Política y fútbol, mentiras comunes

Hace años, en 1997, un compañero periodista de la sección de Deportes, me pidió que fuera uno de los entrevistados en un reportaje que él estaba haciendo acerca del arbitraje en el fútbol español y su incidencia en los resultados de los partidos y de la liga a favor de los denominados equipos grandes. Recuerdo la reflexión que le hice como si fuera ayer. Le comenté una obviedad porque ahí está la documentación para atestiguarlo: durante el régimen de Franco hubo un club muy beneficiado por encima del resto, el Real Madrid. Un dictador, un club.  
Llegó la transición democrática y a partir de los años noventa el Barcelona se convirtió en la entidad que presumía de un nuevo estilo de juego y títulos a raíz del injerto futbolístico de la escuela holandesa de los años setenta que implantaron Rinus Michels y el Ajax, y su discípulo aventajado primero sobre el campo y luego en el banquillo, Cruyff.
Se me viene a la memoria tras concluir un programa radiofónico que hacíamos en la universidad, que puse la radio tras la derrota del equipo culé frente al Milán en la final de la Copa de Europa en Atenas. El fin de semana anterior se había proclamado campeón de Liga a costa del Deportivo de la Coruña de Arsenio Iglesias como entrenador y Lendoiro de presidente. El bruxo de Arteixo –como se le conocía a Arsenioestaba aún dolido por cómo se les había escapado el alirón liguero y enfatizó en las ayudas arbitrales que el Barcelona había recibido en momentos puntuales del campeonato. Algo cierto.
Ha pasado el tiempo, y los acontecimientos de los últimos años demuestran que la bipolaridad futbolística en España está tan consolidada como el bipartidismo político. Una partitocracia de dos, un duopolio balompédico. PP-PSOE es equivalente a la fórmula Real Madrid-FC Barcelona. Los desiguales repartos de los derechos televisivos, el tratamiento propagandístico en medios públicos y privados que se les da a esas dos entidades en detrimento del resto de clubes, las ventajas crediticias que ciertas entidades bancarias les ofrecen, y el entramado burocrático que han tejido alrededor de la LFP, del Colegio de Árbitros y los Comités de Competición no hacen sino refrendar el símil político futbolístico. Guardiola y Del Bosque siendo entrenadores de ambas entidades, siempre como deportistas honestos que son, han reconocido que esos clubes no podían quejarse de los árbitros. ¿Se puede decir más claro?
En las dos últimas semanas hemos vuelto a comprobar la mafia que rodea al mundo del balompié y al arbitraje en España. El Sevilla F.C. fue claramente perjudicado por el trencilla Muñiz Álvarez en su partido contra el Barcelona en el Nou Camp. El resultado final 3-2 para los baulgranas cuando dos de esos tres goles vinieron precedidos de faltas claras de jugadores culés que no fueron sancionadas por Muñiz, y para más inri el tercer gol también se produjo cuando el tiempo de descuento había pasado. Ilegalidad e injusticia sobre otra ilegalidad. Además al Sevilla le fue anulado un gol legal. El resultado que tenía que haber subido al acta arbitral tendría que haber sido 1-3, pero Muñiz con sus decisiones manipuló el mismo.
Pero como la mafia no se detiene ahí, el Real Madrid a través de sus resortes instituciones y propagandísticos puso su máquina a funcionar y a hablar de amaño a favor de su gran rival. En lugar de ser sancionado Muñiz Álvarez sin arbitrar por su torticera actuación en Barcelona, el Comité Arbitral que preside el oscuro de Sánchez Arminio le obsequió con el arbitraje del Elche – Real Madrid dos jornadas después.
¿Qué pasó? Que Muñiz Álvarez como acostumbra a lo largo de su carrera arbitral la volvió a armar y sancionó un falso penalti a favor de los merengues que les permitió ganar el partido en la última jugada. De esta manera, Muñiz Álvarez regalaba puntos al Madrid como había hecho con el Barcelona.
En la España de los ochenta y hasta hoy, las fuerzas políticas que han accedido a los cargos decisivos del poder legislativo local, regional, nacional y europeo, PP-PSOE, con los apoyos puntuales de los partidos regionalistas (PNV, CC, CIU, PA), de IU y el de ciertas formaciones extremas (ERC y BNG), lo han hecho beneficiándose de la oligarquía institucional, financiera, burocrática, propagandística y electoral establecida. Ahora bien, el pueblo español como el resto de pueblos del mundo también tiene que continuar profundizando en los por qué mayoritariamente dio sus apoyos a esos dos colosos partidos y a los lacayos regionales que han negociado a la espalda de los intereses de la ciudadanía.
Los cambios necesarios son posibles, vosotros tenéis en vuestras decisiones cotidianas la vía de hacerlos reales. No solo se trata de a quién destinéis vuestros votos, que también, es más profundo, se trata de actuar de manera diferente cada mañana en vuestras circunstancias personales, interpersonales y generacionales. Cuando cambiemos la forma de convivir, podremos cambiar todo aquello que no nos gusta por absurdo e injusto. ¿Estáis dispuestos a contribuir a ello?

Comentarios

  1. Querido Manu: has tocado un tema que me da.......como decirlo? Asco? El fútbol, hoy por hoy en cualquier lugar del mundo es una inmoralidad. Me asusta ver las compres millonarias de jugadores, mientras los pueblos del mundo, la gente de a pie, pasa verdaderas necesidades. Y más me preocupa aún, que muchos de ellos vayan a ver estos partidos dando de comer a cuerpos del circo romano del deporte. Mientras se pagan sueldos de miedo a los jugadores, nuestros científicos se van del país. Mientras los clubes tienen ganancias lael pueblo sufre recortes en salud y educación. Después sigo porque se me han revuelto las tripas

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  2. Querido Patricia, me alegra leer tus palabras porque sé que en Argentina como en España el fútbol se vive con demasiada pasión y mucho seguimiento. Como bien señalas es una locura y una injusticia ver cómo los científicos y artistas de cualquier disciplina se marchan de este u otro país porque no se les da la oportunidad de vivir dignamente. Parte del pueblo como señalas tiene también que reflexionar sobre su contribución al espectáculo de intereses creados en que se ha convertido el balompié. Un abrazo.

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