El milagro cotidiano para República Centroafricana

En una nave a las afueras de Córdoba, en el Polígono de Las Quemadas, hombres y mujeres de varias generaciones se citan para contribuir con su trabajo, ilusión y compromiso al milagro anual que desde hace quince años realizan con destino al pueblo de República Centroafricana. Salen de sus trabajos, de sus centros de estudios, o de sus hogares para poner su grano de arena junto a otras entidades para llevar lo básico a esas personas dejadas de la mano de sus dictatoriales dirigentes y de una comunidad internacional que no se ocupa de aquel conflicto.
Desde que se desatara abiertamente la Guerra Civil en República Centroafricana a principios de este año, las condiciones de vida de su gente se han agravado. Muchos de los valiosos y modestos avances que se habían logrado fruto de la labor conjunta de organizaciones civiles, misioneros y el propio pueblo centroafricano, han sufrido un golpe injusto y duro. Sin embargo, como reza en el lema de la Fundación Bangassou, está prohibido desanimarse.

Cualquier mano es bienvenida para con su trabajo e imaginación completar todos los preparativos necesarios que posibilitarán la siguiente fase de la Ayuda Humanitaria: el envío de todos los materiales y recursos hasta República Centroafricana. Dada la situación en aquel país, cuando se reciba, habrá que lidiar con las autoridades selekas, para que lo más valioso e imprescindible llegue a las familias que lo necesitan y a los voluntarios y misioneros que trabajan sobre el terreno.
Durante el primer fin de semana, han estado organizando y empaquetando leche en polvo, papillas o muesli, que Hero España ha donado. Han acordado que se pondrán en marcha cada jueves en horario de 17:30 a 20:00 horas, aunque siempre se acaba echando un ratito más en la faena. Y continuarán los sábados desde las 9:30. Se afanan los más jóvenes en la labor de mover los bultos. Mientras que los que ya son abuelos o están a punto de serlo, van clasificando y embalando lo que está pendiente.
En las paredes de la nave, hay unas sencillas estanterías metálicas en las que se van colocando por un lado los recursos que se van recibiendo y, por otro, en palés se va almacenando ya embalados lo que ya está listo para ser enviado. Mientras en el centro del pabellón en varias mesas hechas con tablones y borriquetes, van clasificando y envolviendo los productos. Si en cualquier centro comercial o grandes almacenes de Occidente o de los países con una renta per cápita alta, esa tarea es habitual en épocas de Navidad, en República Centroafricana país con recursos humanos y naturales no es posible por el estado de enfrentamiento y de subdesarrollo en que se encuentra inmerso desde hace varias décadas. Por eso esta ayuda humanitaria se vuelve imprescindible hasta que allí y acá seamos capaces de crear unas circunstancias favorables para que allá vivan con dignidad.
Junto a los colchones, se van colocando las bicicletas de montañas. Algo tan básico para el descanso y para el transporte en República Centroafricana es un tesoro. También para que puedan celebrarlo cuando llegue todo el material humanitario, se envían varias cajas de botella de vino de Montilla y Moriles, que desde una bodega se ha regalado. Aunque como todo trabajo cansa, la cara de satisfacción de estos jóvenes, hombres y mujeres supera cualquier tipo de esfuerzo acumulado. Se sienten bien contribuyendo a esta noble causa. Son conscientes de que los varios de miles de kilos de arroz, legumbres, pasta, habichuelas o garbanzos, van a permitir no pasar hambre a personas como ellos, y que sin embargo a diferencia de ellos tienen enormes dificultades para tener acceso a eso tan básico a diario.
Cada vez que envuelven una prenda de vestir o una mochila del colegio, caen en la cuenta de lo afortunado que son pudiendo tirar del armario cada mañana o echársela a la espalda para emprender la ruta desde casa al centro de estudios. En República Centroafricana, la realidad es bien distinta y, sin embargo, como cualquier ser humano allí también requieren ponerse una ropa o recibir una educación.
  Va terminando una jornada más de solidaridad y esperanza en la nave de la Fundación Bangassou, saben que es un paso más en el camino. Lo importante es que ese legado y proyecto continúe, que todos compartamos el testigo y nos lo vayamos cediendo. La suma de la mayoría lo hará posible.

Comentarios

  1. Uno de los grandes olvidados, El Congo. Me emocionó leer esto.

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  2. Como bien sabes Arancha, la mitad norte de África es un volcán en erupción de costa a costa. Me alegra que te haya emocionado. Feliz martes.

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  3. Que bueno es ver cuando la gente responde con el corazon para ayudar al projimo. Hace menos de una semana se vio afectada gran parte de mexico con 2 tormentas, por el atlantico al sur y por el pacifico . La ayuda de la cruz roja internacional llego, sin embargo aun hay mucho por hacer.

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  4. Como bien señalas Mary es gratificante ver cómo las personas se vuelcan en los momentos duros de la vida. Esa labor humanitaria que apuntas en México a raíz de las dos tormentas es otro caso digno de ser conocido y difundido. Encantado de verte por el Rick´s Café a ti y los tuyos, feliz viernes.

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