Qué esconden los grandes eventos

El pueblo español tiene que alegrarse del no a los Juegos Olímpicos de Madrid en 2020. Argumentaré mi rechazo a su celebración por una serie de motivos, que se pueden o no compartir, pero que argumentaré con información de este país y en lo que se han convertido los grandes eventos a nivel internacional desde la segunda mitad del siglo XX.
En primer lugar, como ha quedado demostrado tanto en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 como en la Expo de Sevilla, muchos depredadores de la política, las finanzas, las empresas, la administración usurera y el sindicalismo corrosivo se sirvieron de esos acontecimientos para hacer caja. Y dejaron las migajas para el pueblo que se quedó fascinado por los puestos de trabajo habidos durante el proceso de construcción de las infraestructuras y complejos y a lo largo de la celebración de los mismos, la pompa de las celebraciones en sí, y esa propaganda que fueron la incorporación de España o de otros países –recordemos lo que se ha vendido de China o Brasil– al panorama internacional.
Haciendo memoria, que es la mejor manera de reconstruir el pasado y de vislumbrar el presente, recordemos que tras ambos fastos del 92, España entró en un periodo de recesión económica que duró tres años. Ese hecho demostraba bien a las claras que se montó ambos eventos desde los poderes fácticos nacionales e internacionales con la única intención de lucrarse ellos. En aquel periodo se producen otros hechos que socavan la economía nacional y el prestigio de los partidos políticos y de los sindicatos. Estalla el caso Banesto por la dirección fraudulenta que Mario Conde y sus aliados aplicaron en el banco. ¿Qué ha pasado desde finales de los noventa en las cajas de ahorro de este país o en otroras bancos de prestigio a nivel mundial? Fueron dirigidos por tunantes y corruptos de cuello blanco que diseñaron y ejecutaron la crisis financiera.
Tiene lugar el famoso caso de las viviendas de la PSV promovida por UGT. Y la reiteración de las huelgas generales que tuvieron que sufrir los últimos gobiernos de González –rosacracia[1]– y el segundo de Aznar –avecracia[2]–. He aquí dos términos que propongo para el DRAE, y que ya tengo acuñado en mi novela de próxima publicación Los misterios del Pozo Santo. Vemos como pasados los años, otra vez la UGT, se ve envuelta en casos de fraude de fondos públicos y de estafa con hondas consecuencias por los ERE en Andalucía. Otro caso manifiesto de cómo funciona el dedismo en este país y en otros es cómo se produjo la sucesión de Pastrana por Fernández la pasada primavera. Lo que se dice caciquismo sindical, versión siglo veintiuno aunque de orígenes decimonónicos. ¿Les interesa de verdad a sus sindicados formar parte de una institución que desde hace años como otras dan claras muestras de despotismo? Las únicas respuestas que a uno se le ocurren de la aceptación de ese modus vivendi es participar de él o aceptar la propaganda que le venden desde dentro o sus medios afines, en lugar de la clarividencia de los hechos. Se han convertido en autómatas, lo que el cine de ficción tanto se ha afanado en mostrar.
Entre los años ochenta y principios de los noventa se produce la gran reconversión del sector metalúrgico en España y en otros países de nuestro entorno. Son célebres por ejemplo las películas de Kean Loach Lloviendo piedras, de Peter Cattaneo The Full Monthy, de Stephen Daldry Billy Elliot o de Fernando León Los lunes al sol, retratando aquel fenómeno. Se da la paradoja de que en aquellos años en que se producen esos grandes procesos de reconversión se están preparando esos eventos internacionales y todas las infraestructuras requieren del trabajo del sector. Sin embargo, los gobiernos nacionales y la Unión Europea optan por desnacionalizar los yacimientos y las fábricas, y venderlas a empresas privadas del país o internacionales, que luego se llevan la producción a naciones donde la mano de obra trabaja en condiciones injustas y calamitosas en una clara vulneración de los derechos humanos.
Ya estamos viendo las implicaciones del caso Noos relacionado también con obras y acontecimientos turísticos y empresariales de proyección internacional. Es otra pieza del puzzle que os estoy construyendo. Durante las semanas previas a la decisión del COI sobre la ciudad elegida para los Juegos Olímpicos de 2020, desde el gobierno, las instituciones afines y los medios de propaganda al servicio de la causa se inflamó la posibilidad de que Madrid fuera elegida.
¿Por qué ha sido elegida Tokio, que celebrará sus segundos juegos olímpicos? Varias son las causas que llevaron al COI a tomar esa decisión. Y tras ellas se esconden motivos de avaricia económica, despotismo, usura e intereses cruzados. Las instituciones financieras niponas se han convertido en la primera fuente de inyección de liquidez en el mercado de divisas a nivel mundial. Eso explica el viaje del pasado verano a España del emperador Akihito. Eso avala que Japón, que ha vivido casi dos décadas de crecimientos económicos muy débiles dentro de una economía desarrollada según los parámetros del siglo XX, esté dispuesto a invertir las millonadas necesarias para montar unos Juegos Olímpicos. Dada la afición del pueblo japonés a los atunes, ¿qué grandes túnidos se esconden detrás de esas operaciones financieras con el propósito firme de comerse su parte de la tarta olímpica? Antes o después les pondremos rostros, nombres y apellidos.
Eso demuestra en lo que se ha convertido el COI desde hace varias décadas, una administración privada de una minoría dispuesta a vivir en el lujo desproporcionado de manera permanente, donde los principios que enumeró el Barón Coubertin para recuperar las celebraciones deportivas de proyección mundial han quedado relegados a un rincón. La superación, el juego limpio, la deportividad, han sucumbido a favor de la puñalada trapera –votos comprados–, el dopaje y la falta de escrúpulos. Y mientras deportistas y profesionales dedicados al mundo del deporte teniendo que pasar a diario dificultades para sacar sus vidas adelante, salvo los ya conocidos millonarios que participan del espectáculo del Pan y Circo.


[1] Rosacracia: periodo de gobierno a nivel nacional, regional y local del PSOE en el que el despotismo y la actuación caciquil han sido las notas dominantes de su práctica.

[2] Avecracia: periodo de gobierno a nivel nacional, regional y local del PP en el que ha practicado el despotismo y el caciquismo. 

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