La historia en nuestras manos (1)

Esa expresión está cargada de profundo significado. De hecho cualquier persona a lo largo de la historia la ha vivido, ya que ha tenido la posibilidad de construir la suya propia y ha vivido inmersa en las circunstancia de su tiempo, y también en las herencias que otras generaciones dejaron. Empleo aquí el término herencias refiriéndome a las creencias, a los usos y costumbres que legaron, que como sabéis influyen con su presión sobre los hombres y mujeres de un tiempo posterior. Ahora mientras escribo esta meditación, siento como el teclado de este joven ordenador –apenas cinco años y medio– fruto del trabajo que me ha ayudado a hacer siente la intensidad que volqué sobre él, y eso que siempre le trato con cariño como ha de hacerse con los buenos compañeros de viaje.
Hace unos días, recordaba en conversación grata y cercana con el ingeniero Fernando Moreno, hombre que ha vivido en cuatro países y en dos continentes además de haber viajado por muchos lugares, ese descubrimiento de Ortega que da origen a esta reflexión. El pensador del Escorial lo intuyó y fundamentó partiendo de Dilthey y dejándose impregnar desde niño por las vivencias que le rodearon.
Sentados en un agradable y acogedor despacho de trabajo, a nuestras espaldas un hermoso campo de olivos centenarios, hablábamos sobre estas cuestiones. Dimos buena cuenta de un cava que dejaba su aroma sobre la punta de la lengua. Una sidra que contrastaba su sabor cayendo sobre la parte inferior de la boca. Y un Riesling alemán –el gran vino blanco de ese país– que envolvía la garganta con sus aromas frutales.
De pronto, me presentó una obra en tres volúmenes de la que tan solo hay doce ejemplares en el mundo. Algo ya de por sí poco frecuente, casi inaudito. Esa edición artesanal que solamente ver el tejido con el que está forrada su tapa dura, ya emociona. Es como ver a una ninfa pasar a unos metros de uno y seguir su caminar. Por cierto, algo que en los últimos días se puede disfrutar por la pasarela medieval de la urbe, muy frecuentada por almas extranjeras. Al abrir el primero de los tomos, el papel grueso y delicado anuncia otro matiz: está escrito con una máquina de escribir antigua de una precisión sublime. Esa requiere de la sabiduría del escritor que haga manejar con destreza aquel teclado. Por mucha exactitud con que pueda funcionar una máquina, si no hay unas manos inteligentes y sensibles que la toque, su funcionamiento no es igual, se resiente. Por eso hay amantes y amantes. La empatía y el éxtasis no se alcanzan con cualquiera. Es también un proceso de elección libre, que exige acierto.
Vamos pasando las páginas y junto a los textos escritos en magnífico alemán, observamos fotografías en blanco y negro la mayoría de gran calidad, dignas de una exposición. Detalles como ese revelan que un alma que ha desarrollado talento y finura para ciertas actividades humanas, sobre todo para aquellas que son creativas y exigen una capacidad emocional diferente, acaba siendo diestra frente a las circunstancias vitales. No le da miedo aprender o equivocarse porque es consciente de que forman parte del camino. A la búsqueda de más libertad propia responde con más valentía para afrontar los avatares que la conquista de aquella implica, ya que como os comentaba al principio hay tantas rémoras heredadas o enquistadas fruto de las malas experiencias, que hay demasiada gente que se queda en el trayecto. El libro del que os estoy hablando está escrito por un hombre que tuvo que superar nada más y menos que la rémora del nazismo. Una locura en la que se vio envuelto y de cuya piel tuvo que despojarse, como de la otra barbarie que siendo muy joven también tuvo que soportar, la Primera Guerra Mundial. No haber cumplido los cuarenta años y ya habiendo afrontado semejantes calamidades. Su nombre Peters.

Comentarios

  1. Gracias amigo Manuel por dar vida con tu relato a la persona de Th. Peters, personaje por donde pasa casi integra la historia de la Alemania del 1900 al 1990.
    Este hombre culto, inteligente y ajeno a los resplandores del poder político que constantemente le tentaron, fue una victima de los terribles acontecimientos de su época sin enturbiar en lo más mínimo, sus nobles sentimientos.
    Los veinte años de permanente contacto con él y su familia, han dejado grabados en nosotros imborrables recuerdos.
    Si yo no tengo fuerzas para traducir su obra al español, espero que algún día alguien lo realice, para que esta verídica historia salga a la luz.
    Es una delicia leerte Manuel, muchas gracias.
    Fernando.

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  2. Gracias Fernando por dármelo a conocer. Un abrazo, Manuel

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