Póker con magia en el Festival de Guitarra

Cambió el escenario como va cambiando a lo largo de cada jornada del Festival, pero continuó la magia de los concertistas, fruto de su talento, sensibilidad, vocación y compromiso. Funcionó el trío De la Puebla, Guzmán y Seco, al que se sumó el cantaor Allende que se marcó el cante de una sublime malagueña. En el patio principal de la Casa de la Provincia, donde se escuchó el silencio roto por las tres guitarras hablando, por el quejío profundo de la voz del cantaor, por el repique de las campanas de la Giralda, el público que abarrotaba el auditorio vivió una noche para el recuerdo. Hombres y mujeres de tres generaciones gozaron de los tres guitarristas y sus guitarras españolas, cada una con sus particularidades. La clásica de color marrón del chileno De la Puebla, la naranja asalmonada flamenca de Guzmán, y la híbrida con quien tanto está disfrutando al toque Seco. Todo un acierto la incorporación de Allende al espectáculo, quien había estado con Guzmán en la tarde del domingo preparando el montaje de la malagueña. Esos ratos de soledad en los que los artistas trabajan duro soñando con que esa pieza prenda en quienes les escuchan y se produzca el pellizco. Es lo que sueña a diario todo creador auténtico de cualquier disciplina, el que compone, el que pinta o el que escribe.
Muchos instantes de empatía se dieron anoche durante el concierto, se escuchaba los olé de una mujer gitana profunda conocedora de este arte con la universal guitarra española. Pero también esas personas llegadas también de otros países como unos alemanes que se marcharon entusiasmados del espectáculo.
Arrancó Marcelo De la Puebla rindiendo un sentido homenaje a la figura del polifacético Víctor Jara, todo un símbolo de la resistencia chilena frente a la dictadura de Pinochet. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Qué tiempos estos en los que tantos pueblos del mundo reclamamos una democracia que merezca la pena! Lo hizo De la Puebla con la Suite nº 1 de Juan Antonio Sánchez, una pieza que combina toques suaves iniciales para continuar con una transición de silencios que desembocan en ritmos intensos. Continuó con Calle mojada todo un guiño a la célebre canción Te recuerdo Amanda; la Cometa y En tus manos abiertas. A quien esto escribe este trío de partituras me resultó de gran emoción, ya que podíamos sentir y ver a las personas de las barriadas pobres de Santiago o al anarquista asesinado. Sería una magnífica banda sonora de un documental que recreara esas historias. Imaginaros la cámara desde la distancia mostrándonos a esa gente y esos barrios. Los cambios con acordes secos y los toques sobre la guitarra, me evocaron al cuadro de Velázquez La vieja friendo huevos. Para rematar las partituras con una parte en la que se palpa la melancolía con ritmos altos, bajos, la transición entre ellos y acabar con unos acordes mestizos. Esos que evocó en la última obra que tocó, y que era todo un recuerdo a la Gran Campana del Cuzco y a las historias que la rodean. Son ritmos peruanos propios de los viajes y que terminan con los sonidos propios de los trompos de colores que los niños hacen silbar.
Y de Chile y el Perú, a la España flamenca de los siglos XIX, XX y XXI de la mano de Óscar Guzmán. Su guitarra trajo los quejíos, los paisajes de las serranías. Sin necesidad de presentar la primera obra que interpretó, los asistentes nos metimos en esos ambientes. A la bella y elegante Carmen le trasladaba a los patios cordobeses con flores en mayo. A quien os escribe a las bodegas de Sanlúcar de Barrameda o el Puerto de Santa María, y a los barrios gitanos de Jerez de la Frontera. Esos lugares en los que el cante y la guitarra se vuelven Plegaria, partitura con la que prosiguió para enlazarla con otra obra suya La calle del recuerdo, composiciones que nos metieron en esos escenarios en los que una bailaora se convierte en la musa del guitarrista y cantaor moviéndose con duende en el escenario. Pudimos palpar los contrastes de emociones. Antes de que Allende saltara a las tablas para vivir la malagueña con la que cerró Guzmán su concierto, éste interpretó una solea.
De la melodía de De la Puebla, de la concentración de Guzmán, de la voz gitana de Allende –quien a pesar de su juventud sonaba su timbre ronco y profundo al de los cantaores antiguos–, pasamos a la expresividad de Seco. Tras comenzar con una mirada de una canción popular que se encuentra en su último disco, encadenó con su elegante y sugerente Retrato de la noche, con el que sentimos los silencios de la madrugada. Remató su actuación con el Vals que se acaba convirtiendo en Arenas, en un ejercicio de auto copyright como él recordó con su ironía, y con su particular homenaje a Camarón y su universal La niña de la Bamba.
Queridos lectores del Rick´s Café, os emplazamos este miércoles para seguir viviendo la música alrededor de la guitarra española en el Ateneo de Sevilla a partir de las ocho y media de la tarde. Intervendrán María Esther Guzmán –seguramente la gran dama de guitarra española–, el estadounidense Ian Scionti y Óscar Guzmán.

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