Martina, ... si tuvieras un buen editor


Esa frase, inspirada en el Cantar de Mío Cid, tiene sus porqués; la escritora Sara Pastor Cot y otros sabemos de qué hablamos. Sin embargo, como otros autores, ella y su novela Martina, dama de picas conocerán en otro momento el dulce sabor de la reedición. Ojalá esa posibilidad mexicana termine cuajando, si no es esa, será otra porque el libro merece la pena.
Es de esos textos que se disfruta leyendo, que el lector lo coge con entusiasmo hasta terminarlo. La historia principal entre sus protagonistas, Lola y Martina, da a la reflexión. Sacude la relación lésbica entre dos mujeres que hasta ese momento de sus vidas han sido heterosexuales. Martina ha enviudado y en las aguas del Mediterráneo ibicenco se produce el encuentro. Lola, actriz que vive un momento de turbulencias profesional y sentimental, cree haber encontrado en aquella mujer su musa. Sin embargo, la ruleta del amor cuando se juega sin tomar una distancia sana y prudencial, acaba quemando. Martina es la niña caprichosa que casi ha llegado a la edad de ser abuela y, sin embargo, no ha abandonado su modus operandi de vivir de un lujo heredado. Lola es la mujer que ha aprendido de sus mayores lo que cuesta abrirse paso en la vida, sobre todo cuando siendo una adolescente se ha dado cuenta de que la pasión por el baile, el canto y la interpretación que había sentido desde niña, es su camino.
La prosa de Sara es intensa, sencilla, pega el pellizco. Escrita en primera persona, las reflexiones de Lola consigo misma ayudan a comprender el mundo interior que viaja entre el cielo y el infierno terrenal en función de cómo esté la relación entre ellas dos. Va uno avanzando en la lectura y va encontrando respuestas que ayudan a entender las trayectorias que cada una va tomando o renunciando. Lola se siente unida a su mundo familiar, aquel que ha dejado en su San Pol natal, y que se expande a lo largo de la provincia de Barcelona a través de sus padres, hermanos, abuelas y sobrinos. Es su refugio cada vez que le vienen mal dadas.
Allí entre los paisajes y su gente encuentra su terapia. La naturaleza, otro de los asuntos transversales tratados en Martina, dama de picas. Ella ayuda a sanarnos, desde la belleza de las aguas del Mediterráneo hasta los campos y montañas del Camino de Santiago.
La estructura de la novela es el relato corto, algo difícil de lograr y que Sara Pastor logra con inteligencia y sensibilidad. Lo iba leyendo y me recordaba a la destreza que también ha logrado Fausto Antonio Ramírez recurriendo a esa técnica. Van al cogollo de las relaciones humanas que se tejen entre sus personajes, y aunque las ciudades y los pueblos estén de fondo, no adquieren el peso del coprotagonismo. Es muy posible que en esa decisión literaria haya pesado la larga y brillante carrera de Sara como actriz en musicales, ópera y televisión. Digamos que su tendencia a los directos, a las tablas, le ha hecho tomar ese sendero.
Y en los múltiples caminos que aparecen en la novela, vemos pasar delante de nosotros a personajes masculinos que cada uno tiene su influencia en la personalidad de Lola. Aquel abuelo adicto a las tragaperras y que tanto daño causó a su yaya e hijos. Surge así la pregunta, ¿qué hay de esa atracción de ella hacia Martina que en parte pretenda superar esa dolencia familiar?
Como contrarréplica a aquel, está Don Juan, el sexagenario empresario de la construcción que sale a la salvación de Lola como si fuera un segundo padre. Y aparece así otro de los grandes asuntos de Martina, dama de picas, la tertulia y la comida como circunstancias para conocerse las personas. El debate sincero entorno a la mesa permite que ellas se conozcan, intercambien vivencias y confraternicen.
Y entre medias, Carlo, uno de esos tantos amores frustrados de Lola. Ese amante con mujer e hijos, ese como otros con quien no podrá vivir esa otra razón vital que es ser madre. Una vivencia que en ella está muy presente y que goza cada vez que puede con sus sobrinos o con aquella niña de la fuente.
        Ahora que voy acabando, queridos lectores del Rick´s Café, de hablaros de Sara Pastor Cot y su Martina, dama de picas, lanzo un par de cuestiones a quien quiera planteárselas. Esos diez minutos diarios que con tanta insistencia Ortega reclamaba a sus estudiantes y a sus conciudadanos que le escucharon por cierto, pocos, a pesar de haber sido muy leído–.
¿Cuánto daño han hecho y hacen las costumbres enquistadas como el juego, el tabaco y las drogas, el alcohol, sin medida, en varias generaciones? Es una lacra que parece no terminar. Como muestra esta novela no es cuestión de un solo género ni de edades, desde hace tiempo afecta a hombres y mujeres de distintas generaciones. Soluciones hay, ¿están dispuestos a asumirlas?

Comentarios

  1. Me has deleitado con la descripción de un libro que no conozco, pero que sin duda voy a buscar la forma de conocer.
    Con respecto a tu pregunta, estas lacras que mencionas nunca terminaran, lamento ser pesimista y lapidaria, pero hay demasiados intereses monetarios y que parten de muy altas esferas como para que puedan erradicarse definitivamente. Si me preguntas cual es para mi la solución para estos problemas te respondo: la educación, solamente el conocimiento y un proyecto de futuro pueden sacarnos de este terrible problema, pero es algo que veo muy, muy lejano, no interesa, no conviene. Aun así pienso que no debemos bajar los brazos y seguir batallando. Un saludo.

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  2. Coincido contigo Mirta en que la educación es la clave para solventar esas actitudes y comportamientos enquistados. Feliz fin de semana para vosotros.

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  3. Una vez más querido Manuel, chapoteo entre tus frases y descripciones precisas y cuidadas que tanto me emocionan.

    Un abrazo, y GRACIAS.

    Sigo con este tu libro "VOLVER A AMAR" y esta palabra que tanto me gusta (La Catarsis)

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  4. Me alegro Sara de que estés disfrutando de la novela. Alguien como tú que conoces también Sevilla o Madrid tiene un valor especial que valores esos detalles. Reafirma la posibilidad de llevarla algún día al cine, y quien sabe si la vida nos da la oportunidad de que tú encarnes a uno de sus personajes, aquel que más te guste. Yo también he gozado con Martina, dama de picas. Feliz lunes.

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