Atracción


María le regaló un par de besos y una sonrisa propia de quien había jugado con libertad. Ella como mujer adulta, independiente, que era, había tenido la intuición de entrar en aquel pub tras sentirse piropeada por el gesto de Pablo de girarse sobre sí y mirar su caminar. Aquella primera sensación había dado un nuevo paso al frente al entablar una inteligente y emocionante conversación entre ambos, salpicada con notas de ironía y espontaneidad. Había hombres y mujeres capaces de estar horas y horas hablando, pero lo hacían como robots en serie que tomaban un asunto por banda y no lo soltaban hasta que no habían vomitado hasta la última gota de bilis. Sin embargo, hablar y escuchar, como aquella pareja hispano italiana estaba empezado a hacer, era otra manera de relacionarse. Suponía intentar ser uno mismo y ser diferente, sin que los matices que diferenciaban pudieran separar. Preferían poner en juego aquello que les acercaba, y ver qué podían compartir o hasta dónde. Implicaba acercarse a la posición del otro y experimentar qué le había hecho asumir esa postura. Era un ejercicio vital que suponía asumir riesgos, a veces muy elevados y, por tanto, con consecuencias que pudieran ser importantes. Pero eso era vivir y hacerlo con libertad, coherencia, honestidad y pasión.

Manuel Carmona: Volver a amar (la catarsis)

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