Antonio Fernández: "La persona ha de aprender a expresar sus emociones sin reserva alguna"

Navega el Rick´s Café hasta las tierras granadinas de Motril para entrevistar al poeta, cantautor y profesor Antonio Fernández Ferrer por la reciente publicación de su poemario Memoria del tiempo (Alhulia). Acababa de salir del horno de la imprenta y tenía la alegría de recibirlo entre mis manos, y como ya os reseñaré mañana, se trata de un libro especial. Se percibe desde que uno lo tiene entre las manos y mira su cubierta, el grabado que la ilustra, los colores para el título, nombre del autor, del prologuista y de la propia editorial. Todo es elegancia en esta edición, suma de talentos, sensibilidades y unas vidas personales e interpersonales que se cruzan a partir de las trayectorias de Antonio, Fernando y cada una de las personas que van apareciendo a lo largo de Memoria del Tiempo.
La ausencia del hijo querido late, mostrándonos bien a las claras cómo se le sigue amando y teniendo cada jornada presente en la vida cotidiana. Recorremos las calles de Granada en compañía de Antonio y de su mundo más íntimo. Podemos imaginarnos a Antonio junto a Carlos Cano, Antonio Mata, Esteban Valdivieso, Juan de Loxa o a su musa haciendo realidad con sus versos canciones de amor y libertad.  
Arrancas el poemario hablándonos de tu otoño, de tus sombras cercanas, ¿cuéntanos qué está pasando en tu vida?
Se pueden extraer muchas reflexiones sobre los ciclos de la vida, y el otoño pudiera representar la experiencia ante el paso inexorable del tiempo. Cuando empezamos a contar ciclos otoñales puede que sea síntoma de que las primaveras comienzan a hacerse presentes con una cadencia temporal inusual, apremiante. Pero en el fondo podríamos afirmar que la belleza de un árbol otoñal sigue compartiendo la garantía de una cercana primavera. Mi ciclo vital es, en el fondo, un ‘dejarse llevar’ hacia lo inexorable, rememorando experiencias y dotándolas de humor e ironía… Somos, ni más ni menos, seres insignificantes dentro del cosmos que nos rodea…
¿Cómo te enfrentas a la melancolía para convertirla en ilusión?
En el libro Memoria del tiempo he querido que ese tránsito sea un simple ejercicio de introspección. Uno de los objetivos de este poemario ha sido poder dar varios saltos al vacío en sus tres libretos: de unos ‘versos en la madrugada’ cargados de ensoñaciones e imágenes poéticas, he intentado adentrarme en versos cercanos al melancólico pasado de unos años anclados en mi yo más profundo con una recuperada ‘memoria del tiempo’, y por último, en un inconsciente alarde de superación a la melancolía, he llegado al bálsamo de unas ‘veladas ironías’ que resumen ese tránsito del que hablábamos.
En Perseidas, invocas a la amada, es pura geografía sentimental este poema. ¿Qué ha pasado entre ambos?
No es un poema que describa una geografía sentimental amado-amada. En realidad el poema describe una ausencia irremediable. La misma ausencia que queda patente en el poema ‘Junto al mar latino’. La pérdida de un hijo llega a ser algo recurrente en los versos que componen parte de esta Memoria del tiempo.
¿Qué sientes cuando un compañero convierte un poema tuyo en canción?
Cuando con ese compañero-amigo-hermano has compartido muchos años de complicidad creativa: ‘Poesía 70’, ‘Manifiesto Canción del Sur’, ‘Old Friends’… sientes que es un privilegio que un poema tuyo forme parte de su primer CD (titulado ‘Fumar en Berlín’, 1998). Esteban Valdivieso ha sido uno de los grandes músicos y compositores dentro del panorama de la ‘canción de autor’ en España. Cuando nos dejó en febrero de 2008 los cantautores españoles quedaron (quedamos) huérfanos por su prematura ausencia. Su aportación como letrista, músico y arreglista es –y será– insustituible. El poema ‘Perfumando amaneceres’, incluido en Memoria del tiempo, es un ejemplo de musicalización poética y sensibilidad musical. Nuestro común amigo Fernando González Lucini lo deja claro en el prólogo del libro.
Una doble pregunta, primero, ¿qué de positivo tiene la soledad elegida en los momentos de dolor, tristeza y frustración?
Creo que te refieres al contenido del poema ‘Acompañada soledad’. Por propia experiencia, tengo la convicción de que la soledad puede actuar como paliativo en momentos puntuales de tristeza y dolor. Hay ocasiones en que su complicidad –callada y prudente– se convierte en nuestra mejor ‘compañía’ frente a lo inesperado.  
Segundo, ¿qué de negativo acarrea, hay miedo a desvelarse ante los seres queridos?
El ser humano, proclive a ocultar sus sentimientos más íntimos y profundos, ha de aprender a expresar sus emociones, sin reserva alguna. No obstante, cuando la tristeza o la frustración son compartidas, los mecanismos de exteriorizar sentimientos podrían ‘activar artificios’ encaminados a mitigar el dolor de los cercanos. Algo así como la dulcificación del sufrimiento compartido.
En Reencuentros, hablas de que empiezas a cuestionar una serie de axiomas que nunca habías rebatido. ¿Cuáles son y por qué?
A lo largo de la vida hay muchas ocasiones en que damos por seguro algo que nos muestran como evidente sin que pidamos una demostración de esa evidencia. Los axiomas pueden llegar a ser ‘frases hechas’ que, por su repetición, lleguemos a aceptar sin más. Creo que algunos de estos axiomas son rebatibles, o al menos, discutibles en su conjunto: ‘No es posible no comunicar’, por ejemplo.
¿Qué frutos está dando la metamorfosis vivida?
Pienso que haces alusión al poema ‘Reencarnación prematura’ que está dedicado a Darío Portillo Oliva, profesor de Dibujo y diseñador, con el que compartí años de docencia en el IES ‘Francisco Javier de Burgos’ de Motril, que falleció en 2010, y sigue dando sus frutos a través de sus creaciones pictóricas y sus aportaciones gráficas.
¿Qué sentiste al ver la masacre de las Torres Gemelas que conviertes en lírica en Ave Fénix?
Hay fechas que permanecen –y permanecerán– en nuestro yo más profundo. El 11 de septiembre de 2001 yo estaba en la Facultad de Ciencias de la Educación de Granada ultimando las últimas correcciones al guión de mi tesis doctoral, que presentaría el 26 de octubre del mismo año. A las tres y media de la tarde, de vuelta hacia Motril –por azar– quité el CD de Eric Clapton y conecté con RNE-FM. No podía dar crédito a lo que escuchaba... Llegando al cruce de Salobreña, la torre I del World Trade Center ya había caído… Al llegar a casa pude ver que las imágenes superaban lo que yo imaginaba desde el asiento del coche…     
¿Qué siente tu musa al leer los poemas que le dedicas o cuando tú se los recitas?
Pues la verdad es que esa ‘musa’ –por llamarla de alguna forma– es mi compañera desde hace 35 años y conoce hasta lo que yo mismo no conozco de mi mismo. Es mi cómplice, mi compañera, y no siempre le dedico lo que parece que le dedico… Y no suelo recitarle mis poemas, prefiero que el lector/la lectora tenga su momento y lugar de intimidad para acercarse a ellos.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Quisiera agradecerte, Manuel Carmona, tu trabajo sobre la divulgación de la poesía, la narrativa y la creación literaria en general a través de tu blog. Esa labor altruista y desinteresada dicen mucho de tu buen hacer y tu generosidad.

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