La inmigración, en clave femenina

Este corto en formato documental, el primero que dirige Daniel Martín Gómez, y otro más de calidad de Digital 104, retrata la inmigración española a Alemania desde la visión de dos mujeres de dos generaciones, Benita y Ana. La primera acaba de cumplir los sesenta y cinco años, y formó parte de aquel numeroso grupo de españoles que arribaron a aquel país tras la Segunda Guerra Mundial y los años sesenta. La segunda, una bella cordobesa que con veintiocho años, una licenciatura en Administración y Dirección de Empresas, una maestría en marketing, y hablando alemán e inglés, ante las injusticias empresariales y laborales en España, ha decidido embarcarse en esa aventura con buena fortuna.
Si Benita soñaba con ahorrar para comprarse un piso en Barcelona a su vuelta, cosa que nunca hizo ya que se sintió a gusto en el país de acogida y conoció a un alemán con quien ha formado una familia; Ana está abierta a cualquier posibilidad que merezca la pena y no va con ideas de futuro predeterminadas. De hecho en el poco tiempo que lleva allí instalada, como cualquier generación hecha de menos a sus familiares y amigos, a los paisajes de su niñez y adolescencia, a los sabores del cocido de casa porque el agua y las verduras son diferentes, pero ha empezado a encontrar su propio camino.
Hay una serie de diferencias entre ambas damas, que todo el equipo que ha intervenido en este corto ha sabido captar: la formación de partida, el dominio de lenguas y la presencia de las nuevas tecnologías a la circunstancia de la inmigración. Éstas acortan las ausencias, permiten vivirlas de otra manera. A través de la videoconferencia, ese otro mundo que está a dos horas y media de vuelo, parece que lo tienes ahí, que lo puedes tocar. Los miedos y los prejuicios que tuvieron que padecer las personas de la generación de Benita se logran superar si esos recursos tecnológicos se usan con inteligencia y sensibilidad.
La estructura y presentación de La silla destaca por su sencillez. Ambas sentadas en dos artísticas sillas de madera en paralelo para contarnos los motivos que les llevaron a abandonar el país de origen. Han pasado casi setenta años del primer gran éxodo español a Alemania y, sin embargo, los vicios del pasado parecen no haberse resuelto porque están provocando que la nueva generación de profesionales cualificados tenga que dejar nuestro país ante la falta de oportunidades, mientas muchos golfos ocupan sillas políticas, sindicales, empresariales y burocráticas. Lo curioso de todo es que Alemania a pesar de ofrecer unas posibilidades que ahora en España cuestan la misma vida, tampoco es jauja ni la panacea. Como en sus Crónicas berlinesas nos contaba el director Daniel Martín Gómez, allí también hay grietas en los techos y estructuras de las infraestructuras, la gente está cansada de Merkel y del partido socialdemócrata, y hay casos de corrupción y economía sumergida.
Suena de fondo los acordes de una guitarra española, esa que habla cuando la tocan unas finas manos. Sus acordes nos recuerdan los gráficos esclarecedores de cómo ha subido la inmigración española a Alemania desde 2008 hasta la fecha. Son datos luminosos. Suena el acento andaluz de Ana. Suena la gaita hecha voz de Benita, que a pesar de llevar cuatro décadas allá sigue con su inconfundible acento gallego. Ambas han aprendido alemán, cada una en función de sus circunstancias. Allá no hay problemas, como entre la mayoría de los españoles de la Península y de los archipiélagos por las absurdas cuestiones regionalistas. Cada uno es de donde es, pero todos tenemos el castellano de lengua vehicular, esa que nos hermana con quinientos millones de personas. Por eso, como en Berlín o en cualquier otra ciudad donde millones de españoles emigraron el siglo pasado, las librerías españolas siguen siendo un referente de aprendizaje de idiomas y de intercambio cultural e interpersonal. ¡Qué sería el mundo sin las buenas librerías!

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