El cáncer de la especulación

Me he citado con Rúas en el corazón de la redacción del periódico, el despacho del director donde a diario nos reunimos para decidir los temas que se van a cubrir o los reportajes que se van a ir elaborando de cara a los siguientes días. Hemos sido los primeros en llegar, y como el Jefe nos tiene singular aprecio nos hemos metido en su oficina como si fuera la nuestra. Era primera hora de la mañana, eso denotaba que era una jornada importante, ya que lo normal es aparecer a partir de las doce en función también de la agenda de cada uno. Rúas se ha servido un café solo y yo un te rojo.
A pesar de la edad y de lo vivido, Rúas estaba indignado con el espectáculo que se ha desatado en el balompié mundial desde comienzos del verano hasta el pasado lunes 2 de septiembre, fecha en la que se ha cerrado el mercado de compras, ventas y cesiones –salvo en Rusia, que lo hará este viernes–. Con la que está cayendo en España y en el resto del mundo, y las cantidades de las operaciones y las fichas y premios de los grandes divos del fútbol son como dice Rúas vergonzantes.
Ante su primera reflexión basada en los crueles datos de la realidad, le he apuntado que habría que ver los detalles de la letra pequeña de muchos de los contratos, como por ejemplo el de La Pulga que está siendo fiscalizado por no abonar lo que le correspondía a la Caja Común que es la Hacienda Pública.
A lo que me ha contestado –si la mayor parte del dinero que se invierte en ellos y en todo el negocio que se teje mafiosamente alrededor se dedicara junto a esos impuestos robados a Hacienda a la sanidad, la educación, la justicia, los servicios sociales, la I+D+i o la cultura, ésta vida propia y colectiva sería mejor.
–Como sabes Rúas, he practicado hasta mi adolescencia ese deporte y lo he seguido como aficionado, pero en los últimos años siento rechazo a todo ese mundo. Una cosa es que ganen buenos sueldos otra las barbaridades que se pagan y el estatus que se les ha concedido.
Pero no todo queda ahí, seguimos profundizando en este gran iceberg. Desde que a mediados de agosto comenzaron las competiciones oficiales en España y en el resto de Europa, la programación televisiva a través de sus canales lleva ofreciendo este espectáculo de pan y circo de lunes a domingo, y vuelta a empezar. Los gladiadores del balompié como los de la Roma Antigua al servicio de los operadores televisivos, los clubes de fútbol, los mercaderes del negocio y toda esa masa de televidentes que se sientan delante de la caja tonta o en una grada de un estadio.
No se van a quejar desde hace varias décadas los deportistas de otras disciplinas, que tienen que alcanzar las más altas cotas para que poco a poco, por un lado, haya patrocinadores públicos y privados que les permita desarrollar con dignidad y cierta holgura sus trayectorias. Y, por otro, la difusión de sus actividades y competiciones a través de los medios de comunicación. En ese detalle se aprecia otra realidad de nuestro tiempo: cómo ciertos medios de información no son tales sino meros altavoces propagandísticos al servicio del mercantilismo sin escrúpulos, y ocurre tanto en los medios privados como públicos. Elijan ustedes queridos lectores del Rick´s Café cualquier telediario de una cadena nacional de capital de todos o de sus accionistas y lo comprobarán. Por cierto, que cualquier jornada descubrirán otro detalle de esa propaganda. En esto como en todo hay ciudadanos y entidades de primera, de segunda, … La partitocracia bipolar que vivimos en España y en la mayor parte del mundo, se traslada al fútbol y a su máquina propagandística, con sus pequeños encajes de fuerzas que de vez en cuando salta la liebre y sorprende a los dos colosos. O bien esos dos como en el resto de ligas europeas tienen que recurrir a los ratones para que los dos leones tengan nuevas fuerzas con las que combatir. El minutaje radiofónico, televisivo, cibernético y en papel de periódico que reciben es infinitamente mayor que el resto.
Las preguntas caen por su propio peso, me dice Rúas: ¿no va a haber más aficionados de B y M, si ocupan el 90% de la franja propagandística? ¿No van a comprar los abuelos o los padres la camiseta de fulano o mengano si salen hasta en los programas de la propaganda rosa? ¿No van a generar miles de millones si se les mete en campañas publicitarias de firmas electrónicas, bancos, seguros, ..?
Como ha ocurrido en las empresas públicas y privadas de los ERE de Andalucía o las vinculadas a CIU en Cataluña, o las del emporio paralelo Bárcenas, así monta cualquier una institución y se hace rico, resultón y listo. Ahora bien, sabio, guapo y feliz, no.
A lo que contesto, –amigo Rúas, y cuando se observa con curiosidad y mirada profunda esos mundos se descubre la cara B, la de los ordenadores que por arte de birlibirloque pierden sus discos duros. Que si Marbella, que si la Milla de Oro del Bernabeu, que si las giras balompédicas por América, … Dinero, dinero, dinero, abónate al circo y mira para otro lado.

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