Sentirse un clásico

Hace unos cuarenta días, recibí un correo de la doctoranda Silvana Belén Teglia, periodista argentina. El motivo de aquel hacerme una entrevista para su tesis doctoral por mi trabajo como cronista, escritor y articulista en el Rick´s Café. Gracias a la difusión del mismo a través de las redes sociales, había llegado a conocer el blog y le había despertado su interés para tenerlo como objeto de estudio entre otras publicaciones digitales. La alegría al leer su escrito, como podéis imaginar, me inundó. Siendo sincero, os comento que ya desde que en 1993 comencé mis estudios de Periodismo y mis primeras colaboraciones en diferentes medios de comunicación, tuve que claro que tenía que trabajar duro para que mi labor informativa mereciera la pena. Y que pasado el tiempo cualquier persona pudiera recuperar esas publicaciones y le ayudaran a entender aquel tiempo y aquellas personas e instituciones sobre las que se daba noticias.
Recuerdo en tercero de carrera una tarde ya concluida la jornada universitaria, que me dirigí a la cafetería del edificio en que estaba nuestra Facultad para compartir un rato con los amigos. Entre ellos, las inteligentes y encantadoras técnicas de selección de personal, Mar Calzadilla y Elena Chavarri. Venía pensando en las clases que pronto iba a impartir sobre la Edad de Plata de la Cultura Española dentro de la asignatura de Historia de España Contemporánea. Tuvimos el lujo de que nuestro profesor fuera Bienvenido Gazapo. Ha sido una de las mejores experiencias que he tenido hasta la fecha en el campo profesional: poder dar esa parte del temario a mis propios compañeros de promoción a partir de una investigación propia.
A la salida de una de las últimas clases se dirigió a mí un colega de estudios y me dijo: Manuel nos ha encantado tus clases, nos hemos enterado. La alegría me llegó al alma. Había cumplido con la propuesta que el maestro Gazapo me había lanzado. Pues aquella tarde, pensando en esa vivencia, de pronto al cruzar el dintel de la cafetería tuve el pensamiento ¡qué difícil y apasionante es la vida de los clásicos! Los tenía muy frescos no solo por aquel estudio sino por mis lecturas y escritos desde los dos primeros cursos. Eran ellos junto a mis maestros de la Facultad y mis amigos de clase o de otras carreras –era el nuestro un grupo inquieto que se metía en todos los asuntos de la universidad y si no los había los montaba– quienes estaban contribuyendo a mi crecimiento como persona y periodista. Había aceptado el reto que había elegido con libertad y al que tanto me ayudó mi familia con su generoso y leal esfuerzo.
Otro de aquellos momentos fue uno de los últimos días de la carrera, a principios de junio de 1998. Tras un examen de Derecho a la información, bajé con los amigos a los estudios de radio televisión. Allí me encontré con que un compañero que llevaba un tiempo viniendo poco a clase tenía una copia de otra copia de mis apuntes de esa materia. Ante aquella anécdota, Pepa, profesora de RTV y que era periodista en Telemadrid me dijo: Manuel fírmame esos apuntes, un día valdrán mucho dinero. Me ruborizó escuchar a aquella mujer que había pasado con los años de ser una maestra a una amiga de nosotros, con muchos años de experiencia en la profesión, fumadora de Ducados y a quien le gusta el buen ron lo que hacía aún más grave su voz de heroína del cine negro.
El tercer momento, vividas todas las tensiones que ya desde aquellos años noventa he ido asumiendo, fue hace poco más de un año cuando fui a presentar mi novela Volver a amar (la catarsis) a la librería ecijana Rincón Lector La Galatea. Cuando paséis por Écija no dejéis de visitar a las maravillosas Lola y Marián y sus familias. El comentario del Dr. Francisco Martínez acerca del texto y de mi persona me hizo sentir que estaba recorriendo el sendero. Ahora como dijo el maestro Cervantes, toca seguir, es más hermoso el camino que la posada. 

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