el ejemplo de dos políticas que van dejando su huella en la historia. Una ya nos dejó porque falleció recientemente, Margaret Thatcher. Ya sabemos la que montó en el orbe internacional con la connivencia de Ronald Reagan. El poder que tuvieron los economistas y mandos universitarios de la Escuela de Chicago y sus satélites que lideró Milton Friedman a quienes dieron manga ancha para imponer sus planteamientos socioeconómicos, legales, políticos, energéticos y medioambientales. Dictaduras como la del sanguinario Pinochet sirvieron de laboratorio de pruebas, no fue el Chile de entonces el único y exclusivo caso. Las llamadas democracias representativas, incluso las de más rancio abolengo caso de los propios Estados Unidos y el Reino Unido, han vivido esa decadencia de la libertad y la responsabilidad desde los años setenta. Curiosa fecha, porque como en la película Casablanca, cuando el general nazi Strasser le pregunta al prefecto Renault –¿qué es el Rick´s? Aquel le contesta, –todo el mundo va a
Rick´s.
En aquella década del siglo pasado, se vivió una fiebre democratizadora en el mundo como consecuencia en parte del llamado efecto del mayo del 68 y de la presión de los disidentes interiores de cada país desde los años cuarenta. Un fenómeno propulsor que fue desde París a California, desde Madrid a Bruselas, desde Nueva Delhi a Tokio. Sin embargo, la realidad nos ha demostrado que ha habido mucha mentira propia de los fuegos de artificio, mucho papel cuché bajo las apariencias de Constituciones democráticas, Estatutos de Autonomía o Estatutos de los Trabajadores. No es casual y sí causal que ese periodo de la historia que va desde los años sesenta hasta hoy haya sido el de la gran explosión de esa propaganda que son las revistas del corazón y la telebasura. Nuevas maneras de replantear el circo romano que han encontrado en el mundo del deporte profesional sobre todo en el fútbol y en los espectáculos deportivos de masas sus complementos. Lo que estamos viendo desde hace muchos años cada verano en el Hemisferio Norte con la compra y venta de jugadores con sueldos millonarios es un atentado contra la dignidad humana. Para quien le quede el menor resquicio de duda, quien escribe este artículo es un amante de la práctica de ese deporte y de otros, pero hace ya unos años que decidí no colaborar como espectador de pago a ese mercadeo negro. Hecha la acotación prosigo.
La otra que está logrando su puesto en la historia es Angela Merkel. Y en Argentina Cristina Fernández de Kirchner –perpetuando la saga familiar al más puro estilo de la célebre trilogía de Coppola–. En Alemania, a pesar de contar con una posición más desahogada en comparación con el resto de socios de la UE, tampoco las personas y familias atan a los perros con salchichas. Su tan cacareado crecimiento económico, sus balanzas comerciales y su mercado laboral no es tan oro como publicita. El primero ya lleva varios trimestres resintiéndose, el gran logro alemán de ser el primer exportador mundial también sufre, y los mini jobs forman parte de la realidad cotidiana de cientos de miles de trabajadores alemanes.
¿Qué muestran los comportamientos de las tres damas mencionadas? Que la justicia, la equidad, el sentido común o el talante democrático no es cuestión de géneros. Es una tarea de ser persona, hombres y mujeres dispuestos a cumplir con sus obligaciones y disfrutar de sus derechos. Por la labor pasada y presente de políticas como ellas, millones de mujeres y hombres ven perjudicados sus derechos laborales, inversores, educativos, sanitarios, … De hecho usaron con maniqueísmo las injustas condiciones laborales de las mujeres respecto de los hombres para provocar un cortocircuito entre los dos géneros y separarles al más puro estilo de aquel teórico y ejecutor de la guerra que fue el chino Sun Tzu o siglos después el de la política Maquiavelo.
Por imponer condiciones de vida y trabajo con la cooperación de todos aquellos que firman convenios colectivos y de los que miran para otro lado, la mayoría de la población mundial sufre las consecuencias de sus actos. Ahora bien, esa gran sociedad civil por construir, que en el fondo no es otra que la suma de la sociedad civil de cada pueblo y país, también tiene que hacer una meditación pausada y coherente para evitar el embaucamiento, y que no sean los mismos de siempre o las minorías de las nuevas generaciones los que cojan el testigo de la lucha. Es un asunto intergeneracional y nos incumbe a todos.
Queridos lectores del Rick´s Café, antes de desearos que disfrutéis de esta jornada allá donde estéis, mañana publicaré la segunda parte de esta meditación que tiene a los Olli Rehn, Durao, Valderas como perros de presa del sistema y el asunto de Gibraltar como cebo. ¡Oh, qué azar que vuelva a aparecer cuando ciertas medidas socioeconómicas se pretenden imponer!

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