Pina, arte en movimiento

Esta película de Win Wenders, que me ha recomendado la actriz, bailarina y escritora Sara Pastor, es un canto a la sensualidad, a un lenguaje universal como es el corporal, la danza. Y a través de cada microhistoria que nos relata el equipo de rodaje a través de las magistrales coreografías en solitario, a dúo, o en coro, lanzarnos una mirada precisa y profunda acerca de la persona, las relaciones interpersonales y colectivas. Pina es una y es todas. Es una mujer de cualquier tiempo, que lucha desde los tiempos pretéritos por superar las injusticias y abusos con los que ha tenido que lidiar.
En un arriesgado trabajo de guionistas y coreógrafos, rematado de manera sublime por los bailarines, nos lanza una serie de mensajes eternos: Pina aparece primero con rasgos indoeuropeos. Más adelante su personaje lo encarna una mujer mulata. Y llega un momento de la historia en que se ha transformado en asiática. ¿Qué implica esa transformación étnica y fisiológica de ella? La búsqueda de un ser y de unas circunstancias universales. Pina puede ser cualquier dama de cualquier punto del planeta. Y en el juego de saltos históricos que nos presenta el equipo cinematográfico y los intérpretes, con una selección musical sabia, vamos viendo los diferentes dilemas a los que se ha tenido que enfrentar el género femenino a lo largo de los tiempos. En cada una de esas fases temporales también apreciamos cómo cambia y evoluciona el papel del hombre desde la ira y el dominio del primero hasta el estado de sublimación de aquel con quien comparte su vida.
En ese sentido, hay un claro guiño a poner en tela de juicio la educación sentimental que han desarrollado los seres humanos y los pueblos a lo largo de la historia. El miedo está presente, ese estado emocional que acaba angustiando a quien lo sufre y percibe. Se produce así un efecto dominó que afecta a todas las personas con quienes Pina se relaciona. El pánico se expande. Sin embargo, en la transformación destaca cómo ese nuevo hombre se rebela contra el peso del pasado cultural en el trato a las mujeres, y ella misma un ser de una fuerza y personalidad que arrebata, seduce y contagia a los demás acaba venciendo a las dificultades enquistadas. Pina es una heroína, un ser que lidera desde su ejemplo y compromiso una revolución pacífica. Un giro copernicano que viene de la mano de la sensibilidad, el genio y la capacidad para unir voluntades mediante el baile. La danza es el motor del cambio, la razón vital que la impulsa a la conquista de sus sueños personales, interpersonales y colectivos.
Pina nos habla y se comunica con sus compañeros con su dominio corporal. Se insinúa, se requiebra, salta, se contornea, se encara, se libera, bailando. A cada música, ya sea un ritmo instrumental étnico con toques atávicos, ya sea un jazz del siglo veinte, ya sea una bosanova, ya sea un bolero, ya sea el flamenco, Pina transmite elegancia, erotismo, fuerza, carácter y pasión. En cada una de esas músicas y coreografías hay claros guiños a los musicales clásicos.
 Pina contagia a los demás, se ha convertido en la protagonista del grupo, y como toda sabia lo hace con sencillez, transparencia y bondad. Escuchar hablar a sus compañeros es sentir la admiración que le profesan. ¡Qué distinto serían las relaciones humanas y el mundo si todos y cada uno de nosotros profesáramos esa filosofía de vida!, en lugar de los maniqueísmos, la envidia y el cainismo. He ahí posiblemente el último gran mensaje que nos regala Pina antes de …
Si lo queréis saber, aquí queridos lectores del Rick´s Café podéis disfrutarla:
http://www.peliculas4.com/ver-pina-2011-online-13-3697.html

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