La crisis del mundo editorial

Aunque mi agenda periodística empieza a tener numerosos reportajes, entrevistas y artículos por escribir que ya están planificados, hoy voy a ser un alto en lo negociado con la dirección del medio para escribir esta reflexión que voy a dedicar al escritor y promotor de la cultura Felipe José Piñeiro. Este leonés, nacido en la coruñesa ciudad de El Ferrol, y omañés de alma, me lanzó la propuesta. Y como mis maestros Ortega y Marías la cogí al vuelo porque la empatía y el feed back con los lectores es de las circunstancias que más nos enriquece como personas, periodistas y literatos.
El hombre puente como le definimos desde el respeto, la admiración y el cariño la periodista hispano argentina Patricia Furlong y un servidor en el programa de ella en Radio Vitoria, un remanso de paz, sugerencias y meditación que cada tarde de fin de semana se emite en Radio Vitoria de ETB. De hecho él hizo posible que gozáramos de un rato de fiaca ella y yo. Como este fin de semana, junto a otros hombres y mujeres ha promovido un sentido homenaje al poeta Luis Miguel Rabanal en León por sus varias décadas de entrega a los versos y a su musa.
¿Qué está pasando en el mundo editorial?, esa es la cuestión. Nada que no sea ajeno al resto de cosmos profesionales. En las tres últimas décadas no se ha hecho una transición sincera, honesta, coherente y ética en el universo de los libros y de las editoriales. Haber casos ejemplares, haylos, pero son minoritarios. Han pesado los intereses de los apellidos de sus accionistas o los de los ejecutivos o cualquier profesional de la casa, que una sana y sensata sucesión de generaciones sin que pesara más que nada el peso de la sangre y del árbol genealógico. Conozco el caso de cerca porque trabajé durante más de seis años en uno de los principales grupos editoriales de España. Su fundador decidió vender el macro emporio que había creado porque la única persona de la familia que podía sucederle no estaba capacitada. Prefirió hacer una espectacular venta de sus acciones que ver caer con el tiempo la entidad editorial que había creado con todos sus profesionales. Ahora bien, con decisiones de ese tipo, ¿se acabaron los problemas?
Pues no, como narré en una escena del capítulo VI de mi novela Volver a amar (la catarsis), el daño que ciertos ejecutivos han hecho a sus empresas al no ser capaces de hacer esas transiciones de una generación a otra ha mermado los cimientos y las capacidades de crecimiento de las editoriales. Y estamos hablando de algunas de las más señeras no solo españolas sino del panorama internacional. Cuando se elige dar el puesto aunque sea de editora técnica a la hija, que años antes había echado pestes de ese mundo profesional; o se da el finiquito a un editor en lugar de al director editorial porque éste empieza a sentir el pánico autocreado porque el más joven le hace sombra sin que aquel pretenda ensombrecer a su jefe–, porque cuesta más el finiquito al Director, pues así le luce al mundo editorial. Error, triple error. Porque solo con los buenos profesionales se sacan los proyectos y las entidades adelante. Y los falsos y ciegos números que hacen los miopes de los Recursos Humanos profundizan en la ceguera.
A corto plazo, un año; a medio, tres; a largo, cinco años, demuestro a quien quiera que es más rentable y sabio despedir a un mediocre ejecutivo y dar la gestión al que demuestra desde su vocación, honestidad y trabajo hecho de manera excelente que tiene la capacidad de gestionar la nave con el resto de compañeros del equipo. ¿Se hace eso en el mundo editorial español o internacional? La respuesta es no, se pueden contar con los dedos de una mano los casos que son así. Y cualquier de los lectores del Rick´s Café podéis comprobar cuántas editoriales hay en España o en el Mundo, se acaban las hojas de papel de un cuaderno para contabilizarlas.
Pero siendo esas algunas de las causas que muestran el estado real de la edición, distribución y ventas de libros, hay otras. Al rebufo de demasiados intereses políticos han nacido muchas editoriales de Chichi nabo, una expresión muy del sur y seguramente de Carabanchel Alto –que me corrija si yerro ese Quevedo del siglo XXI de apellido Garrote y que goza de la luz del Mediterráneo–. Porque aunque mi nariz sea gongorina, admiro a partes iguales a D. Luis y a D. Francisco. Por tanto, no cabe la miope trifulca provinciana propia de los compartimentos estancos. En eso como dijo nuestra apreciada Patricia Furlong también recibí el injerto sobre mi piel y alma de Ortega y Marías, admirar lo digno de alabanza con independencia de dónde y quién venga. Fue algo que aprendí de un hombre cuyo nombre llevo a gala y que ya siendo un bebé me enseñó a mezclarme con hombres y mujeres de cualquier generación, condición, situación social, país o color de piel.
Pues sí amigo Felipe y querida comunidad lectora del Rick´s Café, hay demasiadas editoriales de Chichi nabo que incumplen con sus escritores y lectores. Pretenden vender contratos de edición como si fueran contratos de coedición. Y entre ambos hay una diferencia abismal, tan es así que cualquier juez que coja uno de esos casos se cruje al editor que se cree alguien a las primeras de cambio. Si además, ese listito que responde al pseudo nombre de editor no distribuye la obra ni imprime los ejemplares acordados por contrato, o no reimprime cuando se ha agotado la primera edición tal y como se establece en el acuerdo contractual, o si no realiza labor de promoción comunicativa, por citaros algunos puntos acordados, pues ya sacaréis vosotros las conclusiones oportunas.
Mas también para ir cerrando os lanzo ahí esta disyuntiva, ¿cuál es la responsabilidad que tiene cierta gente lectora comprando y leyendo, regalando, libros que no es que sean de Chichi nabo, sino de lo que sigue? Papel a reciclar para alegría de todos, incluidos árboles y bosques.

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