Shine, o cómo vencer las circunstancias

Esta película que he vuelto a ver, narra la vida del genial pianista australiano de origen judío David Helfgott. Se trata de todo un clásico, uno de esos films que pude descubrir en las salas independientes Alphaville o Renoir del Madrid de los años noventa, acompañado de mis buenos amigos; o de una bella, inteligente, sensible e irónica gallega con quien solía transitar con pasión desde el barrio de Moncloa a Plaza de España, deteniendo el tiempo al ritmo del amor.
Han pasado los años, y seguimos metidos con el sano veneno de la literatura, el periodismo y escribiendo reseñas del cine que merece la pena. Eso es lo que se dice ser fiel a uno mismo. Como el pianista David Helfgott quien desde su niñez descubrió su vocación hacia la música y ese instrumento. De la mano de su padre, un ortodoxo rabino que está a punto de acabar con la brillante carrera de su vástago como consecuencia de su manera ultra de vivir. La presión que volcará sobre su hijo, propia de una visión de la existencia militar y huidiza, lleva a aquel a rebelarse y a entrar en una profunda depresión de corte neurótica. Sin embargo, David se curará con la música y con el amor que le brindan sus hermanas y aquellas personas que nunca se olvidaron de la felicidad que él les dio escuchándole tocar.
Es el sentimiento amoroso el que hace posible que una mujer, una antigua amiga, le recupere como hombre y concertista. Aquel niño que se atrevía a interpretar las partituras casi imposibles de Rachmaninoff, y que siendo un adolescente se marchó del hogar familiar para disfrutar de una beca musical en el Royal Music de Londres. Esa experiencia, después de haber tenido que renunciar unos años antes a otra estancia becada en los Estados Unidos por la negativa de su padre a dejarle marchar, marcará su trayectoria. Su padre no le perdonará su viaje. Se trata de una especie de Avito Carrascal, aquel hombre de la novela Amor y pedagogía de Unamuno que se obstinó en tener un hijo científico aplicando unos métodos absurdos. El cabeza de familia de los Helfgott es una recreación real del personaje unamuniano pero llevado a la vida real y aún superado por su actitud autoritaria e histriónica. Años después cuando lee las crónicas de los periódicos que recogen los reconocimientos de su hijo, su dureza emocional impedirán que le coja el teléfono. Miserable su actitud hasta el final, muy propia de todos aquellos que viven obsesionados con el éxito y con la sujeción a unas normas que ellos impongan. Sin embargo, la actitud de David hacia él es ejemplar, propia de una persona sabia a pesar de las injusticias que tuve que padecer.
No fue el único de la familia que tuvo que sufrirlas, desde su propia madre a sus hermanas también padecieron la tosquedad y la locura de aquel, pero de una u otra forma cada una de ellas lograron superarlo, sobre todo, en el caso de las hijas. En esos detalles de la cinta se muestra las diferentes educaciones que se les daba a un género u otro, a pesar, por un lado, de haberse formado todos ellos en la música desde su niñez. Y, por otro, que estamos hablando de un país como Australia en el que se supone que las diferencias de oportunidades entre hombres y mujeres en aquella época comenzaban a superarse. La película refleja con claridad que aún había muchos matices para hacer realidad ese hecho.
Otro de los detalles significativos, que se pone en constancia desde el inicio de Shine, es que ningún pueblo está libre de la estupidez. Uno de los clientes del bar en el que David va a parar perdido desde la residencia donde vive, se mofa de él tanto el día que le conoce como tiempo después cuando David se arranca a tocar estando el restaurante lleno. Delante del piano se transformará y dará una lección a aquel tipo y a toda sociedad prejuiciosa.
Si queréis disfrutar de esta maravilla, aquí tenéis el enlace. Si estáis enamorados gozaréis aún más de la misma, si no, igual os animáis a volver a amar al comprobar las propiedades sanadoras del amor.
http://cinefox.tv/ver919/shine_online.html

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