El milagro cotidiano vuela a República Centroafricana (II)

Llegan los hombres y mujeres a la nave de la Fundación Bangassou a las afueras de Córdoba. Van a dar la bienvenida al otoño el sábado 21 preparando el envío humanitario especial a República Centroafricana. Allí se han citado con el chófer del trailer para cargar todo el contenedor a partir de las ocho de la mañana. Sin embargo, un problema que le ha surgido al conductor pospone el encuentro hasta las nueve y media. Durante aquella hora y media todo el mundo está preocupado, cuando le ven aparecer todos respiran. El párroco Antonio Navarro bendice el contenedor, que se termina de preparar a las 16:15, siete horas después de que comenzara toda la tarea común. Eso muestra una vez más el gran trabajo solidario de todas estas personas comprometidas con República Centroafricana desde hace años.
La pericia de todos ellos permitió meter más cosas de las que en un principio se tenían planificadas. Se cargaron dos coches, placas solares y baterías, medicinas, leches en polvo para niños y adultos, bicicletas, ochenta y tres colchones, sillas de ruedas, aceite, azúcar, tres neveras, material de ferretería y un sinfín de zapatillas de deporte, camisetas, toallas, … Todo para y por la gente de Bangassou.
La alegría inunda a todos los seres humanos que han contribuido con su noble esfuerzo a hacerlo posible. Es un legado intergeneracional en pos de la ayuda a quienes más lo necesitan. Pero el trabajo no para ahí, después de una comida de confraternización entre todos para celebrarlo, ya están de nuevo preparando el envío de dos nuevos contenedores para mediados de noviembre.
Y mientras ese amor hecho solidaridad se terminaba de embarcar desde Córdoba con destino a República Centroafricana, en aquel país la tensión se ha recrudecido fruto del despotismo del gobierno Seleka y de las divisiones dentro de él. De sus cinco facciones que unidas provocaron a principios de año el estallido de la Guerra Civil, solo una permanece en el poder, y las otras cuatro con unos 15.000 rebeldes se dedican a rapiñar y asaltar por los caminos.
La peste de la guerra se ha desatado y expandido por casi toda la mitad norte de África. Los mercenarios campan a sus anchas por República Centroafricana y la mayoría de los países. La población civil, ya muy agobiada por la lucha diaria por la vida, está exhausta. Los militares chadianos y sudaneses junto a los Mboro etnia que vaga por media África con sus vacas buscando pastos buenos para sus ganados– tienen sometidas a las personas y familias.
Las tensiones entre los Seleka se han recrudecido. Así, el nuevo prefecto de Bangassou, que fue enviado allí a primeros de septiembre por el Gobierno central, vio como nada más aterrizar sus pertenencias fueron revueltas para ver qué llevaban, y fueron más allá cuando intentaron cachear a su pareja, algo que aquel no permitió mandándoles una mirada penetrante, lo que hizo que los rebeldes rectificaran y le dejaran a él mismo hacerlo.
Las ONGs civiles y misioneras han tratado de recuperar la normalidad dentro de lo posible reanudando el curso escolar, la apertura del centro sanitario del Buen Samaritano y la pediatría. Con precaución, han reabierto el hospital general y otras dependencias y servicios. Los que siguen sin aparecer son los camaleones burocráticos destinados a Bangassou, están ocultos entre el pueblo para controlar y espiar. La mayoría de los archivos han sido destrozados o desvalijados, y solo se han salvado algunos del catastro.
Hace dos semanas, en la capital Bangui, las tropas Seleka, enfrentadas con su propio gobierno, llevaron a cabo asaltos y matanzas en dos barrios de la ciudad. El pueblo salió a las calles respondiendo con una cacerolada e invadió la pista central del aeropuerto coincidiendo con el vuelo semanal de Air France. Ello sirvió para que por una vez Francia y todos sus miembros de la Unión Europea pusieran sus ojos en la locura que viene ocurriendo en República Centroafricana desde principios de año.
La Unión Africana y la ONU no quieren que se hable de esta barbarie que está consumiendo al pueblo de este país, y a los de otras naciones de casi toda la mitad norte de África. Todo este cúmulo de estados es un volcán que acabará estallando provocando un magma común de consecuencias impredecibles. El pasado veinticinco de septiembre, una delegación de República Centroafricana fue recibida en la ONU, con el propósito de que un ejército profesional de cascos azules venga a acabar con esta guerra civil y se organicen elecciones. Ya veremos si merece la pena el viaje o todo queda en aguas de borrajas. 
Mientras han llegado al país nuevas ONGs con nombres variopintos con fondos que desconocemos su procedencia y que se gastan el 70% de lo que reciben en salarios, logística, viajes, primas de riesgo y de fin de semana. Algunas de ellas son de signo católico y dependientes de conferencias episcopales –y quien nos habla es un cristiano comprometido con aquella gente y país desde hace quince años–. Como él dice me avergüenzo de ello y de aquellas a quienes les dan sin escrúpulos el 0,7% de la ayuda de los Fondos al Desarrollo o de Naciones Unidas y no miran a qué los destinan.
Les intentamos ayudar los cooperantes y misioneros que llevamos acá años trabajando, que conocemos de primera mano a este pueblo y sus circunstancias y nos hemos ganado su confianza. Pero a este nuevo grupo de ONGs les cuesta la propia vida escucharnos, habla con pena la fuente comboniana. Eso está provocando que como consecuencia del cordón sanitario que han establecido, los más cercanos apenas reciben algunas medicinas que necesitan para superar sus enfermedades. Y a los que están más lejos les caen malditas migajas como algunas medicinas, lonas para los techos quemados y semillas para sembrar en marzo de 2014. Lo trágico es que es muy posible que esas semillas entre el hambre propia y el de los ratones no lleguen a entonces.
Los cooperantes y misioneros antiguos les están dando cobijo a estos nuevos voluntarios en sus misiones y sedes por razones de seguridad. A la voz del cristiano comprometido le duele cuanto sucede a su alrededor, a pesar de que junto al resto del equipo a diario logran dar leche en polvo de Hero a madres y niños, atienden a enfermos mentales acusados injustamente de brujería, rehacen con paja de bambú los techos quemados, o han conseguido que las escuelas hayan funcionado para los exámenes finales. Nos dice que si no les hubieran robado los Seleka los 30 coches, podrían hacer más y mejor.
La penúltima desilusión, que han sufrido, ha sido la anulación de las pruebas de acceso a la universidad en todo el país, después de que el propio gobierno se comprometiera con la comunidad internacional a celebrarlas para dar cierta apariencia de normalidad. Se cometieron tantas ilegalidades el día de la celebración, que a pesar de todo el esfuerzo de estudiantes y profesores durante todo el año para estar preparados los primeros para superarlos, ha quedado por ahora todo en aguas de borrajas. Sin embargo, como dice el lema de la Fundación Bangassou, está prohibido desanimarse. Quien tuvo, retuvo, y antes o después esos jóvenes y docentes verán como las semillas germinan.

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