Mantequilla y pan de buena calidad

Es lo que nos ofrece el escritor y editor David Cotos con su novela El amor es como un pan con mantequilla. Nos narra en clave de fábula dialogada la relación que se va tejiendo entre Daniel, profesor de Historia, y Sofía, una estudiante de Periodismo. Ella es una mujer de gran madurez emocional. Él pese a haber entrado en la treintena se muestra inmaduro. Daniel recurre a la superstición para hallar el camino de la seguridad vital que anhela y no encuentra. De ahí su perseverancia por seguir los pasos de un lagarto que lleva una piedra mágica en el cuello, y que si él lo caza y se la quita, obtendrá como recompensa el amor de su amada.
A partir de ahí, el literato nacido en Perú comienza a ahondar en una serie de temas y circunstancias con lucidez. Crítica con argumentos la cultura sentimental que se ha vendido a través de las telenovelas por su dramatismo, generando una educación emocional errónea entre todas aquellas personas que se han dejado atrapar por esa manera de vivir las relaciones. Responsabilidad de ellas por otra parte. Vemos que se trata de una realidad global porque esos paquetes de telenovelas se han vendido desde los años ochenta a nivel mundial, lo que ha generado entre sus telespectadores una visión única sobre el amor, una perspectiva viciada y equivocada.
Prosigue Cotos con su análisis de nuestro tiempo, denunciando la tendencia de la gente hoy por la mentira en lugar de la verdad. Las prisas, la falsa cultura de ser guay, inciden en esa actitud y en ese comportamiento tan extendido. No se da tiempo a que el amor o la amistad cuajen al fuego lento que exigen, a que la ilusión vaya brotando con espontaneidad y se consolide a través de los diálogos y el intercambio mutuo. Pero también el materialismo y la posición social están influyendo en que hombres y mujeres vayan con máscaras por la vida. Un ejemplo es el personaje de Carla.
A lo largo de esta novela corta que por su estructura puede ser llevada al teatro, apreciamos como las trayectorias vitales de los personajes aparecen con nitidez a los ojos del lector. El pasado, el presente y el futuro están ahí, y en las decisiones que cada uno tome está definiendo y eligiendo cómo quiere vivir, qué camino pretende seguir. En un juego escénico, construido a partir de situar a los dos actores principales, Sofía y Daniel, en las aceras de enfrente de la misma calle, se plasma con claridad lo dicho.
Ahora bien, como David Cotos analiza a través de ellos, para que esos senderos se puedan vivir con libertad y plenitud es imprescindible superar las corazas de quienes han vivido un amor traumático anterior. Si no es así, no habrá el encuentro espontáneo que se ha de dar entre los amantes. Los miedos pretéritos impedirán la apertura al amor. Por eso resultan tan significativas las palabras de Sofía dirigidas a Daniel: -tú no necesitas un talismán para que yo te quiera.
Una relación sentimental que merece la pena es sinónimo de felicidad, y ésta genera amor y paz interior en la pareja. Cuando se crea y se mantiene, el pan con mantequilla sabe delicioso.

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