La egolatría de los políticos

Estoy con Rúas que ha llegado de sus vacaciones, pronto las cogeré yo, que ya toca. Antes, a media mañana, nos hemos citado frente a la sede del Parlamento andaluz. El lugar no es casual, en las dos últimas semanas un equipo de operarios está dejando listos los jardines de la sede parlamentaria para el inicio del ciclo político. Poda de las buganvillas, de las palmeras, limpieza de los setos, han echado nuevo albero… Curioso ese detalle, mientras los barrios de la capital andaluza llevan más de tres años viendo recortadas sus inversiones básicas para el mantenimiento de sus parques, servicios e instalaciones varias, como en el resto de España. En más de una ocasión, he animado a los lectores sevillanos del Rick´s Café a que llamen al 010, teléfono habilitado por el Ayuntamiento hispalense para que los ciudadanos hagan sus aportaciones para la mejora de cualquier cuestión de la ciudad. Toma nota el servicio burocrático del 010, y como le contestaron a nuestro maestro Larra, vuelva usted mañana. La primera cuestión que espeta Rúas es ¿para qué tanta administración electrónica?
A lo que contesto, maestro para que el político de turno salga anunciándola y poniéndose la medalla, aunque luego el servicio concreto y la coordinación con las restantes áreas no funcionen.
Y todo ello con el beneplácito de nuestros amados propagandistas que les hacen de altavoz en los medios afines, apunta Rúas.
Tras tomar el café con unas tostadas en el Bar Plata, comenzamos a caminar hacia el centro. Ya enseñaron los ejércitos griegos de Aquiles que al enemigo mejor verlo venir y luego meterse en el corazón de su fortaleza. Y eso es lo que hicimos en aquella calurosa mañana. Al llegar a todo el entorno de la confluencia del barrio de San Juan de la Palma con la Plaza de San Martín nos tropezarnos con calles levantadas para colocar adoquines. Aquí para quien no lo sepa, los obispos tienen un largo romance con los poderes fácticos. A ver si hacen caso al Papa Francisco quien les ha pedido que dejen las poltronas cardenalicias y salgan a mezclarse de verdad con la gente. ¿Lo harán? 
La cuestión del pavimento en el casco medieval de Sevilla es tan antigua como quítate tú que me pongo yo entre los partidos políticos. Cada vez que uno toma el mando de la vara consistorial inicia su particular cruzada para hacer obras. Ya sabemos bien cómo se gestionan luego las mismas, las empresas afines a las que se les da la licitación y las comisiones en paraísos fiscales o en bolsas que aparecen bajo las sábanas que cobijan a los amantes en el lecho. En esto se parecen todos, el caso Gürtel y los ERE de Andalucía muestran cómo, por ejemplo, las empresas Sando y Ruiz Mateos se apareaban con unos y con otros. Está claro que el erotismo y el poder siempre se acaban fundiendo. Tenemos ejemplos desde Suiza a la Andalucía que como dijo uno de los que han practicado esa cultura del nepotismo no la iba a conocer ni la madre que la parió –como al resto de España–. Otra propia del siglo diecinueve, esta de Lampedusa y su Gatopardo. Y eso que el ególatra político va de ilustrado por la vida. Qué verdad aquella que dijo aquel que la historia la escriben los que han ganado elecciones. Pero no menos cierta es que ya hace tiempo que su derrota está en camino, y que la verdad antes o después acaba emergiendo, que esta última es la que importa.
Si los del reino de la partitocracia supieran gestionar los recursos de todos, hace décadas que se hubieran resuelto las cuestiones básicas de las obras públicas en cualquier ciudad del mundo. ¿Les interesa? ¿Cuáles son sus intereses?
En Madrid, desde los años setenta son famosas las polémicas cada vez que al alcalde de turno se le ocurre comenzar una de sus faraónicas propuestas. Todos, como advirtió Mesonero Romanos hace dos siglos, tratan de dejar su huella en la Villa. Desde hace años llevan empecinados en que sea ciudad olímpica, y pronto se conocerá la resolución. Ese proyecto como antes lo fueron el Mundial del 82 o la Exposición Universal y los Juegos Olímpicos de Barcelona del 92, han sido las grandes tramoyas para asegurarse los puestos políticos, las comisiones que les pagaban a quienes les concedían los contratos públicos y a las empresas a las que les hacían la legislación laboral a medida. ¿Aprenderán los españoles como cualquier otro pueblo del mundo a no dejarse seducir por el pan para hoy y hambre para mañana? –le cuestiono a Rúas.
–Muchacho, nuestros hermanos de Brasil nos han mostrado el camino. Han aprovechado la parafernalia de la Copa Confederaciones, para, en el país en el que la segunda religión es el fútbol, poner el dedo en la llaga por las injustas condiciones de vida, y la falta de inversiones en educación, sanidad, infraestructuras o transportes.
 –Aunque sé que has estado desconectado estos días, pero ¿has oído Rúas al Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, decir que en el Parlamento Europeo necesitamos examinar si legalmente podemos obligar a los bancos a trasladar ese dinero barato, al menos en parte, a la economía. Por supuesto, en términos favorables?
–Lo he oído, es el colmo de la demagogia y desfachatez. El Banco Central Europeo como el resto de bancos centrales del mundo son los únicos con capacidad emisora de monedas en su ámbito de actuación. Se les ha prestado ingentes cantidades de dinero para tapar los agujeros financieros y corruptos de la banca privada o de las antiguas cajas de ahorros, y ahora sale éste con esto.
Las preguntas caen por su propio peso y ahí os la dejamos queridos lectores del Rick´s Café: ¿es que el Banco Central Europeo –institución pública– ha estado dando dinero a los bancos y entidades financieras sin poner letra pequeña en esas emisiones para obligarles a engrasar la economía real? ¿A qué otras actividades se va a destinar ese dinero si no a la economía real? En condiciones favorables para los bancos, ¿aún más favores?
Martin Schulz como el resto de políticos y partidos europeos han iniciado la campaña para las elecciones europeas de la primavera de 2014. Conciudadanos de la Vieja Europa, ya saben quiénes y cómo son aquellos. Ustedes sabrán qué hacen con su voto.

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