Más Impro. K.O. y menos paracetamol

Eso pensaba este cronista ayer mientras disfrutaba junto al público asistente viendo la actuación teatral cómica de este trío, que lleva tiempo rodando este espectáculo que dirigen Andrés Blanco, Falín Moreno, José Manuel Poga, Fran Machado y Jordi Minguella con sapiencia, y al que por circunstancias de la vida de los artistas, puede cambiar de compañeros de reparto, pero la obra sigue funcionando. Síntoma de que sabe hacer equipo, seleccionar a buenos actores y de que hay dónde escoger.
Queridos lectores del Rick´s Café es más sano recuperarse de una gripe con una buena sesión de humor que tomando tres pastillas del analgésico al día. Más aún cuando siete de cada diez espectadores, que acudieron a esta sesión tragicómica en La Carpa en Sevilla, eran mujeres. En detalles como ese se refleja que la revolución silenciosa y pacífica corresponde a ellas, a las que con sensibilidad, talento y métodos alternativos practican otro modus vivendi. Atrás quedaron para ellas los tiempos de discotecas, donde por cierto es difícil conocer a alguien interesante con tantos decibelios. Mejor la barra del bar del teatro, la propia fila de sillas y la interactuación con los actores, quienes por cierto no dejaron de hacerlo con el público durante la hora y media de actuación. Estaban también coordinados con el empresario de La Carpa que hasta el tiempo de descanso entre cada uno de los dos pases duró lo suficiente para tomarse una cerveza, fumar un cigarro o estrechar lazos entre los asistentes. El ambigú, como llamaban al bar en el siglo pasado, hizo buena caja anoche, lo cual está muy bien para torear a la innombrable.  
No acudieron los 20.0000 espectadores que demandaba Blanco en una de las micro representaciones, pero sí todos los que acudieron se lo pasaron en grande, como José Antonio Carretero que se hizo los cien kilómetros que separan Huelva de Sevilla para ver el show. Por cierto, que como de costas va el asunto, igual algún día se puede montar Impro. K.O. en las arenas de los Caños de Meca y entonces sí acuden los 20.000 y seguro que el autoestopista que encarna Blanco tanto en la versión parlanchina como en la muda, llega a ese paraíso costero. Con ese detalle se completa el ciclo que nos cuenta este trío capaz de escenificar diferentes pasajes y micro historias a partir de músicas y estilos distintos de puesta en escena. Todos ellos unidos por su vocación teatral, el humor y el homenaje a clásicos como Chaplin y Keaton, a quienes dedican un rap. Hay en ese matiz una clara y justa reivindicación a la profesión de payaso, clown, artista, o como bien queramos llamarla. La realidad es que son personas que se dejan la piel por vivir haciendo de la actuación y la conexión con la concurrencia su filosofía de vida. Y nunca fue fácil, pero ellos ponen cuanto son y tienen por hacerlo posible.
Por eso en este tiempo en que demasiada gente se acomodó a ser pasiva de la telebasura, o de las máquinas –empezando por la esclavitud del móvil hasta cuando quedan para tomar unos vinos–, toca adherirse a esa revolución silenciosa y pacífica de los espectáculos y de las actividades culturales que merecen la pena. Será entonces cuando los lunes no se hagan insoportables ni para el que tiene que ir a trabajar, ni para el que lo vive al Sol, ni tampoco para ese adolescente pillo que no quiere ir al instituto. Será entonces cuando la guardia civil esté para algo más que poner multas para asegurarse el buen sueldo a fin de mes y engordar el aparato burocrático. Será entonces cuando el arte cool estúpido de cuadros de boina gris dejará de ser fuente de especulación y la gente empezará a tener el corazón en calma porque sabe distinguir el gato de la liebre. Aunque hay a quien le va la marcha por aquello de la vanidad. Será entonces cuando se vivirá sin recurrir tanto al paracetamol o a la sal de frutas, y más al esperpento.

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