Pasión en las tablas

Marga lo cogió entre sus manos, acercó un poco su nariz y se inundó del aroma fresco y sensual de las adelfas. Ella le cogió la mano a su amigo, recorrieron unos metros hasta detrás de una de las cortinas de la escena, se inclinaron para dejar reposar el ramo en las tablas y comenzaron a besarse. Los meses que habían pasado desde su aventura en Sevilla, hacían que la temperatura de la pasión se desatase. Se olvidaron del lugar donde estaban, contando con la complacencia del resto de miembros de la compañía, que como buenos cómicos estaban acostumbrados a los ritos espontáneos del deseo, y retomaron la obra que habían empezado a escribir a cuatro manos en el piso de Pablo.
La fuerza brotaba del interior de ambos con espontaneidad, como el curso de un río que lleva agua, que late, que se mueve, que corre y que fluye de un punto hacia otro. La química entre ellos nuevamente se desataba como gotas de agua que forman parte de un embalse y que cuando se agitan o se tocan, empiezan a provocar energías. Se tocaban y despertaban la imaginación del otro para que cualquiera de los dos continuara sorprendiéndole con sus caricias, con sus besos. Ella extendió sus piernas y su pelvis todo lo que pudo, dejando caer el peso del torso y de la cadera sobre el varón. Él recorrió con su mano derecha el cuerpo de ella desde su tobillo, alcanzado su pecho izquierdo. La camisa, empapada en sudor de ella, dejaba traslucir la excitación de sus pezones, que sentían el roce de la fugaz brisa del escenario. Ella se miraba, le gustaba verle como él le acariciaba con su lengua sus pechos y recorría su escote. Ella soplaba de nuevo sobre su canalillo y acariciaba el pelo de él. Las costillas de Marga se le marcaban, mientras él bajaba sus manos con fuerza hacia las caderas de ella; la actriz acariciaba la marca del pantalón de Pablo. Ella jadeaba y se contorneaba con fruición.
Pablo despojó a Marga completamente de la camiseta y con la mano estirada tocaba con la muñeca su vientre. Sus dedos, todos juntos, condensaban el deseo sobre el pantalón y el tanga de la actriz. Todo era suave, salvo las respiraciones de ambos. Él alcanzó la vagina de ella con su mano izquierda, masturbándole su clítoris con la derecha. Ella recorría con su lengua y sus labios el cuello, los hombros, el pecho de Pablo. Él notaba como su prepucio se iba mojando y continuaba acariciando la vulva de Marga. Se detuvo un momento, inclinando su cuello y su cabeza hasta el sexo de ella, colándose por debajo de una de sus piernas. Ante aquella nueva postura, ella le acariciaba las sienes. Él iba combinando con su lengua y sus labios la succión y el mordisco, a veces rápidos, a veces lento. Ella iba sintiendo como el orgasmo le iba a romper en cualquier momento. Se arqueaba fruto del placer y del dolor. 
Manuel Carmona: Volver a amar (la catarsis)

Comentarios

  1. Volver a amar (la catarsis) es una novela de amor y desamor (el desamor es también una manera de amar en el recuerdo), escrita con el vigor y la valentía de un joven escritor, consciente de la veracidad intelectual de su relato
    Es una lectura agradable que deleita los sentidos y nos conduce a realidades o ficciones soñadas, que Manuel Carmona con su pulcra y clásica prosa nos deleita.
    Este segundo encuentro amoroso entre Marga y Pablo es aun mas autentico, mas intenso que el primero, avivado por el recuerdo y las fantasías.
    Las narraciones eróticas se justifican entre personas jóvenes como Pablo y Marga, y por supuesto en esa clave de los cuarenta años del autor. Si los protagonistas y el autor son de avanzada edad, ya no es tan creíble.
    Mi mas sincera enhorabuena por tu magnifica novela Manuel.
    Fernando

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  2. Gracias Fernando por tu análisis, un abrazo,

    Manuel

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